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Jesulín habla por fin de su relación con su hija Andreíta: siente culpa

La revelación se produce en un momento clave: “Debería haber estado ahí”

Jesulín habla por fin de su relación con su hija Andreíta: siente culpa

Jesulín habla por fin de su relación con su hija Andreíta: siente culpa / EP

Jorge López

Jorge López

De un tiempo a esta parte, tanto Jesulín de Ubrique como su mujer María José Campanario han decidido dar un paso atrás y han blindado su vida familiar y personal. El duro enfrentamiento que durante años han mantenido con Belén Esteban, madre de Andrea Janeiro, fruto de una relación con el torero, se ha ido enfriando con el paso del tiempo, por lo que la repercusión mediática del matrimonio Janeiro - Campanario también ha ido reduciéndose.

Hubo un tiempo en que Jesulín de Ubrique era sinónimo de aplausos, faenas inolvidables y plazas abarrotadas. Pero ese torero que dominaba el ruedo con capa y espada hoy enfrenta una arena mucho más íntima, silenciosa y dolorosa: la de una paternidad que nunca terminó de cuajar. Atrás han quedado los trajes de luces; hoy, el peso que carga es otro. En círculos muy cerrados, el diestro ha confesado lo que durante años negó incluso a sí mismo: no estuvo, no fue, no supo ser padre de Andrea Janeiro.

No fue una revelación pública ni una exclusiva pactada. Fue un susurro entre conocidos, un temblor en la voz. Fuentes cercanas aseguran que Jesulín vive con un sentimiento de culpa que lo acompaña en cada paso, y que su alejamiento no fue del todo voluntario. Señalan a una convivencia imposible con Belén Esteban como el detonante de esa fractura, una relación calificada como “tóxica” que dejó a una niña en medio de dos adultos irreconciliables.

Su intento de volver a los ruedos el pasado 17 de mayo, frustrado por una baja médica de última hora, ha coincidido con una etapa de profunda introspección. Desde el episodio cardíaco que lo obligó a frenar el ritmo, Jesulín ha tenido que enfrentarse a los fantasmas de su biografía. Y entre todos, hay uno que no lo deja dormir: el rostro de su hija mayor, ausente en su vida, presente en su conciencia.

Andrea Janeiro: el silencio más incómodo

Andrea no ha hablado, pero su silencio es el espejo más brutal en el que Jesulín se mira. En privado, ha comenzado a desmontar el muro que levantó durante años. “Debería haber estado ahí”, habría dicho con lágrimas en los ojos. Ya no busca culpables, ni dispara reproches. Lo que quiere es un segundo intento. Lo que necesita es redención. Pero el terreno es resbaladizo, y en él aún habita el desencanto de Belén Esteban, quien no ha dudado en ventilar, una vez más, las ausencias del torero.

Mientras ella sigue recordando fechas ignoradas y llamadas que nunca llegaron, Andrea permanece en la sombra. Dicen quienes la conocen que está abierta al diálogo, pero no ingenua; que quiere saber, pero no repetir. Y así, Jesulín, antaño ídolo de multitudes, se enfrenta ahora a una plaza sin ovaciones, sin palmas ni flores. En esta faena, no basta con torear el pasado: hay que domar el presente con gestos verdaderos.

Porque en el ruedo del alma, no se gana con fintas ni frases bonitas. Se gana con presencia. Con verdad.

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