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os bancos son parte clave en el engranaje del sistema económico de un país gracias, entre otros servicios, a los préstamos, la canalización del ahorro, los pagos y la tramitación de impuestos que gestionan. Prestando este tipo de servicios acompañan a los ciudadanos y las empresas en su día a día al tiempo que suponen un lugar seguro donde salvaguardar el dinero ahorrado y recuperarlo cuando sea necesario. También intervienen en momentos clave, como el de afrontar la compra del hogar con una hipoteca o retirar el fondo de pensiones al llegar a la jubilación.

La voluntad de servicio está en el ADN

Los bancos se han consolidado como un activo importante para el crecimiento y el desarrollo económico y social de cualquier país. La voluntad de servicio forma parte del ADN del sector bancario, como ha quedado demostrado en algunos de los periodos más críticos de los últimos años. Así, durante la crisis del covid-19, jugaron un papel clave en el mantenimiento de miles de puestos de trabajo y la supervivencia de empresas y negocios gracias a su colaboración con el Estado a través de las líneas de crédito ICO.

Sin duda, consiguieron aliviar las consecuencias económicas de un periodo de extraordinaria incertidumbre gracias a los 140.000 millones de euros que recibieron empresas y autónomos. La presencia de los bancos en todo el territorio nacional, la capilaridad de su red de sucursales y canales online, el conocimiento de los clientes y la adecuada gestión de los riesgos permitió que España pusiera en marcha el que se terminó convirtiendo en uno de los programas de financiación más ambiciosos de Europa.

Tampoco han quedado impasibles ante la guerra de Ucrania: han desplegado ayuda humanitaria, medidas para aliviar los costes financieros a empresas y particulares, y asegurar una rápida inclusión a los desplazados.

Pero también iniciativas para hacer frente al entorno de elevada inflación y la subida de la factura energética, consecuencia directa de este conflicto. En este sentido, los bancos han firmado con el Gobierno un protocolo de medidas hipotecarias para ayudar a las familias que puedan estar pasando por dificultades, a pesar del significativo impacto que estas medidas puedan tener en el balance de las entidades (por mayores provisiones y requerimientos de capital).

Las entidades bancarias también atienden las principales problemáticas de cada país. En España, la atención se centra en la lucha contra la despoblación y, por tanto, la inclusión financiera de las personas que viven en la España rural. Por eso, el sector ha firmado un acuerdo con el Ministerio de Economía para garantizar que haya, al menos, un punto de acceso a servicios bancarios en los 243 municipios españoles de más de 500 habitantes que actualmente no cuentan con este servicio. Una medida que se une a las tomadas hace unos meses por el sector bancario para asegurar que ningún mayor se quede atrás en el imparable proceso de digitalización en el que estamos inmersos.

Un compromiso con las personas que más lo necesitan

Retos a los que se enfrenta el sector

Sin embargo, y pese a su papel central, de un tiempo a esta parte el sector bancario se enfrenta a determinadas situaciones de desprestigio, en algunos casos fundadas por el desconocimiento de su funcionamiento, en otros por las consecuencias que tuvo la reestructuración bancaria de 2012 como consecuencia de la crisis económica provocada en 2008 por la caída de Lehman Brothers, y en los últimos, por una combinación de ambos factores.

Aquel proceso de reestructuración del sector tuvo a los bancos como principal garante para afrontar parte de la factura para ayudar a las entidades con problemas. Para ello, la banca en su conjunto destinó 25.000 millones de euros a esta tarea: el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito realizó ayudas por 23.164 millones y se aportaron otros 2.600 a través de la Sareb o banco malo.

Diez años después, la banca se enfrenta a otros retos derivados del inestable contexto económico actual, como el denominado “impuesto a los bancos” que el Gobierno quiere aplicar al sector alegando los supuestos beneficios extraordinarios que están consiguiendo debido a la subida de los tipos de interés que responde a una política monetaria que adoptan los bancos centrales. Más allá de esta falsa creencia, son muchos los expertos que ponen en duda la idoneidad de este recurso. En este sentido, desde la Asociación Española de la Banca (AEB) se considera que esta carga es un “error, ya que puede debilitar la capacidad del sector para proporcionar crédito, esencial para apuntalar a la recuperación económica y generar puestos de trabajo”.

Este impuesto vendría a sumarse a una ya elevada carga fiscal a la que tiene que hacer frente el sector, ya que en lo que respecta a impuesto de sociedades, los bancos soportan un tipo del 30%, 5 puntos porcentuales por encima del que se aplica al resto de sectores empresariales, y muy por delante de las cooperativas (15%), las Fundaciones y asociaciones de utilidad pública (10%) y las Sociedades de Inversión (1%).