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Marta Torres

La comida nueva de la emperatriz balear

La presidenta está desnuda. Y nadie, y no será por asesores, se lo dice. O se lo han dicho, pero la soberbia le nubla la vista a la emperatriz de las islas, que está convencida de que todo lo ha hecho bien. Y no. No puede decir que era una reunión de trabajo cuando en su agenda ponía claramente «dinar privat». No puede excusarse en que la ingesta está permitida en los lugares de trabajo porque, excepto que Vila haya contratado más cargos de confianza, quienes comían no era compañeros de trabajo. Además, no hace mucho el Fernando Simón balear aconsejó a quienes se llevan el tupper al curro que comieran prácticamente con la única compañía de sus pensamientos. No puedes condenar a la gente a no ver a los suyos y reunirte con personas de nueve núcleos familiares. Es de una tiranía absoluta prohibir a la restauración abrir los interiores mientras tú comes a resguardo del frío y el viento en el salón de plenos del Ayuntamiento. Es de juzgado de guardia (y de tomar a los ciudadanos por idiotas) que el alcalde no sepa quién pagará la comida de primero, segundo y postre. Generoso concepto tiene el primer edil de un «tentempié». Con lo fácil que hubiera sido reunirse y tomarse luego un piscolabis. Pero no. La presidenta está desnuda. Lo vemos todos, menos ella, su soberbia y los suyos.

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