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nrique tiene 76 años y apenas lleva diez jubilado. Durante más de cuarenta años se dedicó a la importación y exportación de manufacturas con Asia. Aunque su día a día consiste en seguir muy de cerca los negocios que dejó en manos de su hijo Hugo, la responsabilidad de algunas de las cuentas y negocios sigue recayendo en él. Se encarga de pedir ayudas Next Generation, acompaña a Hugo en casi todos sus viajes a China y sigue supervisando la cuenta de explotación de su empresa matriz.

En plena pandemia, Enrique detectó su falta de habilidades a la hora de manejarse con un móvil para hacer pagos y otras transacciones que hacía de manera presencial cuando acudía a su sucursal. El problema no era que hubiera perdido habilidades, sino que la operativa había cambiado sustancialmente. ¿Cuál era la solución?

Enrique no ha querido en ningún momento dejar de dar soporte a su familia, pero observaba que los procesos habituales se habían vuelto más complejos, le costaba manejar las herramientas y comenzó a sentirse torpe frente a la tecnología que, sin duda, había venido para quedarse. Fue entonces cuando el empresario acudió a un centro de formación en Valencia, su lugar de residencia, para que le dieran las pautas necesarias para no quedarse atrás. “Es lo mejor que pude hacer en ese momento. Estaba perdido con la terminología, con los procesos… necesitaba entender los pasos, escribirlos en un papel y luego poder aplicarlos. En algún momento pensé que estaba perdiendo capacidades, pero lo primero que me explicaron es que tan sólo debía acostumbrarme a lo nuevo. Lo cierto es que ahora veo cómo la mecánica es incluso mucho más sencilla que la antigua.”

El caso de Enrique es el de más de 9 millones de personas de más de 65 años que conforman el colectivo sénior, un número que se duplicará en apenas cuarenta años, por lo que será el colectivo más amplio de nuestra demografía. Un colectivo que necesita enfrentarse a un escenario tecnológico desconocido e intransitable para algunas de las personas que lo componen.

Ante esta situación de vulnerabilidad y con el fin de impulsar su inclusión, gobiernos y empresas han redoblado sus esfuerzos con programas e iniciativas pensados específicamente para ellos. Banco Santander es una de las empresas que está volcando todos sus esfuerzos para continuar ofreciendo un servicio de calidad a sus clientes adaptándose a las circunstancias del momento, con especial atención a los colectivos más vulnerables como las personas mayores de 65 años.

Para ello, la entidad ha adaptado sus servicios a esta nueva realidad y estas son algunas de las medidas que ha puesto en marcha: