Migración

Domingo González Arroyo: el precursor en pedir la intervención del ejército para frenar la llegada de migrantes

Conocido como el 'marqués de La Oliva', el controvertido exdirigente del PP en Fuerteventura reclamó en 1999 que volviera la Legión y en 2002 que la Armada hiciera retroceder a las pateras

En 2015 se atrincheró en el Ayuntamiento de La Oliva tras ser inhabilitado por una condena de prevaricación

Domingo González Arroyo, en su finca de Fuerteventura.

Domingo González Arroyo, en su finca de Fuerteventura. / GABRIEL FUSELLI

Flora Marimón

El controvertido político y durante décadas dirigente del PP en Fuerteventura, además de sempiterno alcalde de La Oliva –uno de los municipios turísticos de Canarias–, diputado regional y senador, Domingo González Arroyo (Lanzarote, 1940), fue el precursor en solicitar la intervención del ejército para frenar la inmigración. Conocido como el marqués de la Oliva o de las Dunas, en octubre 1991, hace 25 años, en los albores del fenómeno migratorio y en un mes donde la mar estaba en calma y aumentaba la llegada de embarcaciones con migrantes, González Arroyo propuso el regreso de la Legión a esta isla canaria –cuerpo militar que se había ido en 1996 de Fuerteventura– para evitar la llegada de pateras con inmigrantes. 

A esta isla, desde enero a octubre de 1999 llegaron 1.043 migrantes -ahora, en los seis primeros meses de 2024 ya van por 19.300 las personas que han arribado a toda Canarias-. Hace 25 años, ya se empezaba a atisbar el problema de los menores, que desde que arriban pasan a ser tutelados por la Comunidad Autónoma. De hecho, la situación actual es insostenible, según el Gobierno canario, que se encuentra a la espera de que este miércoles 10 de julio se celebre en Tenerife la conferencia sectorial de Infancia y Adolescencia, donde las comunidades autónomas abordarán la reforma de la ley de extranjería y el reparto obligatorio de menores migrantes. Canarias custodia a casi 6.000 niños y niñas y está exhausta, pues de 30 centros ha tenido que abrir otros 50, carece de infraestructuras donde acogerlos y los menores siguen llegando.

La Legión para frenar a migrantes

Pues en 1999, Domingo González Arroyo, un personaje muy conocido en las Islas por sus tejemanejes con la Justicia y lenguaje radical, propuso incluso hacer un referéndum entre la población majorera para decidir la vuelta de la Legión para combatir la inmigración. Su propuesta cayó en saco roto. 

Pero en 2002 retomó la idea. En este caso pidió la intervención de la Armada siendo todavía alcalde y diputado regional, una iniciativa, por cierto, que lanzó años más tarde el que fuera presidente del PP, Pablo Casado, en 2021, y que el pasado jueves floreció en la boca del portavoz del grupo popular en el Congreso, Miguel Tellado, aliándose abiertamente con la demanda que abandera Vox.

Barcos de la Armada

El conocido como el marqués de La Oliva o de las Dunas por su poderío económico, siendo presidente del PP de Fuerteventura en 2002, alcalde de La Oliva y parlamentario regional, apostó en esa ocasión porque los barcos de la Armada blindaran las fronteras marítimas para hacer retroceder a las pateras que llegaban a las costas majoreras procedentes del continente africado con migrantes a bordo. Consideró que "el flujo de irregulares se pasa de castaño oscuro" y lo calificó como "una Marcha Verde encubierta propiciada por Marruecos". Anunció que elevaría su iniciativa al la cúpula nacional del PP para que se la remitiera al Ministerio de Defensa.

Animar a los "moritos"

Para González Arroyo, la Armada debía interceptar a las pateras o cayucos y, "dándoles garantías humanitarias, tales como ofrecerles agua, comida y combustible", obligarles a regresar de nuevo "a las costas de Marruecos, de donde vienen", dijo. Y acusó también a "alguna ONG" en clara alusión a Cruz Roja, de contribuir al efecto llamada de "los irregulares", afirmando que parece que "están invitando a que vengan más moritos".

Esta forma de hablar y su iniciativa generó un gran revuelo. En ese año era presidente del Gobierno Román Rodríguez con CC –actual dirigente de Nueva Canarias/Bloque Canarista–, que rechazó la propuesta y acusó a González Arroyo de hacer un discurso "superfluo y simplón", remarcando que no le extrañaba, porque iba en "la línea de alguien cuyo talante e histórico comportamiento ya es conocido por todos".  

