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Entrevista

Ximo Puig: "En ningún caso la C. Valenciana permitirá un trato de favor del Gobierno a Cataluña"

El jefe del Consell respalda la implantación del pasaporte covid a partir del 9 de Octubre para "garantizar el regreso a una normalidad mejorada" y asegura que, "sin la vacuna, la última ola hubiera sido terrorífica, con miles de muertos"

Ximo Puig: "En ningún caso la C. Valenciana permitirá un trato de favor del Gobierno a Cataluña" Levante-EMV

La ciudad empieza a recuperar su ritmo. "Wellcome", dice Puig al salir del Palau para la sesión de fotos y topar con un grupo de turistas extranjeros. La pandemia no ha acabado, pero hay vida en las calles y los despachos. Así inicia un curso intenso, con un Nou d’Octubre que pretende simbólico y la Comunitat Valenciana como epicentro de la agenda de PSOE y PP.

-La pandemia lleva casi 7.800 muertos en la C. Valenciana. 10.814 personas murieron en la Guerra Civil y los primeros años de dictadura. No sé si hemos asimilado la tragedia

-Nos va a costar tiempo. Estamos ante un impacto de carácter social y anímico enorme. La diferencia respecto al hito que cita es que ha sido un hecho derivado de una enfermedad, no del odio ni el rencor.

-Han muerto de media 14 valencianos al día. ¿Pensó que iba a ser tan importante y prolongada esta crisis sanitaria?

-Al principio pensábamos que iba a ser mucho más leve. En la última ola la vacunación ha sido definitiva. Sin ella hubiera sido una ola terrorífica, habrían muerto miles y miles de personas.

-¿La pandemia ya es historia?

-Desgraciadamente, aún no. Cada día vemos cómo hay personas que están muriendo.

-¿Qué marcas nos va a dejar?

-Nos deja el dolor, la incertidumbre y el miedo que hemos pasado. Y sobre todo, unas lecciones, como la importancia de la vacunación y la ciencia. Gracias a ella hemos conseguido mitigar el impacto. Por otra parte, la potenciación de una sanidad pública y el papel del Estado en la economía, porque hemos visto que el neoliberalismo ha fracasado, que salvarse cada uno no sirve a la sociedad.

-¿Los no vacunados son un problema hoy en día?

-En estos momentos cualquier persona que quiere puede ser vacunada. Estamos en más del 85 % de vacunación del público objetivo, los mayores de 12 años. La vacuna se ha demostrado absolutamente eficaz. No es cien por cien eficaz porque ninguna lo es. Ahora tenemos que intentar convencer a las personas que alejadas del pensamiento científico no quieren participar. También estamos estudiando cómo garantizar la apertura de todos los locales al cien por cien ya con el certificado covid.

-¿Es partidario de la implantación de este pasaporte covid?

-Había que ofrecer a todo el mundo la posibilidad de la vacunación antes de adoptar medidas de este tipo, pero ahora es una buena manera de garantizar la seguridad y de volver a una normalidad mejorada, aprendiendo las lecciones de la pandemia.

-¿Cuándo se podría implantar el uso del pasaporte y en qué actividades?

-Está en pleno estudio. La cuestión ahora es dialogar con los sectores para iniciar a partir del 9 d’Octubre una etapa de mayor normalidad posible. La idea es aplicarlo en conciertos, grandes eventos y ocio nocturno para eliminar aforos y restricciones horarias.

-¿Se siente mejor presidente después de esta experiencia de la pandemia?

-Me siento más humilde y más responsable.

-¿Cuándo empezará a llegar el dinero de la Unión Europea de manera potente? ¿Teme una frustración si se retrasa?

-El Next Generation significa acelerar procesos de transformación que estaban pendientes. No se trata de gastar por gastar, sino de gastar para mejorar. Pero mientras tanto, la economía está reaccionando muy positivamente. Este año vamos a crecer por encima de la media nacional, un 6,7 %. Y tenemos el objetivo de superar los dos millones de personas afiliadas a la Seguridad Social.

-Los últimos datos del paro han sido malos.

