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Miguel Ángel González

Desde la Marina

Miguel Ángel González

De aquella pesadilla

Imaginemos que hoy es el 22 de febrero de 2067. Es un día de invierno desapacible, usted está en casa ordenando viejos papeles y le viene a las manos un ejemplar del Diario de Ibiza de hace ya algunos años. Es del 29 de enero de 2021. En sus páginas se habla con alarma de una pandemia, de un virus con nombre alienígena, covid-19. Todo el planeta está en estado de alarma y los países decretan estrictos confinamientos. La vida ha quedado al ralentí y las calles de las ciudades están desiertas. Se contabilizan millones de enfermos y muertos. Sólo en EE.UU. el virus se ha llevado por delante a más de 500.000 personas. Se ha empezado a vacunar a la población, pero se tardará más de un año en conseguir la inmunidad de rebaño. Sigue leyendo y el título de un pequeño texto le llama la atención: ‘De aquella pesadilla’. Lo firma un tal González y usted piensa «amb aquest llinatge, aquest home no devia ser eivissenc. Ja deu fer malves!».

Y esto es lo que escribió el tal González: «Estamos desconcertados, cansados, atemorizados. Esto dura ya demasiado y empeora. Ibiza y Formentera están cerradas a cal y canto. No se puede entrar ni salir de la isla sin un salvoconducto que lo justifique. En el hospital de Can Misses la situación es crítica. Faltan médicos y enfermeras. El personal triplica los turnos de trabajo. Se ha ofrecido personal sanitario desde las islas mayores. Trescientos profesionales del hospital ibicenco están enfermos o en cuarentena y crecen las colas en los servicios de urgencias. El virus ha mutado y las nuevas cepas son más contagiosas y agresivas. Nadie sabe cómo acabará esto porque ya vamos por la tercera oleada. La más mínima relajación provoca una nueva avalancha de afectados. Nadie sabe qué puede pasar a medio y largo plazo. Todo son preguntas. No se sabe si el virus seguirá mutando, si conseguiremos controlarlo, qué efectividad tendrán las vacunas, si tendremos que utilizar las mascarillas sine die. No sabemos nada de nada». Usted, en el 2067, sí sabe cómo acabó la cosa, pero el lector que tuvo en sus manos aquel Diario del 29 de enero de 2021 tenía motivos para su desánimo y desconcierto. Sólo esperaba que pudieran vacunarle. Y que le acompañara la suerte.

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