Recursos Hídricos
Emeterio Moles, director gerente de Abaqua: "Necesitamos la cuarta desaladora en Ibiza y tener garantías de un suministro sin angustia"
Como responsable de la empresa pública Abaqua, dependiente de la conselleria del Mar y del Ciclo del Agua del Govern, este granadino de cuna e ibicenco de adopción se encarga tanto de la gestión del agua desalada como de la depuración de las residuales. Después de tres años en el cargo, tiene encauzado el proyecto más ambicioso de esta legislatura para la isla de Eivissa: la construcción de una cuarta desaladora que, previsiblemente, se ubicará en el área de Sant Josep

El director gerente de Abaqua, Emeterio Moles. / Marcelo Sastre.

Hemos superado el pico de la temporada y parece que sin sobresaltos en el suministro de agua potable.
Nosotros notamos que empieza a aflojar la temporada después de Sant Bartomeu, pero se mantiene con cierta intensidad hasta mediados de septiembre y en noviembre caemos a los niveles de invierno. Hemos tenido incidencias de envergadura, pero las hemos gestionado y no ha habido conocimiento de ellas. La tormenta de rayos [del 20 de agosto] provocó una fluctuación del suministro eléctrico y paralizó la desaladora de Santa Eulària, porque tiene mucha sensibilidad y se detiene para protegerse. Estuvo sin funcionar desde las diez de la noche hasta pasadas las doce, cuando pararon los rayos y la volvimos a rearmar. Las fluctuaciones de corriente nos han provocado bastantes incidencias este verano, pero las hemos solucionado gracias a la capacidad de reserva que tenemos, con 33.000 metros cúbicos almacenados.
Pero no ha habido restricciones de suministro como en otros años.
Cabe tener en cuenta que nosotros no damos toda el agua. En Formentera sí se suministra a toda la isla con la desaladora y en Eivissa aportamos en torno al 70%. Los ayuntamientos tienen sus pozos, que complementan los recursos para llegar a cubrir toda la demanda. El pasado invierno nos centramos mucho en el mantenimiento preventivo. Es como cambiar el filtro, el aceite o las pastillas de freno al coche, para después trabajar a pleno rendimiento en verano y contar con recambios para todo. Hace unas semanas tuvimos una avería de un elemento electrónico en Sant Antoni y allí no teníamos repuesto, pero era compatible con los que guardábamos en la depuradora de sa Coma y se pudo reparar.
¿Todas las desaladoras están al 100%?
Desde finales de junio hasta mediados de septiembre. Si ahora empezara a llover, bajaría la demanda y también la producción. Nos vamos adaptando.
Acaba de salir a licitación la ampliación de la desaladora de Santa Eulària. ¿Podrá cubrir totalmente la demanda de agua del municipio?
Hay que tener en cuenta que el momento de estrés hídrico son solamente estos tres meses. Después cae el volumen de agua que nos piden los ayuntamientos. Es probable que esa punta pueda cubrirse con la ampliación de la planta de Santa Eulària, pero las cifras no son inmóviles: la demanda va evolucionando. A día de hoy, con 6.000 metros cúbicos más que daría esa ampliación, cubriríamos el 100% de la demanda, pero no sé cómo van a estar las circunstancias dentro del año y pico que falta para que la nueva línea esté lista.
Igual que se amplía la desaladora de Santa Eulària, ¿hay margen para ampliar las de Eivissa y de Sant Antoni?
La de Eivissa entró en funcionamiento en 1994. Está muy encajonada en la zona industrial. Además, todos los sistemas de captación y rechazo del agua de mar discurren bajo la avenida 8 d’Agost, que es una vía sobresaturada. Esa planta no tiene más recorrido y probablemente acabará siendo un respaldo, más que un centro de producción, si llega la cuarta. Debería quedar como una garantía, como un equipo electrógeno por si se va la luz. La de Sant Antoni es la más productiva ahora mismo y aún puede ampliarse. Requeriría una actuación de más envergadura que la de Santa Eulària, donde se dejó un espacio en la nave de cara a una futura ampliación.
