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Memoria Histórica

“Imagina qué regalo, llegar a Mauthausen el día de tu 22 cumpleaños": Sonya Torres, historiadora, en Ibiza, sobre Antonio Roig Llivi

Sonya Torres y Miguel Ángel Cuello presentan su libro 'Antonio Roig Llivi (1919-2004): Superviviente del Holocausto y guerrillero por la libertad' en Can Ventosa

Miguel Ángel Cuello y Sonya Torres delante de Can Ventosa.

Miguel Ángel Cuello y Sonya Torres delante de Can Ventosa. / Toni Escobar

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Samia Khenien

Samia Khenien

Ibiza

"Solo se ha conservado un 30% de la documentación de los campos [de concentración]: es mucho más grande de lo que pensábamos en un inicio", explica Sonya Torres, coautora junto con Miguel Ángel Cuello del libro 'Antonio Roig Llivi (1919-2004): Superviviente del Holocausto y guerrillero por la libertad'. Este viernes, ambos escritores e historiadores presentaron su libro, inspirado en la vida de Antonio Roig Llivi, en la biblioteca municipal Can Ventosa.

"Hemos investigado y hecho historias de vida y se recuperan porque se sabe que han estado en los campos de concentración, hay documentación de ello, pero no se conoce su historia de vida", lamenta Torres. Así, la historia del superviviente Roig se enmarca en la de muchas otras víctimas de las ideologías fascistas del siglo XX y que se podrían repetir en la actualidad si no se recuerdan. "Queremos que se conserve este testimonio tan importante", sostiene la investigadora.

"Lo que vincula este libro con Ibiza es que trabajo en memoria histórica desde hace muchos años con Xicu Lluy, periodista de Diario de Ibiza ya fallecido, que investigaba los exiliados y deportados ibicencos y formenterenses", comenta Torres: "Junto con Miguel Ángel quise reconstruir una historia de vida que tiene mucho que ver con la de nuestros deportados isleños: es muy difícil hacerlo de los de aquí porque no se conserva nada de documentación". Así, la historia de Antonio Roig Llivi sirve de paralelismo de algo que le ocurrió a "unos 200" exiliados y represaliados de las Pitiusas.

Quién es Antonio Roig Llivi

Roig nació en el Raval de Barcelona en 1919. "Antonio Roig tiene una experiencia vital larga y se ha podido reconstruir desde su nacimiento hasta la muerte: eso es extraordinario", considera Torres: "Es importante porque se ve la trayectoria de una persona represaliada en todas sus fases".

Antonio Roig Llivi (izquierda) junto a su padre Ramón y su hermano Vicente.

Antonio Roig Llivi (izquierda) junto a su padre Ramón y su hermano Vicente. / El Lokal

Así, la historiadora presenta que Roig fue exiliado a los campos franceses, "a trabajar", y después fue deportado a los campos de concentración nazis: "Eso le ayuda a reconstruir un testimonio esencial del Holocausto, además de su retorno a España en la clandestinidad, de cómo trabaja él desde la clandestinidad sin apoyo gubernamental, todo lo contrario: en España se fusilaban personas por su ideología hasta la muerte del dictador en 1975", recalca Torres.

"Él fue uno de los primeros españoles deportados al campo de Mauthausen el 25 de enero de 1941", sigue: "Ese día cumplía 22 años, imagina qué regalo, la llegada al campo de Mauthausen, el día de tu cumpleaños", ironiza Torres. "Fue extraordinario que sobreviviera a los campos cuatro años y cuatro meses, cuando la esperanza de vida, como máximo, estaba entre los cuatro y los seis meses. Estuvo en el anexo de Mauthausen Ebensee cuando lo liberaron el 6 de mayo de 1945 los estadounidenses".

Cómo era el campo de Mauthausen

Así, Roig, "como muchos deportados españoles", creaba una red de solidaridad y de apoyo basada en, sobre todo, "conseguir comida y sobrevivir". Llegó al campo de concentración en el mismo convoy que el fotógrafo de Mauthausen Francesc Bosch: "Crearon una amistad para toda la vida puesto que ambos consiguieron sobrevivir. Hicieron copias de las fotografías de Bosch y las ocultaron para conseguir sacarlas del campo... Al final se usaron y fueron claves para inculpar a los nazis en los juicios de Nuremberg", cuenta Torres.

Cuando llegó al campo, Roig ya tenía un oficio: era vendedor de radios y sabía arreglarlas. "Aprovechó con un compañero de las brigadas internacionales italianas para captar entre los dos las emisoras y supieron en todo momento cómo iba la guerra. Eso ayudó a que muchos deportados estuvieran al corriente y les dio mucha esperanza: saber que bombardean Berlín, que se está acabando la guerra, que puede que les liberen, etcétera", mantiene la historiadora.

Una fotografía del libro donde salen los deportados del KL Mauthausen mientras hacen ejercicio físico.

