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«Simone Biles ha hecho visible lo invisible»

La renuncia de la estadounidense a luchar por las medallas en los Juegos de Tokio abre el debate sobre la presión que sufren los deportistas y el trascendental papel que tienen hoy en día los psicólogos - Gimnastas, técnicos y profesionales de la salud mental mallorquines analizan la valentía mostrada por la campeona olímpica y los posibles motivos que le han conducido a este extremo

Simone Biles concentrada ante uno de sus concursos.

Simone Biles concentrada ante uno de sus concursos.

Simone Biles se marchó del tapiz después de dar un salto errático en la final por equipos de los Juegos que muchos atribuyeron a una lesión física. La realidad era otra. La gimnasta estadounidense explicó a través de un discurso demoledor que sufría problemas de otra índole.

«Tras mi actuación, no quería seguir. Tengo que centrarme en mi salud mental», sentenció Biles. Con valentía, se sinceró y sacó a la luz un tema tabú. ¿Cómo ha llegado hasta ese punto? ¿Qué explicación tiene que una gimnasta que lo ganó todo hace cinco años se venga ahora abajo? DIARIO de MALLORCA ha hablado con deportistas, técnicos y psicólogos deportivos de la isla para analizar la situación que ha vivido Simone Biles y cómo ha podido llegar hasta un punto que nadie imaginaba.

«Personalmente creo que su decisión ha sorprendido a todo el mundo, pero Simone es humana y tiene el mismo derecho que todos a fallar, retirarse o hacer lo que ella considere mejor para su salud», analiza la gimnasta Cintia Rodríguez, quien debido a una lesión en su rodilla tuvo que renunciar a su participación en Tokio: «Me sorprendió el primer día que la vi, no estaba tan fina, pero aun así quedó primera en el clasificatorio. Ya en la jornada de competición por equipos su cara no era la de siempre, parecía que no disfrutaba. Que luego fallara ese salto, que para ella es facilísimo, fue muy raro. Cuando tomó la decisión de retirarse lo hizo de la manera más noble posible. Ella misma creía que no podía aportar y decidió quitarse de en medio».

Al contrario que en Río, donde sorprendió al mundo con sus exhibiciones, Biles llegó a la cita japonesa como una estrella reconocida de la que todo el mundo esperaba algo. «Todos los deportistas a veces sienten algo de presión, pero en este caso estamos hablando de que ella tenía al mundo entero sobre sus hombros y hasta el momento lo había gestionado demasiado bien. La creíamos capaz de todo, pero nadie se había parado a pensar cómo se sentía, qué pasaba por su cabeza o en qué está pensando», subraya la del Xelska.

La exgimnasta Elena Gómez entiende la drástica decisión tomada por Biles. «La verdad es que no me ha sorprendido e incluso me alegro de que haya sido tan valiente de tomar una decisión como esta, con la presión tan bestial que debía sentir. Ella veía que no iba a ser capaz porque no estaba en su mejor momento y ha preferido dar un paso atrás antes que lesionarse. Hay que tener en cuenta que Simone hace unos ejercicios con una dificultad tremenda y si física o psicológicamente no estás bien, cualquier fallo puede conducir a una lesión irreversible o incluso a la muerte, y no estoy exagerando», valora la que fuera primera española campeona del mundo en gimnasia, título que obtuvo en 2002. Atenas acogió la participación de la mallorquina en unos Juegos. Fue octava en la final individual y quinta por equipos. «En mi época ya sentía presión, pero nada comparable con lo que se puede sentir ahora con las redes sociales. La familia, los entrenadores, tus compañeras, el público… Todo influía. Recuerdo que al ir a los Juegos tenía que optar a medalla porque sí, cuando quizás no era ni mi objetivo. La prensa titulaba: ‘Elena peleará por una medalla’ y yo leía eso, con la edad que tenía, cuando aún es difícil gestionar las emociones, y sentía un peso que era difícil de controlar», recuerda la manacorina. Millones de ojos apuntaban en los Juegos de Tokio hacia Simone Biles. Analizaban cada gesto, cada paso y cada instante de la estadounidense. La gimnasia, que hasta el momento la había practicado para disfrutar, empezó a ejecutarla para no defraudar. Muchos se han permitido opinar sobre los motivos que han podido conducir a la norteamericana a renunciar a los Juegos y hay quien señala al cuerpo técnico de Estados Unidos como máximo responsable, algo que ha irritado especialmente a Pedro Mir, entrenador de Cintia, padre de Nicolau Mir y técnico del Club Xelska.