¿En qué porcentaje podría ampliar la producción de agua desalada en Sant Antoni? En enero ya se instaló allí una desaladora modular que, aunque sume, aporta un volumen escaso [hasta 1.000 m³ diarios].
Bueno, ahora mismo hay municipios en Balears que dependen de una aportación de 100 metros cúbicos para no llegar a una situación crítica y que el agua sea apta para el consumo, que no supere los niveles de sales o de nitratos. En Sant Antoni podría caber una línea de unos 6.000 m³, una capacidad parecida a la de la ampliación de Santa Eulària, que ahora produce casi 16.000 y pasará a 22.000 m³. Sant Antoni ahora produce 19.000 y podría aumentar a 25.000, según el estudio preliminar que hemos elaborado.
Con estas ampliaciones, ¿una cuarta desaladora sigue siendo necesaria?
Necesitamos garantías de suministro, sin la angustia de qué pasará si se produce una avería. No debemos tener miedo a tener una planta parada. Es lo que comentaba de la desaladora de Eivissa, que podría seguir como apoyo. A lo que hay que tener miedo es a no anticiparse y no actuar. Son inversiones que tardan mucho tiempo en ser una realidad. No podemos quedarnos de brazos cruzados pensando que seguro que va a ir todo bien, que vamos a consumir menos y que va a llover más. En Formentera tenemos dos líneas de producción y solo funciona una; la otra es un respaldo. ¿Se escucha alguna polémica sobre agua en Formentera? Toda el agua de los núcleos urbanos y los camiones se llenan con la desaladora. Es la isla con mejor rendimiento hidráulico, por encima del 90%.
¿Ya se ha decidido la ubicación de la cuarta desaladora?
Aún no. El mes que viene se firmará el contrato [para la redacción del proyecto] y tiene 18 meses de ejecución. El primer trabajo será elaborar el estudio de alternativas sobre las posibles ubicaciones. Hay tres factores clave para ello: la proximidad al punto de la red de suministro, a la infraestructura eléctrica y la afectación que pueda tener al sistema marino por un parque natural o las praderas de posidonia. Con estos criterios, se señalarán las ubicaciones posibles y se seleccionará la más idónea. Después tocará tramitar los permisos de Costas o de Medi Natural. Por otra parte, supone un coste importante de traer el agua de Santa Eulària o de Sant Antoni a Sant Josep, así que lo lógico es ponerla en este municipio.
De no surgir imprevistos, ¿cuándo podría estar lista la cuarta desaladora?
Por experiencias de otras desaladoras, entre la redacción del proyecto y la licitación de las obras hablamos de un plazo de entre seis y ocho años. Son tramitaciones largas y pueden dilatarse más con alegaciones y contenciosos. Hablamos a medio plazo y, durante estos años, cada vez van a estar más obsoletas las plantas desaladoras que tenemos. Esta desaladora la va a construir Abaqua, pero hasta ahora estas infraestructuras grandes, como la depuradora de sa Coma, se delegaban al Ministerio, que tiene mucho más poder para agilizar los permisos.
La depuradora de sa Coma está a punto de cumplir un año desde que Abaqua asumió su gestión. ¿Qué balance hacen de su funcionamiento?
De las 80 depuradoras que gestionamos, es la más grande y la que da una mayor calidad de agua, tratada muy por encima de los parámetros mínimos. Podría ser incluso mejor si el agua no llegara con tanta salinidad. Las bacterias que realizan la depuración y digieren la materia orgánica viven mejor en un entorno de baja salinidad.
¿Podría servir para riego el agua de sa Coma?
Ahora mismo no. El Ayuntamiento de Eivissa tiene un proyecto financiado por el Impuesto de Turismo Sostenible (ITS) para impermeabilizar una zona de la red de saneamiento donde se ha localizado infiltraciones de agua salada. Vamos a construir dos plantas de regeneración de agua depurada en Can Bossa y ses Païsses, que no tienen esos niveles de salinidad tan grandes, y se podrán reutilizar 500 m³ de agua diarios para el uso urbano en riegos y baldeos. Santa Eulària tiene otro proyecto de una planta de regeneración, junto a nuestra depuradora, y ya cuenta con una red de agua regenerada que atraviesa el pueblo transversalmente.