-El empleo es lo que más me preocupa, porque no tenerlo significa no tener autonomía para un proyecto de vida. Hay un elemento que me preocupa mucho: la disociación que existe entre la oferta y la demanda en el mercado de trabajo. Por eso, esta debe ser la legislatura de la formación profesional. Debemos eliminar la pobreza, pero la vía es el trabajo. A nadie hay que situarlo para siempre en el hemisferio de la dependencia.

-¿Quiere decir que sobran universitarios y faltan técnicos cualificados?

-Nunca sobran universitarios, nunca sobra gente formada. Una sociedad más formada genera mayor madurez y progreso, mayor capacidad de entendimiento, convivencia y respeto.

Las mesas del despacho están repletas de libros y carpetas. Puig no es partidario de los anaqueles, una especie de cementerio de papel. Stefan Zweig domina en esta ocasión. Están sus memorias y el diario publicado recientemente. En otra mesa, varios ejemplares del libro de Rafael Juan sobre los orígenes de Dulcesol. Puig lo ha de presentar en unos días. Más allá, en las estancias privadas, sobresale La identidad cultural no existe, de François Jullien, que recomienda.

-Hablando de dinero, ¿cree que el Gobierno de España presentará una propuesta de financiación autonómica antes de que acabe el año?

-Confío que sí, que al menos los criterios fundamentales que ha expresado la ministra y pasan por la población ajustada se concreten. Es un debate inaplazable, aunque soy consciente de la dificultad.

-¿Qué le hace ser optimista?

-El optimismo forma parte de mi manera de ver el mundo.

-¿Alguna conversación con la ministra o el presidente?

-En todas las conversaciones que he mantenido, todos los miembros del Gobierno, y especialmente el presidente, son conscientes de la necesidad de abordar esta cuestión y al mismo tiempo son conscientes de la dificultad. Es obvio que se necesita un gran acuerdo de país. No puede ser una cuestión del Gobierno. Además están también la deuda y la fiscalidad, no es solo el sistema.

-¿Qué pasará si no se da esa circunstancia de que presenten un esqueleto de la financiación?

-Lo que sí se ha producido y no se ha sido capaz de transparentar suficientemente es que por primera vez el Gobierno de España ha generado recursos adicionales al sistema de financiación en esta crisis. Y en el reparto de esos recursos ha habido un cambio con respecto al modelo de financiación. Por tanto, ya hemos avanzado. La C. Valenciana ha tenido la sensibilidad del Gobierno de España que no tenía antes. Y además hemos puesto en todos los presupuestos una cifra reivindicativa que, vía FLA, se ha admitido.

Pero no deja de ser deuda.

Deuda que asume el Reino de España. No es la solución, pero el objetivo fundamental del Botànic era converger en gasto social, donde estábamos en la cola de la cola, y no estamos igual que en 2015, sino mucho mejor.

-¿Se manifestarán el día 20 de noviembre sin ganas?

-Las expresiones de que haya un tratamiento justo de la C. Valenciana son compartidas, más allá de quien gobierne en Madrid. Pero esta no es una cuestión sólo enfocada hacia el Gobierno, sino primero a la capacidad de acuerdo entre los valencianos y después, a otros muchos actores. No se debe afrontar este problema desde la confrontación entre autonomías. Los valencianos no estamos en el frentismo, sino buscando alianzas para que se entienda la dificultad de los que estamos peor.

-¿Ha habido un exceso de presidencialismo en la segunda legislatura del Botànic, un hiperliderazgo suyo?

-Cada uno debe asumir su responsabilidad. Lo que cabe es interpretar adecuadamente el Estatut d’Autonomia. Me siento en un liderazgo compartido y creo que cada uno hace lo que le corresponde.

-¿Se ha liberado quizá de prejuicios a la hora de tomar decisiones rápidas y firmes?

-Ha habido decisiones rápidas, pero he intentado, con todos los errores, que asumo, compartir al máximo las decisiones.

-¿Un problema de las democracias actuales es que son demasiado personalistas?

-Es una dinámica que parece instalada, sí. Creo más en los proyectos políticos, pero estos siempre tienen una encarnación. Lo que me preocupa es que hay una raquitización de los debates y una cierta política de argumentario.

