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Miguel Ángel González

Desde la Marina

Miguel Ángel González

El bienio negro

Esto dura ya demasiado. Tenemos motivos para estar desconcertados, hartos y cabreados. El pasado marzo vimos que venían mal dadas, pero nos pareció una marejada de meses. Luego ha sido un temporal. Y un naufragio para muchos. Vapuleados por las oleadas, estamos con los motores parados y al pairo. A verlas venir. Y no queda otra que mantenernos a flote. Cada cual como pueda. Ahora nos dicen que la inmunización colectiva no la tendremos hasta el próximo otoño. Si es así, ¡adiós Semana Santa y adiós verano! Recordaremos estos años como el Bienio Negro. ¡Y que no sea trienio! Luego habrá que ver a qué ritmo y en qué medida recuperamos el turismo perdido. 

Me pregunto si servirá para algo haberle visto las orejas al lobo. Supongo que no, que seguiremos con el monocultivo vacacional. En cualquier caso, hemos visto su fragilidad. Y que lo impensable, sucede. Hoy es la pandemia, mañana puede ser la competencia dormida de Túnez, Egipto, Croacia, Turquía o Marruecos. El turismo es volátil y los destinos turísticos envejecen. Urge reinventarse. Urge encontrar aportes productivos complementarios. 

Nuestro músculo es y será el turismo, por supuesto, pero ¿no hay vida más allá del turismo? Recuerdo Can Ventosa y la fábrica de alcoholes de la avenida de España. ¿Por qué no ahora? Ahí está el sector agropecuario que capea sin problemas la marejada. Tenemos viñas rentables y buenos vinos, vuelve a rendir la algarroba y volvemos a plantar almendros y olivos. ¿Por qué no insistimos en ello? Las cooperativas pueden rentabilizar el minifundismo. Y cambiando de tercio, me mosquea que los italianos vendan al mundo algo tan simple como la pizza y nosotros no sepamos vender nuestros extraordinarios higos, nuestras increíbles sandías, nuestras cocas de verdura, sobrasadas, magdalenas, greixoneres y flaones. No podemos tener 34.312 demandantes de empleo.

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