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Crisis en el Reino Unido

El ministro de Sanidad británico, Wes Streeting, prepara su candidatura para disputar el liderazgo a Starmer

El político laborista ha mantenido una breve reunión con el primer ministro antes de que el rey Carlos III leyera las prioridades del Gobierno para el próximo período legislativo

El ministro británico de Sanidad, Wes Streeting, llega a la residencia oficial del 10 de Downing Street, este miércoles.

El ministro británico de Sanidad, Wes Streeting, llega a la residencia oficial del 10 de Downing Street, este miércoles. / NEIL HALL / EFE

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Lucas Font

Lucas Font

Londres

La batalla interna en el Partido Laborista británico está lejos de terminar. El ministro de Sanidad, Wes Streeting, está preparando su asalto al liderazgo del partido como respuesta a la debacle electoral del pasado jueves en las elecciones locales y regionales en el Reino Unido. Según han adelantado este miércoles sus aliados al diario The Times, el ministro pretende presentar su dimisión este mismo jueves y anunciar su candidatura para reemplazar al primer ministro, Keir Starmer, al frente del partido y del Gobierno.

Los planes de Streeting han sido revelados poco después de su reunión con Starmer esta mañana en Downing Street. Un encuentro que ha durado menos de 20 minutos y sobre el que ninguno de los dos se ha pronunciado para no quitar protagonismo a Carlos III en su discurso en el Parlamento este miércoles. Los portavoces del ministro han evitado dar detalles sobre el contenido de la reunión, pero su brevedad ha sorprendido a muchos y ha avivado rápidamente las especulaciones sobre un movimiento inminente para desafiar el liderazgo de Starmer.

Los portavoces de Downing Street se han limitado a decir que Streeting sigue contando con la "confianza plena" del primer ministro, mientras que los miembros del Gobierno más cercanos al líder laborista han insistido en que, por ahora, nadie ha presentado su candidatura para iniciar un proceso interno. Uno de los últimos en hacerlo ha sido el secretario de Estado del Tesoro, James Murray, quien ha calificado de "especulaciones" los supuestos planes de Streeting. Pocas horas antes, el ministro a cargo de las relaciones con la Unión Europea, Nick Thomas-Symonds, instaba a los suyos a "pasar página" y a centrarse en su labor en el Gobierno y en el Parlamento. 

Candidatura marcha

Aún así, los aliados del ministro dan por hecho el movimiento y apuntan a que ya está recabando los apoyos necesarios para presentar su candidatura, fijados en un mínimo de 81 diputados laboristas (un 20% del total). "Si ellos [los partidarios de Starmer] creen que esto ya ha terminado, se van a llevar una decepción", señalaba uno de ellos a The Times. El número de diputados que han pedido al primer ministro que renuncie al cargo alcanza ya los 90, pero no todos ellos están a favor de la candidatura de Streeting.

Starmer ha insistido en su intención de plantar cara a los que desafíen su liderazgo. Pero todo apunta a que, en caso de confirmarse el movimiento de Streeting, el primer ministro no será el único en sumarse a la contienda. La figura del titular de Sanidad, perteneciente al sector moderado del partido, no genera ninguna simpatía en la izquierda de la formación, que se plantea apoyar a un candidato alternativo. Sobre la mesa estaría el nombre del exlíder laborista y actual ministro de Energía, Ed Miliband, o el de la ex viceprimera ministra Angela Rayner.

Batalla interna

Ninguna de las dos opciones genera entusiasmo entre los diputados de la izquierda, quienes siguen considerando al alcalde de Mánchester, Andy Burnham, como la mejor apuesta. Burnham estaría tratando de convencer a alguno de los diputados afines para que renuncie a su escaño y provoque unas elecciones anticipadas en su circunscripción, algo que le serviría como una vía de acceso al Parlamento y le abriría las puertas a disputar el liderazgo a Starmer. Esta opción, sin embargo, se presenta casi imposible, ya que su candidatura tendría que ser aprobada por el órgano de dirección del partido, controlado por Starmer, y tendría que ganar posteriormente el escaño en las urnas. Algo que llevaría varios meses.

Pase lo que pase, parece cada vez más claro que la pugna por el liderazgo en el Partido Laborista está abriendo viejas brechas internas y acelerando una batalla de sus distintas facciones para hacerse con el control de la formación. Todo ello apenas dos años después de su apabullante victoria en las elecciones generales, en la que obtuvo una de las mayorías parlamentarias más amplias de su historia.

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