-Yolanda Díaz decía que su intención era cuidar el gobierno de coalición. ¿Sus socios están cuidando el gobierno del Botánic en esta legislatura?

-Somos conscientes de nuestra responsabilidad. La C. Valenciana salió del agujero de la corrupción, la fractura social y la falta de posición del autogobierno y estamos en un camino que no puede ser un paréntesis entre dos nadas.

-El presidente de la patronal decía que ve al Botànic II desgastado y polarizado. ¿Qué ha pasado?

-El presidente de la patronal ha hecho una labor muy significativa uniendo a los empresarios, pero en este caso no coincido con su apreciación. Yo, desde luego, le agradezco el impulso al diálogo social con CC OO y UGT en este tiempo.

-¿No tiene la impresión de que sus socios han emprendido una viraje a la izquierda desde 2019?

-Hay un compromiso común, el que acordamos y estamos desarrollando. Pero este es el Gobierno de todos los valencianos. Los partidos que dan apoyo al Ejecutivo tienen un papel fundamental, pero el Gobierno es para todos. Recuperar una Generalitat potente es una prioridad básica.

-Ahora han vuelto a chocar por el presupuesto y han pactado una comisión política. ¿Las cuentas las hacen las conselleries o los partidos del Botànic?

El presupuesto lo hace el Gobierno. La comisión aportará unas orientaciones, vinculadas además a los acuerdos con otros partidos y los agentes sociales. La hoja de ruta son los acuerdos Alcem-nos.

-El trasfondo que queda es si el PSPV se aprovecha de dirigir Hacienda en el reparto de fondos.

-Solo hay que ver qué departamentos han crecido más en estos años. El de Políticas Inclusivas [el de Mónica Oltra] ha multiplicado por tres sus fondos, también porque partía de una inferioridad.

-Sorprendió en algunos ámbitos su último discurso en el Comité Nacional del PSPV por su defensa de la creación de riqueza. ¿Es un gesto al centro político?

-Es socialdemocracia pura. El derecho al trabajo es fundamental y la creación de empleo corresponde fundamentalmente a las empresas. Por otra parte, ya no se trata de garantizar sólo la libertad de mercado. No hay ningún gobierno en estos momentos que esté ajeno a lo que sucede en la economía. Mire Estados Unidos. La gran cuestión es que hemos vivido una crisis financiera y otra pandémica y no tiene nada que ver la respuesta a una y otra. Hay una mirada progresista en esta última que ha generado muchísima menos ruptura social.

-Salvador Navarro también auguraba que esta segunda legislatura del Botànic no se completará. Incluso lo deseaba. ¿Acertará en sus vaticinios?

-Es más necesario que nunca intentar que esta legislatura llegue a su final. La estabilidad es un valor fundamental del Botànic y lo básico ahora es salir bien de la pandemia. No generar incertidumbre es positivo para la acción económica y la convivencia. No hay ningún motivo en este momento para hablar de un adelanto electoral.

-Algunos analistas dicen que Moncloa apoya el adelanto. ¿Ha tenido alguna conversación al respecto con Pedro Sánchez?

-En ningún caso hemos hablado de esta cuestión, porque no está en la agenda próxima.

Pedro Sánchez decía en julio, cuando hizo su crisis de gobierno, que es importante que entre savia nueva. En eso parece que usted y él no están de acuerdo.

Yo me siento a gusto con este Consell. Se ha producido ahora la incorporación del vicepresidente segundo por un ajuste por un partido, pero ya dije hace tiempo que hasta que no se diera por superada la pandemia no habría ningún cambio. En el futuro, si consideramos que puede ayudar, se harán, pero en este momento, no.

-¿Héctor Illueca le transmite tanta confianza y lealtad como Rubén Martínez Dalmau?

-Sí. No lo conocía. Me transmite muy buena sensación. Tiene un gran conocimiento de la administración y puede ayudar.

-¿Está convencido de que la ampliación del puerto de Valencia se hará tal como está diseñada?

