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Carles Sans

Tribuna

Carles Sans

Covid Madrid-Barcelona

«Es raro que los que viven con aparente despreocupación no paguen las consecuencias de una manera más escandalosa»

Ya hace varias semanas que vemos en los medios cómo Madrid sigue viviendo con esto del covid en una realidad paralela a la del resto de España. En Catalunya o Baleares, por ejemplo, se sigue hasta hace muy pocos días con las normas de prevención exigidas por el Govern de cada autonomía, y sin embargo en Madrid la gente hace una vida extrovertida y bullanguera. Madrid ha sido siempre una ciudad que le gusta estar en la calle. La vida social está por encima de la media, y si la comparamos con la de Barcelona aquello es un despiporre frente a la existencia soseras y algo deprimida en la que nosotros vivimos.

Hace unos días un amigo madrileño me explicaba desternillándose que sigue viéndose con sus amistades como si nada pasara. Lástima, me decía, que por la noche las cenas no pueden alargarse todo lo que nos gustaría, pero los bares y restaurantes están a reventar de clientes. Un actor catalán que ha llegado a Barcelona, después de estar varias semanas actuando en Madrid, me comentaba cómo los teatros de allí se ocupan hasta el 75% a diferencia de los de Barcelona cuyo aforo es solamente del 50%. Este mismo actor me decía con asombro que cada noche, al salir del teatro, tenía muchas dificultades en encontrar mesa para cenar después de la función. Todas las terrazas estaban hasta los topes. «Te dejo, que he quedado para cenar con unos amigos», me decía el otro día otro madrileño con quien hablaba por el móvil. Le pregunté: «¿Os veis gente de burbujas diferentes?». «Sí, claro», me respondió. «Hemos pasado el virus casi todos, y además nos tomamos las cañas fuera. No pasa nada». Luego uno mira la incidencia del covid en una región y en otra, y sí, Madrid está con respecto a Catalunya ligeramente por delante en casos y muertes, cerca de 2.000 más, que no es poco, pero es de extrañar que la diferencia sea esa y no mayor teniendo en cuenta que una comunidad se esfuerza por cumplir, y la otra va a su aire. Esto se ve con extrañeza desde Catalunya. Es raro que los que viven con aparente despreocupación no paguen las consecuencias de una manera más, digamos, numéricamente escandalosa. Aunque, si lo pensamos bien, 2.000 personas más o menos es muchísimo.

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