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Prats, Xescu

Temporada a cualquier precio

El presidente de la Asociación de Bares y Restaurantes de Ibiza (ABRE), Juan Olmos, verbalizó la semana pasada, a través de las páginas de Diario de Ibiza, lo que algunos pequeños empresarios llevan semanas expresando en petit comité: cuál es el verdadero motivo por el que el Govern balear aplica en Ibiza unas restricciones tan desproporcionadas con el sector de la hostelería, pese a no estar sustentadas por ningún estudio científico y resultar contradictorias con la política de fases desarrollada por la propia Administración autonómica.

Dicho portavoz manifestó, literalmente, que estas medidas no responden a intereses sanitarios, sino a los de los grandes grupos empresariales del archipiélago, que presionan al Govern balear para garantizar que las islas registren una incidencia mínima de contagios en el momento en que se anuncie la apertura de la temporada.

Hasta ahora, las restricciones habían tenido un objetivo prioritario: evitar la saturación de los servicios médicos para garantizar que todos los enfermos puedan ser atendidos. Según esta tesis, una vez que han entrado en liza los intereses de cara a la próxima temporada, la meta habría cambiado y, pese a que la saturación en los hospitales ha caído en picado, ahora prima la estrategia exigida por las principales empresas turísticas. Lo grave e inquietante es que dicha presión se realizaría a costa de los pequeños establecimientos de hostelería que abren todo el año y dan servicio a los residentes.

De momento, ni grandes compañías ni Govern han desmentido estas graves acusaciones; y quien calla, otorga. Cuando la consellera balear de Presidencia, el pasado miércoles, anunció que Ibiza pasaba al nivel de alerta 2 pero que en la hostelería se mantendrían las mismas restricciones, la isla tenía una incidencia acumulada a 14 días de 29 casos por 100.000 habitantes. Según el semáforo de Covid-19 implantado por el propio Govern balear, con esta cifra la isla debería de estar en nivel de alerta 1 (25 a 50 casos), rozando el nivel 0 (hasta 25). El toque de queda comenzaría a las 00 horas y hasta se permitiría la hostelería en interiores, con 10 personas máximo por mesa, y 15 en los exteriores. Y aunque el uso de la barra estaría prohibido a partir de las 22 horas, el cierre tendría lugar a medianoche.

El propio semáforo de restricciones implantado por el Govern hace tan solo unos meses ha dejado de valer bajo la premisa del “por si acaso”, sin que haya un dato que lo sustente. Bares y restaurantes siguen teniendo que concluir su jornada a las 17 horas, impidiéndoseles servir cenas, y a los ibicencos se les recortan más libertades de las correspondientes. La consellera, Mercedes Garrido, justificó esta incompresible decisión bajo el argumento de que “cada vez que ha habido una mayor apertura de la restauración, ha habido un mayor nivel de contagios”.

La realidad, sin embargo, es que resulta imposible que el Govern balear disponga de cifras que corroboren dicha teoría, pues cuando se incrementó la incidencia tras las Navidades tan abierta estaba la hostelería como los domicilios familiares, en los que se celebraron todo tipo de reuniones. Nadie sabe a ciencia cierta, con datos en la mano, qué provocó dicho incremento. Es más, si tan dañinos son los bares, aunque sea solo con las terrazas abiertas, ¿por qué no se han incrementado los contagios de forma significativa ahora que han estado operativos hasta las 17 horas?

El Govern sigue perseverando machaconamente en este absurdo de que el virus descansa por las mañanas y se activa a media tarde. Desde la perspectiva del espectador ignorante, que ya no sabe a qué atenerse ni a quién creer incluso cuando se ciñe a lo estrictamente científico, se puede entender que se evite la apertura de interiores en la hostelería, ya que la falta de ventilación sí parece un elemento clave en los contagios. Sin embargo, si las terrazas son seguras por la mañana, deberían serlo igual por las tardes y ofrecerse al sector un mayor margen de maniobra para trabajar.

Si es cierto que los grandes empresarios han presionado y están dispuestos a sacrificar a los pequeños hosteleros para garantizarse su cuenta de resultados, únicamente podríamos concluir que su egoísmo y egocentrismo no tienen límites y que el Govern balear únicamente ejerce de marioneta. Sin embargo, si no es así, la única forma de evitar la propagación de la rumorología es actuar con coherencia, lógica y sin contradecirse a uno mismo. La actitud del Govern con respecto a Ibiza estas últimas semanas, muy al contrario, atenta contra la más elemental inteligencia. Sorprende también que las instituciones de la isla no reclamen con más contundencia que se impongan el sentido común y el interés general.

@xescuprats

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