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Crítica de 'Ravalejar' (HBO Max): una serie rica y vibrante sobre una Barcelona en plena pérdida de identidad
Pol Rodriguez e Isaki Lacuesta (coautores de 'Segundo premio') dirigen este 'thriller' sobre una familia decidida a defender lo que es suyo en mitad de la más fiera especulación urbanística

Enric Auquer (Àlex), perseguido por Aitor (Marc Martínez) en una escena frenética de 'Ravalejar'. / HBO Max
Juan Manuel Freire
'Ravalejar'
Creador: Pol Rodriguez
Dirección: Pol Rodriguez e Isaki Lacuesta
Reparto: Enric Auquer, Maria Rodríguez Soto, Sergi López, Francesc Orella
País: España
Duración: 46 min. (6 episodios)
Año: 2026
Género: 'Thriller' dramático
Estreno: 22 de mayo de 2026 (HBO Max)
★★★★
Para el cineasta Pol Rodriguez, 'Ravalejar' es algo más que personal: es un ajuste de cuentas, el exorcismo a través de la ficción de un trauma familiar. Hace unos años, el restaurante de sus padres, el casi centenario Can Lluís de la calle de la Cera, donde podía verse habitualmente a Peret, Manuel Vázquez Montalbán o Jose Luis Guerin, fue a parar a un fondo buitre con el resto del edificio en el que se encontraba. Pudieron seguir adelante renegociando nuevos contratos de alquiler, pero tras la llegada de la pandemia, allá por 2021, el grupo inversor logró tramitar un derecho de desahucio y sacarlos de su segundo hogar.
El codirector de 'Segundo premio' ha transformado ese referente autobiográfico en un 'thriller' eléctrico sobre una familia que lucha por lo que es suyo. En la ficción (muy realista), Can Lluís es Can Mosques, y el alter ego de Pol es el hijo mayor de sus dueños, Àlex (Enric Auquer), que trabaja en el restaurante cuando no lo hace como estibador en el puerto. No para quieto, es volátil y febril; esa clase de personaje que Auquer ha nacido para encarnar. Àlex había hecho un acuerdo con un agente inmobiliario, Cristóbal (Sergi López), para comprar el restaurante y asegurar otro siglo de actividad, pero, en un giro faustiano, el que parecía un amigo de la familia se decanta por la oferta cruelmente superior de un fondo de inversión.
Sea como sea, Àlex no se rinde ni siquiera cuando la compra de la finca se formaliza. Eso es solo el principio de la guerra. Apoyado e inspirado por su esposa Marta (Maria Rodríguez Soto), abogada en un pequeño despacho de arquitectos, toma decisiones peligrosas para defender el honor familiar, aunque eso le pueda suponer problemas con su menos temerario hermano pequeño David (Quim Àvila Conde), el más empeñado en que el negocio salga adelante y, de paso, evolucione. En el cada vez más intrincado guion han acompañado a Rodriguez grandes talentos como Isa Campo, inseparable de Lacuesta, o Eduard Sola, de nuevo sublimando tensiones familiares tras 'Casa en flames'.
Pero, como indica el título, esta no es solo la historia de una familia concreta, sino también la de un barrio agitado y, por extensión, una ciudad que se mueve hacia delante sin mirar atrás y hacia su esencia todo lo que sería ideal. Rodriguez cuece cuestiones de okupación, inmigración, desahucio, menas, gentrificación o turistificación en una olla a presión dramática con espacio para los puntos de vista y estratos sociales más diversos, desde la gente que lucha por una vivienda a la vicepresidenta de la oficina de Barcelona del fondo inversor, Claire Durand (Alba Guilera), capaz de despachar las súplicas (disfrazadas de sugerencias) del patriarca Lluís con un frío: "No hacemos distinciones emocionales. El mercado no funciona así". No, no funciona así. Favorece a los que ejercen de turistas y no a quienes viven en la ciudad y contribuyen a ella día tras día.
Como en 'Segundo premio', Rodriguez comparte la dirección con Isaki Lacuesta, aquel relativo 'biopic' de Los Planetas que tanto cautivaba con su inventiva formal. Aquí apuestan por un estilo, sobre todo, vérité. La cámara está, como Àlex o el Raval, en casi perpetuo movimiento, haciendo zoom, quitando zoom, a veces (todo sea dicho) hasta el punto de distraer de lo que se muestra y se cuenta; es el problema de dejarse influir en exceso (sobre todo para algunas mareantes escenas de cocina) por 'The Bear'. Hay algo también de la ansiedad asfixiante de 'Diamantes en bruto', con la que coincide en una banda sonora de tacto sintético y abrasivo, excelente trabajo de Eloi Caballé (mitad masculino del grupo electro-pop Desert) con algo del más canónico John Carpenter en un registro algo más 'rave'.
Aunque abrace sobre todo una textura casi documental, 'Ravalejar' contiene también momentos más estilizados y subjetivos, como la impresionante entrada de Àlex en Can Mosques después de saber que se ha formalizado la compraventa, un plano inclinado (en apariencia aéreo) que haría las delicias de De Palma. El mencionado uso del zoom hace que, por momentos, el drama social se desdoble claramente en película de espías. Tan ambiciosa como conseguida, 'Ravalejar' es una aventura narrativa vibrante y rica, a la vez explicación de las realidades de una ciudad que no se deja vivir y lúdico ejercicio de género.
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