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Juego de series

'La edad dorada' vuelve a brillar

Los Russell y los van Rhijn ya tienen su propia identidad y no necesitan la herencia de nadie para destacar en el panorama televisivo

En el centro de la imagen, Morgan Spector, Carrie Coon y Harry Richardson, en una escena de 'La edad dorada'.

En el centro de la imagen, Morgan Spector, Carrie Coon y Harry Richardson, en una escena de 'La edad dorada'. / Información

José Antonio Martínez Perallón

Desde que se estrenó 'La edad dorada', las comparaciones con 'Downton Abbey' eran inevitables. Ambas tienen el mismo creador, Julian Fellowes, y se desarrollan en las mansiones de alta sociedad: en el caso de la segunda, el condado inglés de Yorkshire durante las primeras décadas del siglo XX; y en la Nueva York de los últimos años del siglo XIX en la otra. Por eso, con frecuencia, se la venía presentando como la heredera de su predecesora. Sin embargo, este verano se ha consolidado como una de las mejores series de HBO Max, precisamente cuando la saga de los Crawley se dispone a despedirse para siempre con una tercera película que llegará a los cines el próximo 10 de septiembre. Los Russell y los van Rhijn ya tienen su propia identidad y no necesitan la herencia de nadie para brillar en el panorama televisivo. Aunque por aquello de ser de época, también se la comparaba con 'Los Bridgerton'.

La tercera temporada de 'La edad dorada' ha alcanzado un récord televisivo de casi cuatro millones de espectadores con una audiencia que ha ido creciendo a medida que avanzaba la temporada. Cifras que avalan que se haya convertido en una de las joyas del catálogo de una HBO necesitada de éxitos en plena crisis de identidad a cuenta del cambio de nombre y las turbulencias del emporio empresarial al que pertenece. Con un coste estimado de siete millones de dólares por episodio, tiene un acabado digno de cualquier superproducción, con unos vestuarios de época fascinantes y un reparto de lujo que la convierten en un auténtico deleite para el espectador.

La cuarta temporada ya está garantizada y queda la duda de si llegaremos a las seis de 'Downton Abbey' o superaremos ese número. De todas maneras, la anterior serie ha seguido viva estos años con tres nuevas películas estrenadas en la gran pantalla. También hay que añadir que en unos tiempos en los que podemos tardar hasta dos y tres años en ver las nuevas temporadas de nuestras series favoritas, encontrarse con una de este nivel que llega puntualmente fiel a su cita con la audiencia es un detalle muy de agradecer.

A través de estas tres temporadas hemos acompañado en su día a día a dos familias de la alta sociedad neoyorquina, cuyas mansiones se encuentran una frente a la otra en la Quinta Avenida de la que se convertirá en la Gran Manzana. Hay un contraste entre una clase social que emerge y otra que está en decadencia. Los van Rhijn representan a los descendientes de aquellos primeros colonos que llegaron a las costas norteamericanas en el Mayflower; mientras que los Russell representan a los nuevos ricos que en este caso amasaron su fortuna con la expansión del ferrocarril. Estos últimos simbolizan el futuro, mientras que los otros vendrían a ser una clase social en decadencia. Igual que la nobleza de 'Downton Abbey'.

Los similes entre las dos series continúan, al contarnos las vivencias tanto de los señores como de sus criados. Como en 'Downton Abbey', hay miembros del servicio que ascienden en el escalafón social. Aquí no tenemos a un criado que se casa con una de las hijas de su lord, sino otro que cambia de estatus social gracias al llamado sueño americano. Aquí no hay boda, sino un inventor del tipo de los Thomas Alva Edison, Graham Bell o Marconi, que a golpe de patentes aspiraban a modernizar y mejorar las vidas de sus paisanos. Jack Threacher (Ben Ahlers) logra vender una idea revolucionaria para los relojes de bolsillo y parece que tiene más inventos dentro de la chistera. Hay otra trama que podría dar de sí un cruce o crossover entre las dos series: la boda de la hija pequeña de los Rusell, Gladys (Taissa Farmiga) con un miembro de la nobleza británica. Un enlace urdido por su madre (Carrie Coon) en sus ansias por ascender en su posición social. Todas las conversaciones sobre el arrendamiento a los campesinos de las tierras pertenecientes al duque de Buckingham nos recuerdan mucho a cosas ya vistas en la serie anterior.

Pero 'La edad dorada' sobre todo ha dado un gran protagonismo a sus protagonistas femeninas, a quienes corresponden las tramas más interesantes y que sirven para demostrar cómo había un feminismo que se movía para garantizar derechos a las mujeres. Por ejemplo evitando que aquellas que se divorciaban, aunque hubiera sido su marido es que las abandonaba, se convirtieran en parias sociales. Pero también se tocan otros temas como la reivindicación del voto femenino, o que la igualdad se extendiera también hacia las personas de color. El racismo está presente en las tramas de 'La edad dorada' pero un tanto atenuado, quizá por presentarnos a aquellos afroamericanos que están dentro de las élites sociales. Supongo que sería posible por el hecho de que se encontraran en una ciudad más cosmopolita como es Nueva York y no en uno de los estados del sur.

Tras años a la sombra de 'Downton Abbey', La edad dorada ha demostrado que puede seguir sus propios caminos y no necesita herencias ni comparaciones para destacar. La serie ha demostrado que tiene su propia identidad y se ha ganado un lugar de privilegio en el catálogo de HBO. Seguro que en un año regresa puntual a su cita.

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