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Miguel Ángel González

Desde la Marina

Miguel Ángel González

Un tesoro sale a la luz

Preso en Barcelona por la endemoniada pandemia, no he podido ver ‘Un món de fantasia’, la exposición de juguetes antiguos que en Sa Nostra Sala se ha cerrado con más de tres mil visitantes.

Las administraciones tendrían que estar muy atentas al éxito que ha tenido la muestra, nada extraño cuando, como decía Pessoa, “no hay imperio ni tampoco ideal que justifique que alguien rompa una muñeca o un tren de juguete”. Recuerdo la visita que hace algunos años hice al Museo de Juguetes de Figueres que arrancó de una colección asimismo particular. Hoy es el Museu del Joguet de Catalunya que tan elogiado ha sido, entre otros, por el mismísimo Dalí, Manuel Vázquez Montalbán y el poeta Joan Brossa.

Me pregunto -y es a lo que voy- cuál será el destino final de la extraordinaria colección que don Félix Martínez Torres ha conseguido reunir, más de 3.000 piezas que van desde mediados del siglo XVIII a la primera mitad del siglo pasado, adquiridas con paciencia y tenaz empeño en anticuarios y subastas de nuestro país y del extranjero. Quiero pensar que la conselleria de Cultura ha tomado buena nota del lujo que supone disponer en la isla de la colección de juguetes antiguos que sin duda es si no la más importante- una de las mejores que existen en nuestro país.

Me hago la pregunta, por supuesto, con el mayor respeto hacia el señor Martínez Torres, a quien no conozco, y al que sólo puedo felicitar por su meritoria pasión por preservar ese maravilloso mundo de la infancia que todos llevamos dentro.

Juguetes de lata, de trapo, de cartón y de papel, que han sobrevivido a nuestros tatarabuelos, bisabuelos, abuelos y padres. En ellos están las huellas y vivencias de varias generaciones. Juguetes que despiertan recuerdos y también ternura. Como salidos de una excavación. Como preciosa arqueología de la infancia. A la busca proustiana de un tiempo perdido, estos maravillosos juguetes nos recuperan ese patrimonio individual y colectivo que para todos es la infancia. Un material precioso que sigue intacto en el disco duro de nuestra memoria.

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