Una fotografía del libro donde salen los deportados del KL Mauthausen mientras hacen ejercicio físico. / El Lokal

"Alimentaban mejor a los animales que a las personas", comenta Cuello sobre las condiciones en Mauthausen. "Tenían calculado la alimentación que le tenían que dar a la gente para que durase unos cuatro meses sobreviviendo y trabajando", afirma Torres. De esta manera, Cuello comenta que una de las formas en las que Roig conseguía comer era alimentándose con el pienso del perro de Georg Bachmayer, el capitán nazi de todo el campo. "El perro hasta le mordió en la pierna", comenta el historiador.

Secuelas para toda la vida

"El día de la liberación los supervivientes españoles se juntaron e hicieron un juramento: 'Contra el fascismo, ni olvido, ni perdón'", asegura Torres. "Desde entonces Roig empieza una nueva vida: una vida dedicada a transmitir la historia de los campos. Volvió a España, pero no pudo trabajar nunca, no solo por las secuelas psicológicas y físicas, sino porque aquí seguía la dictadura y volvió de forma clandestina, porque si no le hubiesen fusilado", indica.

En España, "Roig fue una persona que sobrevivió como pudo, porque no podía trabajar de forma permanente a causa de las secuelas", asevera Torres: "Tuvo muchas secuelas físicas, sobre todo por la caquexia, causada por la falta de alimentación, tenía el hígado afectado, la pierna afectada, un dolor de barriga permanente, no podía dormir... Afectaciones muy importantes. Tanto, que cuando salió de los campos estuvo un año de recuperación física y psicológica en Francia".

Sonya Torres sostiene su libro en el centro de Vila.

Sonya Torres sostiene su libro en el centro de Vila. / Toni Escobar

El carácter de Roig

"Yo conocí a Roig cuando tenía 15 años: estaba estudiando en el instituto y mi profesora me había enviado a hablar con personas que hubieran sido deportadas. Un día lo vi en un bar cercano", explica Cuello sobre cómo se hizo amigo de Roig: "Era un hombre diferente, estaba sentado con unos pantalones de campana y una camisa amarilla y tirantes... Un hombre muy amable con un trato agradable y humano y un sentido del humor impresionante". Así, estuvieron hablando de todo: "No me dijo hasta el final que era un deportado. Yo le miré y pensé: 'Este me está tomando el pelo'", bromea Cuello.

Así, recuerda a Roig como un hombre "bajito, muy simpático, agradable, cercano, muy generoso y con unos conocimientos impresionantes": "Era un sabio, Antonio, había vivido los hechos más importantes del siglo XX".

Destaca su generosidad: "Nunca había conocido a una persona tan generosa como él", afirma la historiadora. Tan generoso era que Marina Sardà, una vecina de Roig, les contó una anécdota nada común: "Antes de morir le dijo que quería que esparcieran sus cenizas en la fosa común del cementerio de Montjuïc y le dio su propia tumba a Sardà. Me lo enseñó ella misma: 'Aquí tienes la donación de la propiedad del nicho del cementerio de Montjuïc que me hizo Antoni Roig", cuenta Torres, evidenciando la abnegación de catalán.

Un reconocimiento "muy importante"

El catalán dedicó gran parte de su vida a fundar asociaciones de ayuda a las víctimas, "pero él nunca quiso ni un céntimo", según los historiadores: "Fue miembro fundador, junto con Josep Ester Borràs, de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos (Fedip)", ejemplifica Torres. "Dio apoyo a las víctimas del nazismo hasta prácticamente el final de su vida", reitera la historiadora. Así, cuentan que a Roig le reconocieron en actos de homenaje en reconocimiento y de apoyo a las víctimas en otros países, "pero nunca fue reconocido en España", lamenta Torres.

‘Stolperstein’ de Antoni Bonet Tur delante de Can Ventosa.

‘Stolperstein’ de Antoni Bonet Tur delante de Can Ventosa. / Toni Escobar

"Una de las cosas más importantes que hacía era gestionar los papeles de reconocimiento de deportación de los gobiernos francés y alemán: este reconocimiento de la deportación de las familias implicaba indemnizaciones, reconocimiento del hecho... Pero para él era muy importante moralmente por el hecho de tener reconocido que padecieron eso, era fundamental para su vida", explica Torres: "Muchos liberados se acabaron suicidando por no poder aguantar la dureza del campo y, después, la dureza de convivir con ese recuerdo".

"Nosotros pedimos que se coloque una placa conmemorativa en la plaza del Pedro número 3 del barrio del Raval, donde nació y donde estaba la residencia familiar", mantiene Torres: "Es muy importante su reconocimiento, antes de este libro no había nada y su historia estaba perdida". Aun así, Roig sí que fue entrevistado por algunos medios de comunicación: "Se interesaron por él algunos periodistas y él siempre atendió a todo el mundo, porque quería difundir lo que ocurrió. También dio charlas en colegios, institutos y universidades. Siempre se pagaba sus propios viajes, fuera en bus a un colegio o a Alemania", recuerda la historiadora sobre un hombre que no quiso nada más que su vivencia y la de millones de víctimas del Holocausto quedara en el olvido.

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