Ofensiva de EEUU e Israel
Los iraníes celebran la muerte de Jameneí: "Siento miedo pero también liberación"
Ciudadanos del país persa viven en la contradicción de temer por los bombardeos contra su propio país mientras ansían la caída de la República Islámica, en el poder desde 1979

Alí Jameneí durante un acto multitudinario en Teherán, en junio de 2009. / STRINGER / EFE

Alí —no es su nombre real— dice que no puede ordenar sus pensamientos, no sabe qué pensar. Es difícil, dice, temer por los bombardeos que están ocurriendo en Irán mientras uno piensa en celebrar la muerte del líder, pero sin saber qué va a ocurrir después o quién ocupará su lugar.
Alí acaba de llegar a Turquía desde su país; habla lento, pensativo. Entre sus palabras asoma una rabia reprimida desde hace tiempo, que justo ahora empieza a aflorar. "Mi mejor amigo fue ejecutado durante las protestas. Lo mataron ahí sin más. No les costó nada. No les importó nada. Ojalá ese perro de (Alí) Jameneí sufra en la muerte lo que nos ha hecho sufrir a nosotros en vida", afirma este joven en voz baja, aún no creyéndose lo que ha ocurrido.
Lo que ha ocurrido es el inicio de una intervención a gran escala por parte de un Estados Unidos e Israel que, a la primera de cambio, por sorpresa, consiguieron matar al líder supremo iraní y a gran parte de su cúpula militar y política más cercana. El golpe ha sido enorme para Irán, a pesar de que el país llevaba meses preparándose. Teherán reclama venganza.
"He salido por una competición internacional —Alí no quiere explicar cuál ni de qué tipo, para que no pueda ser reconocido—, pero mi cabeza me da vueltas. Solo quiero volver; estar con mis padres y asegurarme de que están bien. ¿Sabes lo que es no poder hablar con ellos porque no hay internet, mientras ves las imágenes de los ataques aéreos?", dice el joven.
Según el Gobierno iraní, EEUU e Israel han atacado la gran mayoría del país, y los muertos civiles suman ya más de 200. Pero las imágenes que salen de Irán —las pocas que lo consiguen, con el internet bloqueado— muestran, a parte de destrucción y bombardeos, también vítores y celebraciones. Aún tímidos.
"Me enteré de la muerte de Jameneí este sábado por la noche, cuando me llamó una amiga para decírmelo. Aún ahora, horas después, tengo miedo de creérmelo y llevarme luego una decepción", asegura María, una armenia de nacionalidad iraní.
La noticia ha sido confirmada por el Gobierno iraní. Jameneí ha muerto y la transición hacia otro líder supremo ya ha arrancado. Y aún así, todo sigue igual para esta mujer. "No sabemos quién va a sustituirle, y me da que igualmente el que venga, si no es del gusto de Israel y EEUU, morirá de todas formas. Los ataques seguirán. No le veo el final", dice la mujer, que ha perdido también el contacto con su familia dentro de Irán a causa de las restricciones de internet dentro del país persa.
"Estoy muy preocupada, porque siguen bombardeando puntos de Teherán. Este domingo hemos visto en las noticias dos explosiones. Una cerca de mi casa y otra cerca de la casa de la familia mi marido. Y sin conexión no nos llegan noticias de la familia. No sabemos si están bien o no. Así que sí: estamos entre la liberación y la alegría por la muerte de Jameneí y el miedo por lo que pueda ocurrir ahora. Es una sensación muy difícil de describir", continúa María.
Apoyo social
Según recuentos de los propios iraníes, apenas una pequeña minoría de la ciudadanía del país persa apoya —aunque muy fervientemente— al régimen de la República Islámica. Son cerca de 13 millones de personas, es decir, el 20% de la población adulta iraní, a tenor de los votos en las últimas elecciones de hace algo más de un año
Este porcentaje es el que ha salido este domingo a llorar, protestar y clamar venganza por el asesinato de Jameneí en las calles de todo el país. La otra parte de la población, aunque sin grandes movimientos de momento, ha celebrado desde sus ventanas gritando el eslogan más utilizado en las protestas durante los últimos años, 'Muerte al dictador'. El dictador, por supuesto era Jameneí, y la muerte ya le ha llegado.
"Yo creo que llegará el momento en el que la gente intente salir de nuevo a las calles. La rabia se está acumulando en la población. Ver cómo el hombre intocable muere así de fácil tiene un impacto sobre nosotros", explica María.
"Qué mal tiene que estar un país para que su gente llegue a estar de acuerdo en que otro país extranjero les bombardee —dice Ryma, una iraní exiliada en España—. Hay un dicho persa que nos describe a la perfección: 'Cuando el agua está un palmo por encima de tu cabeza y tú te hundes, da igual si encima hay solo un palmo o 20 metros'. En esta situación estamos los iraníes".
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