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Vivienda

Juan Pedro Rodríguez, adjudicatario de una vivienda en Ibiza: "Hay que confiar, que todo llega"

Tres parejas relatan las dificultades para acceder a un alquiler en Ibiza y la alegría de recibir una de las viviendas municipales de sa Penya

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Carolina Avilar

Carolina Avilar

ibiza

La entrega de siete viviendas municipales de sa Penya, en Ibiza, supone un cambio importante para sus nuevos inquilinos. Detrás de las llaves hay historias marcadas por alquileres elevados, falta de espacio y años viviendo con familiares mientras trataban de encontrar una alternativa.

Mariano González y Valentín Miguel de Paz López llevan diez años en la isla y aseguran que en los últimos años han notado cómo ha empeorado de manera especial el acceso a la vivienda. Hasta ahora vivían juntos con su mascota en un piso pequeño por el que pagaban 900 euros al mes. "Queríamos empezar un proyecto nuevo donde pudiésemos estar a gusto y no estar solo trabajando para pagar el alquiler", explican estos dos jóvenes.

La noticia de que habían conseguido una de las viviendas les cuesta incluso asimilarla. "Nos pusimos a bailar en casa, no nos lo creíamos", cuentan. Reconocen, además, que la espera se les hizo larga. "Cuando nos dijeron que habíamos salido [en el sorteo] veíamos muy lejos acceder al piso, pero mira, aquí estamos". A quienes estén en una situación parecida les recomiendan intentarlo: "Que no desesperen y que se animen. El procedimiento es sencillo, es cumplir los requisitos". Y luego, un poco de suerte en el sorteo.

"No nos podíamos permitir un alquiler, estaba muy difícil"

Un piso también cambia la situación de Juan García y Aroa Rodríguez, que tienen una hija y esperan otro bebé. Hasta ahora vivían en una habitación en casa de los padres de ella. "No nos podíamos permitir un alquiler, estaba muy difícil la cosa", explican.

Cuando escucharon, hace dos apenas dos meses, sus nombres en el proceso de adjudicación, la sorpresa fue total. "No nos lo creíamos, estábamos desesperados", recuerdan. Ahora animan a otras familias a seguir buscando alternativas: "Que no dejen de intentarlo, que todo llega".

Por su parte, Juan Pedro Rodríguez y Aitana Ortiz llevaban dos años y medio viviendo en casa de los padres de él mientras intentaban encontrar una vivienda que les permitiera independizarse. "Teníamos muchas ganas de vivir juntos", cuenta Juan Pedro. "Hemos buscado, pero era imposible. Pedían un ojo de la cara para entrar y no podíamos" asumir el coste, señala.

Aitana acudió al sorteo mientras Juan Pedro trabajaba. Cuando le comunicó que habían conseguido uno de los pisos, decidieron tomarse el resto del día libre. "Sentimos mucha felicidad", recuerda. El proceso, admite, también tuvo momentos de incertidumbre: "Pensábamos que no nos lo iban a dar, después que sí, y al final todo ha salido bien".

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