-Esta ampliación, si cumple todos los parámetros medioambientales, se podrá realizar y, si tienen que cambiarse algunas cuestiones, se hará. No hay que situar antagonismos innecesarios, porque lo importante es que las infraestructuras sirvan al gran objetivo de la creación de empleo.

-Sin dañar las playas ni l’Albufera, ¿no?

-Claro. Tiene que haber un compromiso medioambiental en todas las infraestructuras y empresas. Eso ya es irreversible.

-¿Ve paralelismos con el caso del aeropuerto de Barcelona? Los empresarios se quejaban hace unos meses de que los problemas con grandes proyectos solo pasaban en València.

-La política de grandes brochazos es uno de los dramas de este tiempo. En muchos momentos se debe generar una microcirugía y no antagonismos sin sentido. Es indiscutible que el puerto es una infraestructura muy positiva. Sin él, nuestros sectores económicos perderían un nivel de competitividad enorme. Ahora, las actuaciones tienen que ser sostenibles y atender a todos los parámetros, también los sociales. Los problemas complejos no tienen soluciones simples.

-Al final, el dilema es si se puede salvar el planeta, crecer económicamente y ganar elecciones. ¿Se puede?

-Un amigo que compartía gobierno municipal en el pasado me dijo que gobernar bien y ganar elecciones no es posible. Yo creo que sí que debe ser posible. Pero es cierto que la toma de decisiones no siempre genera adhesiones inmediatas. Cuando se hacen planteamientos simplistas, aún es más difícil.

No tenemos un planeta B y tampoco una solución que permita que las políticas de decrecimiento den una sociedad mejor.

-¿Decrecer no es una opción para usted? Cada vez hay más científicos que lo defienden.

-Lo que hay que es ir acoplando todas las decisiones económicas para que no afecten definitivamente al medio ambiente. No creo en políticas de decrecimiento en el ámbito general, pero a lo mejor se pueden plantear en algunos sectores sin que signifique pérdida de bienestar.

-¿Eso no significa vivir peor? ¿Estamos preparados?

-No veo una sociedad que se plantee vivir peor y creo que no es el camino. El camino es generar la suficiente inteligencia y talento para, con mucho menor impacto en el planeta, conseguir los mismos beneficios de bienestar.

-¿Y hay que sacrificar paisaje por energía más barata en forma de plantaciones fotovoltaicas?

-No se pueden hacer planteamientos maniqueos. A lo mejor hay espacios determinados en los que no convienen acciones fotovoltaicas o eólicas, pero siempre he defendido las energías renovables, porque son reversibles. En la nuclear no sabemos qué va a pasar con los almacenes radioactivos.

-¿Es razonable que a día de hoy, el Gobierno no haya podido contener el precio de la luz?

-Es que es una cuestión muy compleja. Los anuncios que ha hecho esta semana el Gobierno han sido muy positivos y hay que ser muy conscientes del mundo en que vivimos. El Gobierno ha dado un paso valiente y por eso la respuesta de las de las operadoras.

-¿Nacionalizar es una solución?

-Lo que debe haber es una reestructuración del modelo energético. Pero el que está produciendo el mayor aumento de la energía es el gas y no podemos nacionalizar si no tenemos.

-¿Este episodio de la luz no favorece la desconfianza en la política y ayuda a verla sometida a grandes y ocultos poderes?

-Es que poderes económicos importantes existen. Y no tan ocultos. Los gobiernos están para regular adecuadamente y que los derechos de los ciudadanos estén por encima de los derechos de las grandes corporaciones.

Puig se declara aficionado a las series políticas. Menciona la danesa Borgen y, claro, Baron Noir. "Siempre hay un dramatismo superior en las series, pero a veces es cierto que la realidad política supera a la ficción", afirma. Basta mirar la España de los últimos años.

-¿Teme que al final el proyecto independentista catalán se salde con más dinero para Cataluña? ¿No es peligroso el mensaje para los demás?

