Educación
Rosa Calafat, profesora de Filología Catalana en la UIB: “El catalán no debería depender solo de sus hablantes”
La filóloga advierte de la "la lengua del anonimato" que lleva a los parlantes a cambiar rápidamente al castellano para evitar problemas, sobre todo en entornos urbanos
Según la docente, la escuela es un gran pilar, pero no puede solucionar por sí sola la pérdida del uso de la lengua catalana, especialmente por la llegada de población no conocedora del idioma

Rosa Calafat. / R.C.
Enrique Casanova
El catalán afronta una situación marcada por la presión de otras lenguas, especialmente del castellano y del inglés. Así lo explica Rosa Calafat, profesora de Filología Catalana de la Universitat de les Illes Balears (UIB), que considera que el contexto urbano favorece que los hablantes de catalán cambien de lengua cuando no saben quién tienen delante.
Para Calafat, este fenómeno está relacionado con lo que ella denomina “la lengua del anonimato”. En una ciudad, donde las relaciones son más impersonales que en los pueblos, un hablante de catalán puede optar directamente por el castellano para evitar posibles problemas. “Si habla en castellano sabe que no tendrá ningún problema, en cambio si habla en catalán sí que puede tenerlos”, explica.
La lingüista distingue, además, entre la pérdida del catalán en los ámbitos informales y en los formales. En las relaciones familiares y entre amigos, considera que existe una conciencia entre las familias catalanoparlantes para mantener la lengua. Sin embargo, desde los años noventa se ha producido “un cambio lingüístico muy fuerte” debido, entre otros factores, “a la llegada de personas procedentes de diferentes lugares que no conocen el catalán”. Esto, según Calafat, ha reducido su presencia en el ámbito coloquial.
Turismo y presión lingüística
El turismo es otro de los elementos que, según Calafat, "condicionan la realidad lingüística de Palma". La entrevistada relaciona directamente lengua y economía y destaca el peso del inglés como idioma global. En su opinión, el catalán se queda apartada frente al inglés y al castellano, dos lenguas con una mayor capacidad de expansión. “El catalán queda en medio del sándwich entre dos lenguas de pan muy potentes”, afirma.
La presencia del inglés se hace especialmente visible en las zonas turísticas y comerciales de Palma. Calafat recuerda incluso haber recibido atención en inglés al entrar en una tienda o en un bar. Para ella, la cuestión no afecta únicamente al catalán, sino que “otras lenguas medianas europeas también necesitan políticas específicas para protegerse frente a idiomas más expansivos”.
Por eso, considera que el problema del catalán no está únicamente en que los jóvenes dejen de utilizarlo por comodidad o para evitar conflictos. “Lo más preocupante es que el catalán no tiene el apoyo institucional que debería tener”, sostiene.
La escuela no puede hacerlo todo
En este contexto, Calafat otorga un papel fundamental al sistema educativo. Considera que la escuela ha sido “uno de los grandes pilares del mantenimiento del catalán” y que ha contribuido a conservarlo tanto en los registros formales como en los coloquiales. Sin embargo, advierte de que la educación “no puede solucionar el problema por sí sola”.
La llegada de población nueva también supone, según explica, "un reto para los centros educativos". Calafat pone el foco en los profesores, que "deben atender a alumnos que en ocasiones llegan sin conocer ninguna de las dos lenguas oficiales". No obstante, opina que “a día de hoy, los maestros ya no pueden hacer más de lo que hacen”.
El catalán como lengua “estigmatizada”
Calafat también ha comparado algunas situaciones actuales con las vividas durante el franquismo. Ella misma recuerda haber crecido en una escuela en la que hablar catalán estaba prohibido y podía hasta conllevar un castigo.
A su juicio, aunque las circunstancias actuales son diferentes, todavía existe una penalización social que puede provocar que algunos jóvenes eviten utilizar la lengua. “Ahora mucha gente no habla catalán por miedo a que el otro te diga que no te entiende”, explica. Para ella, “el catalán es como un estigma porque sigue teniendo consecuencias sobre los hablantes”. Por tanto, la filóloga afirma que el cambio de lengua se produce en muchas ocasiones como una forma de “evitarse problemas”.
Un futuro condicionado por el modelo de ciudad
A pesar de las dificultades, Calafat mantiene una visión completamente optimista. Recuerda que actualmente el catalán continúa teniendo literatura, universidades, producción científica y personas de otros lugares que lo aprenden. Para ella, “no es una lengua cerrada dentro de un mundo, sino que es expansiva”.
De cara a los próximos diez o veinte años, su escenario ideal pasa por un cambio del modelo económico de Mallorca. Calafat cuestiona el actual “monocultivo del turismo” y apuesta por “una economía más diversificada y por un turismo sostenible”. Asimismo, opina que "un cambio económico también podría modificar las dinámicas lingüísticas de Palma".
Del mismo modo, considera que las decisiones políticas tendrán un papel determinante. Para ella, la lengua “no debería ser una cuestión de derechas o de izquierdas, sino que debería abordarse como una cuestión de conciencia cultural”.
En definitiva, su diagnóstico combina preocupación y esperanza. Afirma que el catalán ha perdido espacios de uso cotidiano, pero considera que todavía existen herramientas para reaccionar. La clave, según Calafat, estará en que esa reacción “no debería depender únicamente de los hablantes o de la escuela, sino también de las instituciones, la economía o el conjunto de la sociedad”.
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Fuente: Diario de Mallorca
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