Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

Toni na Saputo, contrabajista y cantante: «La inteligencia artificial puede imitar mi música y clonar mi forma de tocar»

La contrabajista y cantante, de raíces sicilianas y ugandesas, llega al Eivissa Jazz (5 de septiembre, 21 horas) con un trío femenino y un universo sonoro que viaja del bolero al soul, el funk, el jazz y el Mediterráneo

Tonina Saputo, con su contrabajo. | EIVISSA JAZZ

Tonina Saputo, con su contrabajo. | EIVISSA JAZZ

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Tonina Saputo nació a orillas del Pacífico, pero una parte importante de su música mira al Mediterráneo. Hija de madre siciliana de segunda generación y padre ugandés, la contrabajista, cantante, compositora y profesora en Berklee College cerrará el Eivissa Jazz el sábado 5 de septiembre con un trío formado por mujeres. Llegará a Ibiza con un equipaje musical amplio: bolero, jazz, soul, funk, canción hispanoamericana, ecos sicilianos y una relación muy fuerte con el castellano.

Se conecta por videollamada desde Estambul, donde está de gira. Todavía no conoce la isla, aunque ya le han advertido de que «Ibiza es preciosa», y planea quedarse un par de días después del concierto. Le hace especial ilusión actuar junto al Mare Nostrum. «Agradecida, muy agradecida, de volver a mi mar favorito para tocar música. Es donde puedo conectar con la mitad de mi ser y, como pasará en el Eivissa Jazz, con mi público español», explica.

Su primer disco, ‘Black Angel’, la acercó de lleno al bolero de la mano de Javier Limón. Pero no fue un descubrimiento de adulta, sino una música que ya estaba en su vida desde pequeña. «El bolero me interesa desde que soy una niña. Escucho boleros desde entonces», cuenta. Trabajar con Limón, recuerda, fue «una pasada»: «Yo acababa de salir de la universidad, era mi primer álbum profesional y me vi preparando un repertorio con todo un ganador de un Grammy. ¡Guau! Fue algo excitante».

El castellano acabó convirtiéndose en parte de su identidad artística. Lo aprendió a través de canciones, traduciendo letras y escuchando a los artistas que le gustaban. «El castellano ya forma parte de mi personalidad artística», asegura. Curiosamente, se siente menos cómoda cantando en italiano, pese a sus raíces sicilianas. «Estoy perfeccionándolo para poder incluir algún tema en italiano en mi set. Ahora, digamos que mi acento está algo desequilibrado», bromea.

La música siciliana, sin embargo, está cada vez más presente en su trabajo. En su próximo álbum habrá influencias del folk de la isla y algunas palabras en esa lengua. Le gustaría pasar tiempo allí, entrevistar a mayores y rastrear raíces musicales. «Yo he crecido con esa música vieja porque se escuchaba en mi casa», afirma. También encuentra conexiones con España: «Creo que tienen un vínculo muy fuerte con el folklore español, con la sonoridad de las palmas o la forma de tocar la guitarra. Quizás por eso me interese tanto la música de vuestro país».

Su relación con el contrabajo empezó en la escuela, cuando tenía siete u ocho años. Colocaron varios instrumentos en la cafetería para que los niños los probaran. El violín le gustó, pero le pareció demasiado perfecto. Eligió el contrabajo. Su padre, músico no profesional, intentó frenarla. «Me dijo que no iba a meter un contrabajo en casa. Me volví loca y al día siguiente aparecí en casa con el contrabajo. Mi padre se molestó, pero ya no podía hacer nada», recuerda entre risas.

Él habría preferido que estudiara piano, sobre todo para aprender teoría musical desde el teclado. Pero aquel instrumento grande y difícil acabó marcando su vida. No fue un flechazo sencillo: «Tuve que currármelo mucho». Tonina había jugado a fútbol y voleibol, y de los deportes aprendió que a veces hay que recorrer un camino largo antes de que algo empiece a sonar bien.

Como «castigo» por elegir el contrabajo, su padre decidió la lengua extranjera que debía estudiar. Ella quería francés, pero acabó aprendiendo castellano. «Me quedé devastada en aquel momento… pero ahora estoy muy feliz por la decisión que me hizo tomar mi padre. Descubrí una lengua que me fascina. El castellano le ha venido muy bien a mi carrera».

En Eivissa Jazz compartirá cierre de programación con otro bajista, cantante y compositor, Michael Pipoquinha. «¡Toca increíble Michael! Los brasileños son de otro nivel. Estoy encantada de que compartamos cartel con ellos», afirma.

Tonina cree que el bajo y el contrabajo han ganado presencia en los últimos años como instrumentos desde los que liderar un proyecto. «Cada vez hay más público que es consciente de que el rol de un buen bajista es mucho más que tocar tónicas», señala. Cita a Sting como uno de los primeros grandes frontman que tocaban el bajo, aunque matiza que muchas veces el público se fijaba más en la voz que en el instrumento.

Con tres discos publicados, un cuarto en camino y varias colaboraciones, Tonina tiene claro que elegir bien a los músicos es parte esencial del oficio. Su batería es también una de sus mejores amigas. Tocaban juntas en séptimo curso haciendo versiones de Led Zeppelin y siguen compartiendo música, aunque ahora vivan lejos. «Ella es la más antigua de mi gente de confianza», explica.

Su productor es el menorquín Jorge Arenas, a quien conoció en la universidad. Después del debut producido por Javier Limón, Arenas se ha encargado del resto de grabaciones. «Ya son diez años trabajando juntos», apunta. Para Tonina, la confianza es clave: «Yo tengo que creer en ellos y ellos, creer en mí».

Su ciudad, San Luis, también forma parte de su identidad musical, aunque mantiene con ella una relación compleja. La echa de menos por la familia, los amigos y los lugares queridos, pero no idealiza su presente. «Es una ciudad ensombrecida por la corrupción. Resulta muy duro ver cómo la escena artística se ha devaluado. Sí, la echo de menos, sigue siendo mi hogar, pero no podría volver a vivir allí ahora mismo».

Aun así, reivindica la importancia histórica de San Luis en la música estadounidense. Su conexión con el Mississippi y con Nueva Orleans la convirtió en un cruce de caminos para bandas y estilos. «Esa ruta por el Mississippi convirtió a San Luis en una de las mejores ciudades del mundo donde ser músico», afirma.

La conversación termina en uno de los temas que más inquietan ahora a muchos artistas: la inteligencia artificial. Tonina no esconde su preocupación. «La inteligencia artificial me tiene realmente preocupada», afirma. Ha visto herramientas capaces de absorber información de su música, imitar su sonido y clonar su forma de tocar para generar después piezas artificiales.

«¿Qué beneficio aporta eso a la música? ¿En qué nos ayuda a los artistas?», se pregunta. Le preocupa que dentro de unos años deje de valorarse el talento, el trabajo y la presencia humana detrás de una canción. Por eso defiende que la inteligencia artificial debe regularse. «Es muy peligroso que olvidemos la capacidad de generar por nosotros mismos nuevas ideas. La pérdida de originalidad sería terrible», concluye.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents