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Prats, Xescu

La burocracia extingue las lagartijas

Asisto con tristeza y cierta indignación a un debate en las redes sociales suscitado a raíz de la publicación de un estudio científico que disecciona la expansión de las serpientes por la isla y cómo su avance se traduce en la extinción de la lagartija autóctona a idéntica velocidad. La conclusión más preocupante de este trabajo es que, si no se produce un cambio drástico en el control de la plaga, Ibiza y los islotes que la circundan perderán toda la población de lagartijas en el año 2030.

Este informe, que ha realizado un equipo multidisciplinar de las universidades de Valencia, Michigan, Granada y Tetuán, con la participación de la que fuera técnico de Medio Ambiente del Consell Insular, Elba Montes, revela datos tan preocupantes como que las culebras de herradura, que hace dos décadas no existían en Ibiza, ya ocupan el 50% del territorio insular y se propagarán a su totalidad en 2027 ó 2028. En 2010, las serpientes solo habitaban 1.000 hectáreas de la isla y en 2018 ya se habían expandido a más de 28.000.

Como en Ibiza no existen depredadores que controlen este crecimiento exponencial de la población de culebras, para exterminarlas o como mínimo frenar su avance, existen dos vías: colocar una gran cantidad de trampas y prohibir o vigilar la importación de olivos ornamentales, que en realidad nos sobran por completo, así como de balas de paja y otras especies vegetales donde los ofidios se camuflan para hibernar. Al despertar, se encuentran en un paraíso donde no existe ningún otro ser vivo que las amenace y una dieta abundante basada en lagartijas y ratones, entre otros.

La colocación de trampas funciona, pues todos los años cientos de ejemplares quedan atrapados en ellas. Sin embargo, su cantidad es absolutamente insuficiente y además habría que buscar nuevas fórmulas de capturarlas. El mapa de la expansión de las culebras de herradura por la isla en solo ocho años permite concluir que los cebos que se instalan actualmente son como gotas de agua en el océano.

El debate al que me refería al principio, sin embargo, oscilaba en torno a la segunda cuestión; es decir, impedir o vigilar de forma eficaz que no vuelvan a entrar serpientes en especies vegetales importadas. La falta de avances en esta cuestión provocaba airadas críticas, hasta que un ecologista expuso de forma didáctica la raíz del problema. Para prohibir el desembarco de olivos o establecer un servicio de inspección que comporta un gasto, es imprescindible declarar primero a las culebras como especie invasora. El problema es que esta especie está protegida en la península y los criterios ecológicos están unificados para todo el territorio nacional. Y solo tiene competencias para alterar esta calificación el Ministerio de Medio Ambiente, actualmente llamado de Transición Ecológica.

Desde el Consell Insular d’Ibiza, en su momento, se remitieron informes al Govern balear detallando el avance de las serpientes y el daño que causan entre la población de la lagartija autóctona. Éste, a su vez, los remitió al Ministerio de Medio Ambiente solicitando el control de especies vegetales susceptibles de alojar serpientes. Desde entonces, y ya ha pasado el equivalente a una legislatura, no se ha avanzado un ápice.

Estamos, por tanto, ante un enredo burocrático de esos que se enquistan y no se desembrollan hasta que el problema ya no tiene remedio. Cuando ya no quede una sola lagartija y los campos y bosques de Ibiza estén infestados de serpientes, entonces Medio Ambiente declarará a la culebra especie invasora.

Y mientras la tragedia va camino de perpetuarse, ¿ya está? ¿Lo dejamos así? ¿Nos lavamos las manos porque ahora la pelota está en el tejado del Ministerio de Transición Ecológica, donde los problemas insulares, a tenor de los avances, representan un cero a la izquierda?

Tenemos un Govern balear lo suficientemente expeditivo como para exterminar a tiros a las cabras de es Vedrà con el objetivo de proteger a la flora autóctona, pero que no se molesta en presionar mínimamente a Madrid para salvar a las lagartijas, que tienen un valor inconmensurable y además constituyen un icono de la isla. Y qué decir de todos estos políticos ibicencos y baleares que ocupan un escaño en el Congreso o el Senado, supuestamente para representarnos. ¿Alguien ha presentado una moción, ha pedido una reunión con la ministra o ha manifestado la menor queja al respecto?

Que todo lo que hemos sido capaces de llevar a cabo en una década para impedir el exterminio de las lagartijas sea colocar unas pocas trampas, constituye un dramático ejemplo de la incapacidad, indolencia y falta de ideas de nuestras administraciones. En realidad, a las lagartijas, tanto como las serpientes, las está exterminando la burocracia.

@xescuprats

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