"El más macho de los machos"

El verbo fácil del entonces dirigente del PP en Fuerteventura y sus radicales formas de dirigirse a los demás, desde la altura que le daba el imaginado marquesado de La Oliva, fue sobradamente criticado en el Parlamento regional. En actas de la Cámara canaria queda para la posteridad cuando se definió como el "más macho de los machos" o aseguró que a él ninguna "mujer desfondada" le iba a quitar la Alcaldía de La Oliva, en referencia a la socialista Olivia Estévez. 

Domingo González Arroyo con José Manuel Soria, en una foto de archivo.

Domingo González Arroyo con José Manuel Soria, en una foto de archivo. / LP

El presidente del PP de Canarias en 2002, José Manuel Soria, se desvinculó de la propuesta del uso del ejército y aseveró que lo importante era reforzar los controles de los que dispone la Guardia Civil para esa labor. Soria se ciñó al discurso del entonces vicepresidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, con José María Aznar al frente, quien aseguró que eso de expulsar a los migrantes irregulares con la Armada "no es posible, está muy bien de cara la galería, pero no es posible".

González Arroyo no se arredró, aunque su iniciativa fue fulminada rápidamente. Echó en cara que si Fuerteventura sufría con frecuencia las molestias de las maniobras militares también era justo que el ejército ayudara cuando se le necesitara. "¿O acaso la faceta humanitaria de nuestro ejército solo puede manifestarse en Kosovo o en Afganistán?", preguntó.

Se atrincheró para no dejar la alcaldía

Domingo González Arroyo, de 84 años y padre de 14 hijos e hijas, forma parte del paisaje político de Fuerteventura desde la Transición. Su padre fue Ramón González, un político del Frente Popular que ocupó también ocupó la Alcaldía de La Oliva, de la que fue sacado a punta de pistola tras el alzamiento franquista en julio de 1936.

Su hijo siguió sus pasos, pero en el bando contrario:comerciante de profesión, se convirtió en alcalde de La Oliva en 1979, con 39 años. Formó parte de UCD, de donde saltaría al CDS y al PP, llegando a ser senador. Ocupó la alcaldía de La Oliva durante 24 años seguidos, otros veinte fue consejero del Cabildo y diputado regional, y cuatro senador por el PP.

Ese poderío político le ha llevado a entrar y salir de los juzgados de forma intermitente. En 1998, con 58 años y ya veinte al frente de La Oliva –el más extenso y turístico municipio de Fuerteventura–, se enfrentó por primera vez a una denuncia de su exarquitecto municipal, Carlos Martínez, por tráfico de influencias y prevaricación en la concesión de licencias urbanísticas. Según él, había convertido el Ayuntamiento en un negocio privado.  

Acusado de corrupción y de amenazas a un concejal, González Arroyo fue expulsado del PP en enero de 2009 por haber firmado una moción de censura en La Oliva contra Coalición Canariaen contra de la dirección regional del PP, que en aquel momento controlaba Soria.

Entonces fundó el Partido Progresista Majorero (PPMajo), con el que volvió a la alcaldía de la Oliva tras las elecciones de mayo de 2015, pero fue por un corto espacio de tiempo. A sus 75 años protagonizó una esperpéntica escena que tuvo repercusión nacional. En 2015 fue inhabilitado durante nueve años, por permitir extracciones ilegales de áridos. A pesar de esa condena por delito de prevaricación, se negó a abandonar la alcaldía, desobedeció las instrucciones de la Junta Electoral Central y siguió gobernando a base de decretos hasta finales de diciembre.

Entonces se atrincheró en el ayuntamiento y tuvo que ser desalojado por la Policía Local. En 2019 se presentó al Cabildo de Fuerteventura de nuevo y en 2022 su formación se integró otra vez en el PP, a instancias de su hija, Pilar, que llegó a ser alcaldesa La Oliva con el PPMajo. Pero todo ha quedado en agua de borrajas. Él dijo en una entrevista: "Mi abuela Rosario Brito, que era de Puerto del Rosario y que murió a los 105 años, siempre me decía que sería alcalde hasta los 102 años". Tiene 84 y quien sabe si lo intentará de nuevo.

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