Disputa

Excrementos contra pendrives: la guerra de los globos entre las dos Coreas se recrudece

Pionyang responde con una lluvia de balones aéreos cargados de basura al envío de series de televisión y música pop hecho por activistas surcoreanos

Un globo con basura norcoreana estrellado sobre un coche surcoreano.

Un globo con basura norcoreana estrellado sobre un coche surcoreano.

Adrián Foncillas

La guerra propagandística en la península coreana se está volviendo sucia. Muy sucia. Pionyang ha aliñado los tradicionales panfletos de insultos a políticos surcoreanos y amenazas 'urbi et orbe' con papel higiénico usado, entre otras gorrinadas.

Los globos cargados de material político integran el paisaje habitual sobre el paralelo 38. Desde un lado y otro de la frontera son inflados de helio esperando el golpe de viento propicio que los llevará a suelo enemigo para que el temporizador los haga explotar y esparza la propaganda.

El Ejército surcoreano advirtió a la población semanas atrás de que se alejara de los globos y comunicara su ubicación. Hasta ahí se acercaron las brigadas contra la guerra bacteriológica y los equipos para desactivar explosivos. Encontraron basura variada: botellas de plástico, zapatos viejos, pilas… y papel higiénico con heces.

Fueron 260 globos, contó Seúl. Fueron 3.500 cargados con 15 toneladas, reclamó más tarde la agencia oficial norcoreana. No es raro que Pionyang exagere sus hazañas militares, da igual un misil intercontinental que globos con excrementos.

Fueran cientos o miles, son una clara violación de las leyes internacionales y ponen en serio peligro la seguridad de su gente, recordó Seúl. “Exigimos a Corea del Norteque inmediatamente acabe con estos actos inhumanos y vulgares”, afirmó la cúpula militar. Pionyang envió semana y media después otra remesa similar.

“Corea del Norte quiere dejar que carece ya de toda relación con el sur, que está el diálogo roto y que no tienen de qué hablar. Quiere decirles que no irán a la guerra pero sí pueden molestarles”, juzga Ramón Pacheco, profesor de Relaciones Internacionales del King College y experto en Corea del Norte.

La basura del vecino

Alega Pionyang que no empezó esta vez la guerra de globos. Su viceministro de Defensa, Kim Kang-il, ya había advertido de que responderían a los previos envíos desde el otro lado de la alambrada para que los surcoreanos “comprobaran por ellos mismos el esfuerzo” que exige limpiar la basura del vecino.

Los activistas surcoreanos, en efecto, han aprovechado las corrientes de aire y las tensiones en la península para multiplicar sus operaciones. El mecanismo es el mismo, varía la carga: panfletos, lápices de memoria con series televisivas o música pop surcoreanas, cómics que satirizan a los líderes norcoreanos, diarios con las noticias que Pionyang silencia, transistores para sintonizar las emisoras del sur… todo lo que contribuya a quebrar la certeza de que los norcoreanos viven en un paraíso socialista mientras al otro lado sólo hay crímenes, drogas y degeneración capitalista.

El grupo activista Movimiento Corea del Norte Libre había mostrado, antes de cargarlas en los globos, las fotos del líder norcoreano y su poderosa hermana, Kim Yo-jong, junto a la leyenda “El enemigo del pueblo Kim Jong-un nos envía basura y suciedad mientras nosotros mandamos verdad y amor a nuestros amigos norcoreanos”.

Años atrás también viajaron por el aire copias de 'The Interview', la descerebrada comedia que narraba el asesinato de Kim, y durante la pandemia se acompañaron mascarillas y medicinas con informes del Congreso estadounidense sobre las violaciones de derechos humanos en Corea del Norte.

La propaganda de ida y vuelta no escasea en una península aún en estado de guerra porque al armisticio nunca le siguió un acuerdo de paz. Los efectos son asimétricos. Los infantiloides panfletos norcoreanos arrancan sonrisas y dan trabajo al gremio de la limpieza mientras los contrarios agrietan el blindaje al exterior que impone Pyongyang. Los expertos discuten su alcance. El grueso de los desertores llega de las provincias más septentrionales y pocos de las fronterizas aunque algunos sí han explicado que vieron la luz en aquellos USB.

Balones inteligentes

No les falta a los globos el encanto artesanal cuando la intoxicación política cabalga en redes sociales y bots. La tecnología ha ayudado a que activistas surcoreanos diseñen “balones inteligentes” con GPS y altímetros contra los caprichos del viento. Un temporizador espacia la lluvia de los pasquines guardados en cajas fabricadas con impresoras 3D. Algunos incluyen altavoces que escupen consignas políticas y música durante su vuelo. No cuestan menos de un millar de dólares pero han multiplicado su rango de vuelo. Algunos han caído en China. Son más rústicos los norcoreanos pero en su más reciente operación alcanzaron ocho de las nueve provincias del Sur.

No es raro que los globos desencadenen la espiral violenta en una península tan inflamable. Soldados del norte dispararon en 2014 contra unos balones aéreos y el asunto degeneró rápidamente en un intercambio de tiros entre ambos ejércitos. Seis años después, con los globos volando de nuevo, Pionyang destruyó la oficina de Relaciones Intercoreanas en la fronteriza ciudad de Kaesong. Y dos años atrás, acusó a Seúl de enviarles el coronavirus por el aire.

Lamentaba el admirable Moon Jae-in, anterior presidente surcoreano, que los vuelos torpedeaban su misión vital de pacificar la península y rogó algo de mesura a esos grupos de extrema derecha o ultrarreligiosos a los que poco les importa la sintonía en la frontera. Certificado su autismo, su Gobierno aprobó una ley contra los panfletos en 2021. El Tribunal Constitucional la derogó dos años después. Es probable que regar de papeles el patio vecino atente contra las negociaciones de paz, el medioambiente y el civismo, pero Corea del Sur se toma muy en serio la libertad de expresión. No han cesado desde entonces los globos de surcar los cielos sobre el último fósil de la Guerra Fría.

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