-La cuestión catalana es crucial en estos momentos en el debate español. Y hay que abordarla desde la máxima empatía, sabiendo la dificultad que existe. Es exigible un debate y un diálogo, pero también es muy importante que lo haya dentro de Cataluña. No se puede pensar que el 50 %, por más legitimidad que tenga un gobierno, pueda hablar sin tener en cuenta al resto. Pero en ningún caso la Comunitat Valenciana permitiría un trato de favor a Cataluña. Ni a otras comunidades.

-¿No dice algo mal de este país que se vea un foro de diálogo como una derrota?

-Hay una parte importante de las derechas españolas que imaginan un país con derrotados. Y no puede haber un país en el que una parte se sienta derrotada. Las humillaciones son el prólogo de grandes confrontaciones.

-¿Un referéndum puede ser la solución?

-Al final, dentro de un proceso de diálogo tiene que haber una especie de refrendo por parte de los catalanes y, si afecta a toda España, de los españoles. Pero en cualquier caso sería el final de un proceso y este va a tardar tiempo.

-¿Sigue pensando que convendría implantar un impuesto a la renta altas en Madrid o se pasó de frenada?

-Lo que planteé en esa conferencia en Madrid es la necesidad de descentralizar España y que no puede haber dumping fiscal. Después se intenta desnaturalizar diciendo que es madrileñofobia. En absoluto. Esto no va de lucha territorial. Esta satanización del debate y esa especie de conjura contra la periferia dice bastante.

-¿Aspira a ser el antagonista de Isabel Díaz Ayuso, el ‘antiAyuso’?

-No tengo el más mínimo interés en ser antinada. Ahora bien, lo cierto es que tenemos un proyecto alternativo. Creo en una España de todos, no en una concentrada, jerarquizada y dirigida desde un punto.

-¿Es la voz de la periferia?

-Hay más voces y me gustaría que se expresaran con mayor claridad, porque el efecto aspiradora existe y aspira más a los que están más cerca. Sería muy bueno para España un reequilibrio territorial. La pregunta es por qué tiene que estar todo en Madrid.

-¿Hace mucho que no habla con José Luis Ábalos?

-Desde su salida del Gobierno, pero no tengo ningún problema en hablar. No ha cambiado nada.

-¿Podría ser recuperable en el Consell en algún momento?

-Él tiene la capacidad de definir su futuro y no sé lo que piensa hacer, pero tiene mi máximo respeto.

-Un personaje de «Baron Noir» dice que en política el sucesor no se elige; se imponen ellos mismos sin darte cuenta. ¿Usted aspira a dejar ordenada su sucesión?

-Coincido absolutamente con esa afirmación. Aquí los dedazos nunca funcionan. Estoy concernido en la actualización del proyecto socialista. La socialdemocracia española tiene una gran responsabilidad. Es el país más grande de Europa gobernado por la izquierda. Esta es la prioridad: el congreso federal, que se va a celebrar por primera vez en València. Y después, el nuestro.

-Va a su congreso más tranquilo por lo que parece.

-Siempre que no hay confrontación es positivo. Agradezco la confianza a los compañeros que han decidido que continúe siendo el secretario general.

-¿Este sí que va a ser su último mandato al frente del partido?

-No voy a decir nada, que si no siempre se malinterpreta y además estamos siempre pensando en esto. Un partido cuando gobierna tiene que tener los cinco sentidos situados en cómo mejorar la vida de los ciudadanos.

-¿Cuándo se va a reunir con Carlos Mazón?

-No tengo constancia de que haya pedido la reunión, pero no tengo ningún problema: lo más pronto que podamos.

-¿Advierte más voluntad de diálogo con el nuevo PPCV?

-Ha perdido una oportunidad con el Fondo de Cooperación, pero mi voluntad es acordar en todo aquello que podamos.

-¿Observa cambios en el PP sobre el caso judicial que afecta a las empresas en las que participa su hermano? ¿Le preocupa que este tema se arrastre hasta las elecciones?

-Es una cuestión menor que ni me ocupa ni me preocupa. Siempre he dicho que si alguien, sea quien sea, ha hecho alguna cosa no correcta, pues tendrá su consecuencia. Pero la actitud del PP se describe a sí misma.

-¿Ve a Mazon diciéndole no a Vox y alejándose?

-No, desgraciadamente.

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