Abaqua ha suministrado agua desalada a la balsa de sa Rota para corregir la salinidad del caudal que le llega de la depuradora de Santa Eulària.
Lo llevamos haciendo dos inviernos y este será el tercero. Aportamos entre 60.000 y 80.000 m³ en una balsa que tiene capacidad para 200.000 m³, lo que representa entre un 30 y un 35% del total.
¿Esta solución es sostenible? Dado su coste, algún agricultor comentó que esta solución era como matar moscas a cañonazos.
Probablemente. ¿Pero qué pasa si el agricultor no tiene agua en su pozo o si no es apta para los cultivos? Esto no debe ser una medida estructural, sino transitoria, y permite aprovechar más de 100.000 m³ de agua depurada. No es una mala iniciativa. En Formentera se preparó la misma actuación, con una tubería para llevar agua desalada a la balsa de riego para reducir su índice de conductividad, pero este año se ha solucionado el problema y no se ha perdido ni una gota. A través de la conselleria de Economía, Hacienda e Innovación se instalaron medidores de conductividad en los once bombeos de Formentera para localizar de dónde venía la salinidad. A partir de ahí, con el Consell y la empresa concesionaria, Aqualia, lograron que el agua fuera apta para la agricultura sin necesidad de recurrir a la desaladora.
En materia de depuración, uno de los proyectos pendientes de mayor envergadura es la nueva estación de Portinatx.
Ahora mismo tenemos tres actuaciones muy importantes pendientes. Por un lado, la nueva estación de bombeo de Sant Antoni, junto a la estación de autobuses, y la tubería que lleva las aguas hasta la depuradora de ses Païsses. Esa estación está vieja y obsoleta y, cuando tiene problemas, tiene un aliviadero directo al mar. Este proyecto ya está redactado, con una dotación económica de cinco millones de euros. Estamos pendientes de que el Ayuntamiento nos ceda los terrenos y a final de año podrá salir a concurso. En Portinatx, firmamos un convenio con el Ayuntamiento de Sant Joan con la petición de que, mientras construíamos la nueva depuradora, ellos debían hacerse cargo de la depuración de agua [con una depuradora móvil]. Ya tenemos nuestro proyecto terminado. Se lo presentaremos en breve a Tania Marí [la alcaldesa], y esperamos que se dote económicamente en la próxima convocatoria del ITS o a través del factor de insularidad. También debemos remodelar íntegramente la depuradora de la Cala de Sant Vicent, que se ha quedado pequeña. Allí el agua no se evacua por un emisario, sino que se infiltra, y queremos aumentar considerablemente la calidad del agua que llega a los pozos de infiltración.
¿Han tenido la demanda prevista los dispensadores de agua de las desaladoras para llenar los camiones-cisterna?.
Se sabía que los dispensadores estaban construidos desde 2017 y no se habían puesto en marcha, pero no había ninguna previsión. Sí que existían reclamaciones de las viviendas diseminadas en núcleos rurales porque sus pozos se estaban quedando secos, ya que los camiones cisterna se llenaban en otros pozos cercanos. En valores absolutos, estamos hablando de 180.000 m³ que ahora se cargan al año desde los dispensadores, y eso es agua que antes se extraía del subsuelo. Eso es una barbaridad. En periodo punta, solo mantenemos el dispensador de agua porque no queremos cargarnos el suministro municipal, pero se siguen cargando entre 600 y 700 m³ diarios de agua en camiones. Es una gran medida, porque esa extracción de agua subterránea no era sostenible y ha aliviado a mucha gente en el campo a la que se le secaban los pozos. De hecho, ya tenemos un proyecto para instalar tres dispensadores en Mallorca y uno en Menorca.
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