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Cuidar la salud mental

Leer poco y mucho humor: la receta política para salir vivo de las redes sociales

Los diputados más reconocidos del Congreso hacen frente cada día a miles de mensajes, muchos de ellos con contenido ofensivo

Twitter.

Cada día pueden recibir 10.000 o 15.000 mensajes en las redes sociales. Miles de usuarios que, muchas veces ocultos en el anonimato, vuelcan en Twitter sus opiniones, sus críticas y, sobre todo, sus ataques. Los políticos, a un lado y otro del espectro ideológico, han hecho de la red social del pajarito azul una vía directa de comunicación con la ciudadanía. Pero es un canal bidireccional. Y lo que a ellos les llega no siempre es bueno. Insultos y amenazas están a la orden del día. La receta para sobrevivir en ese mundo, recomiendan varios diputados a El Periódico de Catalunya, es leer poco y mucho humor.

"Un 90% de los mensajes no los leo y con el otro 10% me río de ellos", asegura el portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique. El dirigente morado es una de las estrellas políticas que campan por Twitter con más de 600.000 seguidores. Sin morderse nunca la lengua, suele soltar en las redes sociales aquello que piensa. Y las reacciones no se suelen hacer esperar. "La verdad es que, a mí, no me afecta", dice sobre los insultos que le suelen llegar, aunque reconoce que al principio no fue tan sencillo.

Al portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, le ocurre algo similar. Le afecta "poco" lo que puedan decir de él en Twitter. Su paso por la jurisdicción social y penal como abogado del Estado le curtió: "Me han dicho de todo en juicios, fuera de juicios, esperándome a la salida...". En su conversación con este diario deja caer que se ha pasado ya este juego. "Los muy infantiles se creen que te van a hacer daño y que esto te va a afectar. Les comunico que no es así. Me lo tomo como una medalla", dice sobre aquellos que día tras día se apostan en las redes sociales para disparar mensajes ofensivos contra él.

Traspasar todas las líneas

Ignorar los mensajes, sin embargo, no es siempre una opción. La diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, fue una de las pioneras en Twitter y ya hace más de ocho años que tuvo que presentar una denuncia por amenazas recibidas en esta red social. El problema estaba en que era necesario que la matriz de Twitter en Estados Unidos autorizara a dar la información sobre la IP desde la que se publicó el mensaje. La cosa acabó en nada.

Desde aquel entonces, Oramas recibió, primero, los ataques de seguidores de Unidas Podemos por criticar a Pablo Iglesias y, después, de Vox. "Fue horroroso. Ponía un vídeo sobre una intervención sobre Sanidad y me llamaban de todo. Era insultada por 3.000 usuarios. Se me bloqueaban las redes sociales", relata. La diputada canaria puntualiza que "la izquierda nunca hace connotaciones sexuales, lo contrario que la extrema derecha". Algunos de esos mensajes incluyen explicitas referencias a la violencia sexual. Llegó a un punto en el que se vio obligada a introducir un filtro con más de 200 palabrotas para evitar estos tuits, pero encontraron la fórmula de sortearlo introduciendo puntos y guiones en las palabras.

El lado bueno

Más allá de la capacidad de cada uno para hacer frente a tal grado de agresividad, Bal apunta también al hecho de que estos ataques no solo afectan a la persona a la que va dirigida, si no a todo su círculo social. "Las personas de tu entorno, que te quiere, se indignan. Lo que tengo que hacer es calmarlas. A mí esos mensajes me hacen gracia, pero a las personas que me rodean no les hace tanta", asegura el diputado naranja.

Pese a todo, ninguno de ellos se ha planteado abandonar las redes sociales. Bal admite que también recibe mucho apoyo de sus seguidores tras sus intervenciones en el Congreso; Echenique se queda con el cariño que le llega cuando tratan de "humillarle" por su condición de persona con discapacidad ; y Oramas porque es "la única forma" de que llegue hasta Canarias su labor parlamentaria.

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