Pulso en Asia

Grave incidente naval entre China y Filipinas al colisionar dos buques en aguas territoriales en disputa

Se trata del primer incidente naval con una nueva ley china en vigor que faculta a la Guardia Costera del gigante asiático a abordar cualquier cualquier buque en lo que Pekín considera como sus "aguas territoriales"

Adrián Foncillas

No ha sido el accidente más imprevisible de la Historia. Tras amontonar amenazas, escaramuzas varias, ataques con cañones de agua o láseres, China y Filipinas han chocado sus barcos esta mañana en aguas en disputa. No hay víctimas, al menos que se sepa, pero subraya el incidente esa problemática espiral creciente entre dos vecinos bien avenidos hasta no hace tanto tiempo.

Solo ha trascendido la versión china. Asegura que la nave filipina ignoró las múltiples advertencias y se acercó “de forma peligrosa y poco profesional” hasta impactar con los barcos chinos que “navegaban con normalidad”. No aclara la magnitud de los daños ni si hay heridos. La Marina filipina desdeñó horas después esa versión como “falaz y engañosa” y subrayó que no había más problema que la tozuda presencia china en las aguas de su Zona de Exclusión Económica.

El choque tuvo lugar, como es costumbre, en los aledaños del ya celebérrimo Sierra Madre. Es ese barco de guerra oxidado y desvencijado que Manila plantó tres décadas atrás sobre un banco de arena en las islas Spratly con el fin de que China no lo tomara. El barco acoge a docenas de sufridos militares en activo que lidian contra el sol tropical y los mosquitos. Atacarlo sería considerado un acto de guerra y a Filipinas y Estados Unidos les une desde 1951 un acuerdo de defensa militar mutua que la segunda se preocupa en describir como vigente y férreo. Así que a China no le quedan más vías que intentar abortar las misiones de reemplazo, abastecimiento y reparaciones. Cada acercamiento de un barco filipino para auxiliar a sus tropas desata el conflicto. Manila denunció recientemente que China bloqueara la evacuación de un soldado enfermo y le afeó su falta de humanidad. Pekín, por su parte, airea un documento en el que Manila se comprometía años atrás a llevarse de ahí ese armatoste.

Ley en vigor

Es este el primer incidente con la ley china que entró en vigor el fin de semana. Esa ley está llamada a incrementar los conflictos donde ya sobran. Faculta a su Guardia Costera a abordar cualquier barco extranjero en sus aguas territoriales (y ese concepto geográfico lo maneja China con optimismo) o a mantener detenida a su tripulación durante dos meses sin juicio. Filipinas, Vietnam y Taiwán, con los que Pekín colecciona pleitos territoriales, ya han aclarado que la ignorarán. Esa ley convierte en vulnerables a los pescadores que faenan en aguas que Pekín reclama para sí. Son, básicamente, todas las del Mar del Sur de China, un corredor imprescindible para el comercio global y bajo el que se adivinan ricas reservas de gas. 

La reunión del G-7 recientemente concluida criticó el creciente y “peligroso” uso chino de su Guardia Costera y sus milicias marítimas, en especial sus maniobras arriesgadas o sus cañones de agua. Filipinas y China han gestionado sus reclamaciones territoriales con desigual fragor a lo largo de los años. El presidente Benigno Aquino denunció a Pekín ante los tribunales internacionales y consiguió una sentencia favorable que China, siguiendo la línea marcada por otras superpotencias, ignoró. La sintonía llegó con Rodrigo Duterte, el atrabiliario presidente, y se desvaneció con la de Ferdinand Marcos Junior, el hijo del brutal dictador. Estados Unidos se olvidó de todos los procesos judiciales abiertos en su territorio por el latrocinio del clan y el nuevo presidente se ha lanzado a sus brazos. Sin ningún equilibrio ya entre Pekín y Washington, Manila ha permitido la apertura de nuevas bases militares en su territorio.

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