Reunión en Évian
"Esto no es un G7, es un G6+1": el "jefe" Trump convierte la cumbre en su propio escenario
El presidente estadounidense monopoliza la cita en la ciudad balneario francesa, condicionando la agenda y recuperando la iniciativa en las negociaciones sobre la guerra en Ucrania

El presidente Donald Trump, durante la cumbre del G7 en Évian. / ANNA MONEYMAKER / GETTY IMAGES / AFP

"Esto no es un G7, es un G6+1". Ha sido la frase más repetida durante esta cumbre celebrada en Évian-les-Bains. El '+1' es Donald Trump, y para periodistas, aliados y diplomáticos, no ha habido duda de que el presidente de Estados Unidos ha acaparado todo el protagonismo.
Antes incluso de aterrizar, Trump ya condicionó la cita. La organización se adaptó a sus tiempos y prioridades, pues se retrasó su inicio para que pudiera asistir a la pelea de artes marciales mixtas organizada en los jardines de la Casa Blanca el día de su 80 cumpleaños y se optó por relegar el debate sobre el cambio climático para evitar tensiones. La expectación aumentó tras el acuerdo de Irán y EEUU, anunciado la noche del domingo. Todas las miradas estaban puestas sobre Trump, quien debía romper su silencio en Évian tras este primer paso hacia el desbloqueo del conflicto en Oriente Medio.
La incertidumbre acompañó a la delegación estadounidense hasta el último día del encuentro. El recuerdo de la cumbre de 2025 en Canadá, donde Trump abandonó la reunión antes de tiempo, planeaba en el ambiente. "¿Somos optimistas respecto a que Trump vendrá?", preguntó este miércoles Giorgia Meloni a Ursula Von der Leyen ante el retraso de 45 minutos del mandatario a la primera reunión del día. "Dijo que vendría”, respondió la alemana. La inquietud volvía a hacerse visible entre el resto de líderes. Hasta que apareció haciendo una entrada propia de su característico estilo: "Soy el jefe", afirmó el republicano frente a los líderes que se encontraban ya sentados a la mesa de reuniones.
Cooperación o disputa
En Évian, los líderes recibieron a Trump en guardia tras los ataques recientes del republicano a cuenta del rechazo de todos ellos, junto al resto de miembros de la OTAN, a ayudar a EEUU en la guerra en Oriente Medio, o ante las recurrentes amenazas o imposiciones de aranceles para forzar acuerdos beneficiosos para Washington. En ese contexto, la duda era si el presidente estadounidense iba a llegar con ganas de pelea o abierto a cooperar.
Consciente de lo mucho que le gusta al republicano ser halagado o quizás para intentar reconciliarse con él tras provocar su furia al decir que EEUU estaba siendo "humillado" por los negociadores iraníes, el canciller alemán, Friedrich Merz, le tenía preparada una sorpresa por su reciente cumpleaños a su llegada a la cumbre: una camiseta de la selección alemana de fútbol con su apellido y el número 47, en referencia a su mandato (es el 47º presidente de EEUU). "Estamos en el mismo equipo", escribió Merz en X junto a una imagen del momento. El abuelo paterno de Trump era de origen alemán.
Y si Trump ha sido el protagonista, el ganador de la cumbre ha sido su anfitrión, Emmanuel Macron, quien se echó a la espalda los desprecios recurrentes que le dedica el estadounidense para marcarse un tanto diplomático. Ha logrado que la cumbre haya transcurrido plácidamente a pesar de los pésimos antecedentes del magnate neoyorquino y ha conseguido arrancar a Trump un compromiso, que falta por ver si se acaba cumpliendo, para retomar la mediación entre Ucrania y Rusia, así como su apoyo para aumentar la presión a Moscú mediante sanciones a su petróleo y gas.
Macron también ha apelado al lado más vanidoso de Trump y le agasajará esta noche con una cena de gala en el palacio de Versailles para celebrar el 250 aniversario de la independencia de EEUU, precisamente en el lugar donde se firmó el tratado. Antes de partir hacia la capital francesa, Trump consideró que su viaje a Évian ha sido "un gran éxito".
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Fuente: El Periódico
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