«Estoy leyendo críticas sobre la metodología de trabajo del equipo estadounidense, cuando quizás existe un problema de fondo que nosotros no conocemos. Todo el mundo habla y opina sin conocer las verdaderas causas y creo que el término de cuidar la salud mental no se está usando realmente como toca», reivindica el técnico del Centre de Tecnificació. «Es evidente que en una preparación de alto nivel hay que tener en cuenta todos los factores. No se trata de cuidar la salud mental, porque tampoco se cuida la salud física de un gimnasta. Es obvio que para competir es necesario estar bien física y mentalmente, así que no se puede hablar de cuidar la salud, eso se da por hecho. La preparación de alto nivel de lo que se encarga es de preparar todos los aspectos: el físico, el psicológico, el técnico, el táctico y el fisiológico. Los talentos deportivos hoy en día ya no van a ninguna parte solos», valora.

En el club que Pedro Mir regenta en el Coll d’En Rabassa llevan más de 30 años trabajando con psicólogos deportivos: «Creo que hubo un momento en el que esa figura se consideró importante dentro del ‘staff ‘ técnico de los equipos, pero muchos no le dieron la importancia suficiente. Diría incluso que se puso como para rellenar el expediente. Pero hoy en día ya ha conseguido obtener la relevancia que verdaderamente tiene».

«Yo estoy súper agradecida al papel que tiene mi psicólogo en mi preparación. Creo que hasta hace no tanto era un tema tabú, pero a día de hoy todo el mundo necesita de su apoyo y más si eres un deportista de elite. Lo que ha hecho Biles es hacer visible lo que es invisible», reconoce Cintia. «Mientras estuve en el CAR de Madrid se trabajaba con esa figura, pero se hacía desde un punto de vista del rendimiento. Por suerte, cada vez son más los deportistas de alto nivel que hablan de salud mental, de sus emociones, sus fobias, sus miedos o del estrés… De no verte capaz de salir y competir en un pabellón lleno de gente o de cualquier otro sentimiento», relata por su parte Elena.

En la rueda de prensa posterior a su huida del tapiz, Biles dejó una reflexión muy interesante. «Ya no confío tanto en mí misma. Tal vez sea por hacerme mayor. Hubo un par de días que sentí el peso del mundo encima. No somos solo atletas. Somos personas al fin y al cabo y a veces hay que dar un paso atrás», explicó.

Esta reflexión sirvió a Yolanda Cuevas, psicóloga de la salud y el deporte, a escribir un mensaje de agradecimiento por la valentía mostrada por Simone Biles: «Gracias por dar ejemplo, por decir hasta aquí, por parar para poder continuar y por rendirte para luego seguir. Gracias por priorizarte, cuidarte y por dar luz a la salud mental. Gracias por tantas lecciones».

Cuevas aplaude las palabras de la joven sobre la importancia de cuidarse por encima de competir: «Aún se piensa que siendo deportista de elite ni se siente ni se padece, pero hay que tener muy en cuenta que las lesiones no siempre son físicas, también las hay emocionales y estas hay que trabajarlas y prevenirlas», señala.

«Es muy importante que los deportistas trabajen en su monólogo interior. Hay que aprender a relacionarse con los pensamientos de una forma que no te secuestren. La base de creencias como el no valgo o no soy suficientemente bueno para esto, acaban autolimitando al deportista, pero también hay que tener en cuenta el pasado de cada uno. En el caso concreto de Simone Biles hay que recordar que vivió historias traumáticas, sus padres eran drogadictos, fue criada por sus abuelos y encontró en el deporte su única salvación. Si esa parte se desmorona, es difícil agarrarse a otra cosa», analiza Cuevas.

Muchos deportistas son superdotados en la gestión emocional, pero cada vez son más los que se abren en canal para contar episodios traumáticos o reconocer depresiones. La tenista japonesa Naomi Osaka sufrió ese problema. También lo hicieron en su día la tenista Paula Badosa o el jugador de baloncesto mallorquín Álex Abrines. No son muchos los que se atreven. La razón, afirma el también psicólogo deportivo Alexandre García, es el miedo a mostrar debilidad.

«Nos sorprendería saber la cantidad de deportistas que sienten una presión difícil de controlar por el simple hecho de competir. Antiguamente decir que ibas al psicólogo o al psiquiatra era un tema totalmente tabú, sin embargo, hoy en día se está normalizando. Que aparezcan ahora estos testimonios es una grandísima noticia, pero que se pongan en manos de profesionales es todavía mejor», resalta Alexandre sobre el valeroso paso que ha dado la estadounidense confesando sus problemas.

