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Juan José Millás

Mi vida es absurda

Que la jefatura del Estado, entre nosotros, sea hereditaria resulta tan lógico (o tan ilógico) como que lo fuera la cartera de Interior. Y quien dice el ministerio del Interior dice la Dirección General del Libro o la subsecretaría de Hacienda. Todo es cuestión de que nos pongamos de acuerdo o de que se ponga de acuerdo la mayoría. Incluso la hija de mi psicoanalista, en el caso de que la tenga, podría heredar su diván, de modo que, si ella muriera, yo siguiera atendido por su descendencia. Hay cosas que se heredan y cosas que no. La corona se hereda; la presidencia del Gobierno, no. Algunos arguyen que el rey no manda, lo que podría parecernos más incoherente todavía. ¿Tiene sentido que la primera autoridad de un país posea menos poder que la segunda?

Tales circunstancias se dan porque lo hemos decidido entre todos o entre casi todos. Lo que acuerda la mayoría no siempre es lo más saludable, pero es lo más democrático. Por otra parte, tales acuerdos, los de la mayoría, observados desde la curiosidad antropológica, resultan con frecuencia estimulantes. Le pregunto a mi psicoanalista a quién piensa dejar su diván.

- ¿Cómo que a quién pienso dejárselo? -dice.

-En el testamento -señalo-, ¿a quién se lo dejará?

Se trata de un diván carísimo, de piel, un diván noble, con la base de castaño u otra madera de las que impresionan. Mi padre tenía un gran respeto por los muebles de castaño y por la piel. Mi psicoanalista permanece en silencio. Tal vez ni siquiera haya hecho testamento, es más joven que yo y estos asuntos se dejan para el final.

-Por qué me pregunta eso? -dice al fin.

Le explico que yo no heredé nada de mis padres, lo que me parece injusto cuando pienso que hay quien hereda de los suyos toda una jefatura de Estado.

-Una jefatura de Estado -añado- puede justificar una existencia. A la mía, en cambio, no logro encontrarle sentido, dirección, significado. Mi vida me parece absurda.

-Quizá lo sea -afirma ella arriesgando por fin una opinión. No lo había hecho en veinte años de terapia.

-Gracias -balbuceo.

-Es la hora -concluye ella levantándose.

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