Perfil
Arcadi España: un gregario curtido en batallas al lado de Ximo Puig ante su gran reto como ministro de Hacienda
El giro crucial en la carrera del elegido como nuevo ministro de Hacienda se produjo en 2012, cuando el entonces líder del PSPV lo llamó para convertirse en su persona de confianza

Arcadi España. / Jose Navarro
Alfons Garcia
La última visita de Arcadi España a Valencia fue el viernes pasado. Ximo Puig se había implicado en un homenaje a Fernando Delgado, el escritor y periodista que fue también diputado en las Corts valencianas reclutado por el ahora embajador ante la OCDE, y el ahora nombrado ministro quiso estar. Llegó a la poscelebración, entre gildas y encurtidos, pero llegó para estar en un día importante para el expresident valenciano.
Por esos días aún casi de Fallas, en los que el hasta ahora secretario de Estado se ha dejado ver por la ciudad, si sabía algo de sus opciones lo disimuló bien, porque quienes hablaron con él sobre quién podría ocupar la cartera de Hacienda pueden contar que nada podía hacer intuir que iba a ser él. Sus quinielas eran otras.
Quién sabe si tenía alguna sospecha. En todo caso, estar en el acto con Puig en Valencia tiene hoy una carga simbólica especial, porque se puede interpretar como una especie de reconocimiento al dirigente socialista que un día hace casi 14 años cambió su vida.
Era 2012. Arcadi España tenía 38 años, había cerrado una etapa como asesor en el Ministerio de Presidencia en el Palacio de Moncloa cuando le llamó Puig, que el 31 de marzo de ese año había sido elegido secretario general del PSPV. Le propuso ser su jefe de gabinete, su hombre para todo en un partido que llevaba entonces 18 años en la oposición. Así se convirtió en su persona de confianza, su mano derecha. Su figura se agrandaría cuando Puig pasó en 2015 a presidir la Generalitat y España pasó a ocupar las mismas funciones pero ahora al lado del jefe del Gobierno valenciano.
Arcadi España García no era un desconocido en el PSPV (ni el partido era un ente extraño para él) porque ese nombre y ese primer apellido son los de un veterano socialista en la comarca de la Ribera, concejal en su pueblo (Carcaixent), asesor de Joan Lerma en el Palau de la Generalitat y respetado por muchos en una comarca donde el partido sufrió el trauma de la escisión liderada por los hermanos Blasco.
La muerte del padre en 2016 en un accidente en la balsa de riego de su huerto en Carcaixent marcó al hijo, cuya carrera política empezaba a despuntar.
En esa primera legislatura del gobierno del 'Botànic', su papel fue clave como bisagra con Compromís, el socio de gobierno, que es lo mismo que decir entre Puig y Mónica Oltra. Y aquel despacho al lado del del president le proporcionó un máster práctico de relaciones políticas y un sinfín de contactos con dirigentes del socialismo español en momentos especialmente intensos, en los que pasaron acontecimientos como la caída y renacimiento de Pedro Sánchez al frente del socialismo español y su posterior llegada a La Moncloa.
El premio a la lealtad y las jornadas sin horas en el Palau fue la decisión de Puig en 2019 de elevarlo a conseller. En concreto, de Política Territorial y Obras Públicas. En ese cargo le tocó el momento difícil de la pandemia. Al margen de funciones, España volvió a ser pieza clave en el núcleo duro del presidente en el Palau.
Y de ese puesto, en 2022, a un escalón más al confiarle Puig la cartera de Hacienda del gobierno valenciano. Así que conoce algo los entresijos del ministerio que ahora le toca liderar, también porque por su último cargo de secretario de Estado de Política Territorial le tocaba participar en la Comisión de Política Fiscal y Financiera.
Sereno y conciliador
De Arcadi España aquellos que le conocen destacan su capacidad de diálogo y su perfil conciliador y poco dado a las estridencias. No se le conocen enemigos internos (al menos, ninguno de renombre). Si es innegable su vínculo con Puig, mantiene asimismo una relación de confianza con la actual líder de los socialistas valencianos, la ministra Diana Morant, y es uno de sus consultores habituales ante decisiones importantes.
Esa relación no es nueva. Ya lo era así antes de desplazar España su vida a Madrid, donde llegó al final de 2023 como secretario de Estado con tan pocas expectativas de asentarse que estuvo meses sin alojamiento estable, pasando las noches en la Residencia de Estudiantes. Ahora hace ya un tiempo que comparte un piso en la capital.
Su afición más conocida es la bicicleta, de la que habla siempre que le dejan. Forjado como gregario de nivel, habituado a las batallas difíciles, ahora le llega el momento de los focos de verdad.
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