«Por su historial, es una persona que podía tener traumas y que, por lo tanto, una situación como estos Juegos, tan atípicos y complicados, ha podido destapar en ella algo que ya existía. Ponerse a tiro en las redes sociales tampoco ayuda. Biles ha estado durante sus últimos años muy sobreexpuesta. Si tú muestras tu corazón abierto al mundo, día sí y día también, al final te arriesgas a ser mucho más vulnerable. Las redes sociales son inhumanas», zanja García.

Un caso más en el exigente mundo del deporte de elite

El caso Biles se suma a otros de depresiones en el mundo del deporte y que, en algunos casos, han finalizado en muerte, incluso por dificultades de adaptación a la vida civil una vez concluida su exitosa trayectoria deportiva:

Ian Thorpe.- El nadador australiano, con cinco oros olímpicos y 11 mundialistas, reconoció que había padecido durante años depresiones que le llevaron al borde del suicidio y que abusó del alcohol entre los años 2202 y 2004, según relató años después en su autobiografía. Desde comienzos de 2014 se sometió a un proceso de rehabilitación en un hospital de Sydney para combatir el abuso de alcohol y la depresión.

Andrés Iniesta.- El futbolista español reconoció en una entrevista televisiva en 2018 que vivió una etapa de depresión en la que deseaba «que llegara la noche» para poder tomarse «una pastilla y descansar». En otro momento, cuatro años antes, dijo, que el gol que dio a España el Mundial de Sudáfrica fue para él «la apoteosis de una vida», en particular porque entonces atravesaba «una pequeña depresión».

Álex Abrines.- El alero mallorquín de la selección española de baloncesto abandonó de forma prematura la NBA cuando jugaba en los Thunder. En la Navidad de 2018 dejó el equipo sin especificarse en ese momento la causa y saliendo para regresar a España. Se puso en manos de profesionales y con la ayuda de su familia, logró superar los que él definió como «baloncesto, llegué a odiarte. He vivido una pesadilla, te evitaba cada vez que podía», dejando entrever algún tipo de depresión.

Rafa Muñoz.- Nadador español, plusmarquista mundial de 50 mariposa, sufrió un cuadro depresivo al final de la temporada 2009-10 y tras la disputa de los Mundiales de Roma 2009. «Necesitamos de vez en cuanto cogernos unas vacaciones porque estamos sometidos a una tensión y a una presión bastante elevada», dijo para justificarse.

Naomi Osaka.- La tenista japonesa, número 2 del mundo, anunció el 31 de mayo de 2021 que se retiraba del Roland Garros para que «todo el mundo vuelva a concentrarse» en el deporte, tras la polémica por haber sido sancionada con 15.000 dólares de multa por no acudir a una rueda de prensa durante el torneo. Explicó que sufrió episodios de depresión desde el Abierto de Estados Unidos de 2018 y señalar que su ausencia en un rueda de prensa en el torneo parisino era motivada porque enfrentarse a los medios de comunicación daña su salud mental.

‘Chava’ Jiménez.- El ciclista español reconoció en julio de 2002 que volvía a «ser feliz» y que había salido de ese período en el que había sido baja a causa de una depresión, que acabó por llevarle a la retirada definitiva. Falleció en diciembre de 2003 en una clínica madrileña.

Yago Lamela.- El saltador español de longitud, retirado de la competición en 2009, intentó rehacer su vida continuando sus estudios de Informática en EEUU, pero al final regresó a Avilés (Asturias) en mayo de 2011 y días después fue ingresado de urgencia por un cuadro depresivo. Tras el alta, argumentó que le había dado «un bajón muy grande por la coincidencia de varias cosas negativas». Tres años después, el 8 de mayo de 2014 fue encontrado sin vida en su domicilio asturiano.

Jesús Rollán.- El jugador de waterpolo español falleció el 11 de marzo de 2006, a los 37 años, cuando intentaba superar sus problemas de depresión y dependencia a las drogas en una clínica de Gerona, tras precipitarse a la calle desde una terraza del balneario de La Garriga, en donde llevaba desde el mes de octubre en tratamiento médico.

Robert Enke.- El exportero alemán de fútbol del Barcelona y del Tenerife, de 32 años, cayó víctima de una depresión por problemas familiares y el miedo al fracaso profesional. El 10 de noviembre de 2009 se suicidó arrojándose a las vías del ferrocarril en Hannover, donde le arrolló un tren.

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