Opinión | Tribuna

Frenemos la política de bloques

La realidad política de España ha sufrido una transformación radical en la última década. Hemos pasado de un bipartidismo imperfecto, con una gobernabilidad dependiente en muchos casos de formaciones nacionalistas, a un multipartidismo cada vez más polarizado, cada vez más alejado del centro.

Un sistema multipartidista suele condenar al diálogo y al entendimiento a los diferentes actores políticos para conseguir tener una mínima gobernabilidad, pero nos encontramos en una tesitura en la que los bloques de izquierda y derecha están cada vez más enrocados. Algo que debería ser positivo se ha convertido en todo lo contrario.

Despiertan también fantasmas del pasado, de etapas ya superadas. Lejos de aprender de la historia, formaciones que se autodefinen como comunistas o anticapitalistas pasan a ser clave para poder gobernar. Y a esto se suma también la extrema derecha populista, que se abre paso por todo Occidente sin ser nuestro país una excepción. Esta clase de movimientos políticos se sirven de la desesperación de gran parte de la ciudadanía y vemos cómo ofreciendo venganza disfrazada de justicia van ganando más y más fuerza.

Dista mucho el escenario político español del año 2021 de lo que fue una transición democrática donde se impuso la moderación y dista mucho también de lo que hay en otros tantos países occidentales donde la cultura política del diálogo sí está arraigada y perfectamente implantada.

En muchos sitios de nuestro país ya se ha vuelto a ese frentismo, a esa falsa dicotomía del conmigo o contra mí de los rojos y azules (o verdes y morados). Partidos supuestamente moderados, o cercanos al centro, venden lemas simplistas que pretenden ofrecer soluciones fáciles a problemas extremadamente complejos, el marketing y el afán por hacer ruido y conseguir titulares imperan y degradan lentamente la política. Ahora incluso se llega a mercadear de nuevo con voluntades políticas, resurgen los tamayazos y vemos cómo el pacto antitransfuguismo queda en papel mojado. Y comprobamos también casi a diario cómo lo que piden partidos que en algunos sitios están en la oposición, lo niegan en otros donde gobiernan, siendo un claro ejemplo las comisiones de investigación para esclarecer los casos de altos cargos vinculados al partido del gobierno autonómico de turno que presuntamente se han saltado el protocolo de vacunación establecido.

La realidad es que actualmente ese centro moderado y reformista que tanto necesita la política española está representado únicamente por nuestro partido, por Ciudadanos. Un partido que ha cometido multitud de errores, pero que también ha tenido muchos aciertos. Errores que, por cierto, se han reconocido, algo sobre lo que también podrían aprender los demás partidos. Ciudadanos es actualmente la única garantía para frenar esa política frentista, esa política de bloques enquistados y generadores de crispación que, estudiando un poco de historia, ya sabemos qué nos puede traer. Somos la única garantía de que los partidos políticos extremistas, a izquierda y derecha, no formen parte de un gobierno.

Las próximas elecciones las tendremos en la Comunidad de Madrid, pero la decisión que ahí se deberá tomar el 4M la tendrán que tomar todos los españoles en el resto de España tarde o temprano. Podemos elegir y la elección está en ver qué camino seguir. Yo elijo el centro, el diálogo, la moderación, el liberalismo moderno y progresista, el rigor y el trabajo. Yo elijo Ciudadanos.

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