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Apagones

Apagones en Ibiza: más de dos horas sin luz indignan a clientes y comerciantes en pleno centro de Santa Eulària

Endesa señala que la avería está localizada en un cable y que este miércoles mismo estará arreglada

Algunos restauradores proponen medidas de gestión energética y formación para mitigar los efectos de los cortes de luz

Anzhela Potapova dibuja en el Paseo S'Alamera.

Anzhela Potapova dibuja en el Paseo S'Alamera. / Toni Escobar

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Samia Khenien

Samia Khenien

Santa Eulària

Luces encendidas y, de pronto, oscuridad: algunas máquinas se apagan con un fuerte estruendo y ya no se oye un solo ruido. A las 20.41 de este martes 18 de agosto, en el pueblo de Santa Eulària aún se podía disfrutar de algo de luz solar, pero la pantalla de los móviles es la única iluminación artificial que funciona. Pocos minutos más tarde vuelve la luz, seguida del sonido de todos los aparatos electrónicos que se vuelven a activar en unos 500 metros a la redonda del puerto. La luz se va minutos más tarde y vuelve. Y se va. Y vuelve.

"Esta avería empezó a las 20.54 horas de la noche, afectó a un total de 325 clientes y desplazamos a todos los equipos para hacer maniobras para que volvieran a tener su suministro a las 22.45 horas", asegura una aportavoz de Endesa en Baleares preguntada por este diario por los motivos de estos cortes en el suministro. La información que maneja la compañía eléctrica no coincide con la de los vecinos, que dejaron de tener luz estable a partir de las 20.41 y, en algunos casos, hasta las 23 horas.

Turistas pasean por la calle de los restaurantes de Santa Eulària.

Turistas pasean por la calle de los restaurantes de Santa Eulària. / Toni Escobar

Aun así, Endesa da una explicación sobre qué le ha pasado al suministro de electricidad del pueblo en esta ocasión, dado que no es la primera vez este verano que Santa Eulària sufre apagones: "Se trata de un cable subterráneo averiado que hoy [por este miércoles] se repara", y mantiene que si no se acaban los trabajos durante esta jornada, "se acabarán mañana [por este jueves]". Reitera, en cualquier caso, que "los clientes ya tienen luz" desde la noche del martes.

Cómo lo han vivido los restaurantes

"Sobre todo hubo confusiones con el tema de la comida: cuando marchas bebidas sale todo automático en la barra y cuando marchas comida, en la cocina. En la cocina no salía, no estaban llegándoles las comandas", explica José María Seoane, segundo maître del restaurante Estel en frente del Club Náutico Santa Eulària, sobre qué les pasó durante la noche del martes. "Nosotros [refiriéndose al personal de la sala] pensábamos que les estaba llegando, pero no era así, así que hubo varios platos que se retrasaron", lamenta Seoane.

José María Seoane del restaurante Estel en el puerto.

José María Seoane del restaurante Estel en el puerto. / Toni Escobar

Aun así, agradece que los clientes tuvieran paciencia: "Suerte que para los clientes no había sido algo recurrente. A dos mesas les invitamos a los postres porque pidieron un par de paellas que tardaron más de lo debido. Normalmente, tardan unos 25 o 30 minutos y ayer a los 35 fuimos a la cocina y ni les había llegado el ticket, por lo que tuvieron que empezarlas enteras...".

Igual que otros responsables, Seoane temió por los aparatos electrónicos o porque se calentaran los alimentos en el frigorífico: "No dio tiempo a que se calentara nada, menos mal, pero como no sabías cuándo iba a irse y cuándo iba a volver...", sostiene.

Otro de los que temieron por sus electrodomésticos fue Andrés, responsable de un bar cercano a la plaza del Cañón: "Todo lo que usamos requiere de luz: las heladeras, la freidora, los hornos, el sistema de tickets... Fue peligroso para todas estas máquinas porque se prendían y apagaban, incluso a veces amagaban con volver y de pronto se apagaban de nuevo... Eso para las heladeras y todos los motores no es bueno, la verdad", lamenta el joven.

Cortes de luz en la calle de los restaurantes

Alfonso Baledo, el maître del Celler de Can Pere en medio de la calle San Vicente, más conocida como la calle de los restaurantes, recuerda que la noche anterior hubo "muchos clientes frustrados" en los establecimientos. "En esta zona [la del centro] se fue unos 20 minutos enteros. Pero del centro a la plaza de Ayuntamiento estuvieron por lo menos dos horas y media sin luz", asegura el maître. Al otro lado de la calle, también se les fue la luz, "pero fue ya a última hora".

"Todo eso teniendo en cuenta que se pueden estropear las cosas. Cuando pasa más de media hora, las neveras se vienen abajo y cuando arrancan, arrancan todas a la vez. Es perjudicial, porque se pueden romper los motores", considera el responsable. Además, que en el Celler usan pescado fresco "que se tiene que mantener a una temperatura fría".

Alfonso Baledo en el restaurante el Celler de Can Pere este miércoles.

Alfonso Baledo en el restaurante el Celler de Can Pere este miércoles. / Toni Escobar

Ellos tuvieron dos mesas que estaban preparadas para pagar justo cuando se les fue la luz. "Les pusimos las velitas que tenemos aquí y para pagar hicimos como se hacía antiguamente: en una hoja, lo detallamos todo y se lo pasamos. Ya cuando volvió la luz lo registramos todo en la registradora", afirma Baledo.

Sin conocer el motivo oficial tras los apagones atribuye estos a la ola de calor "tan bestia" que hay en la isla: "Hay mucha sobrecarga de aire acondicionado, pero hay que buscarle solución".

Qué ocurrió en S'Alamera

Anzhela Potapova, dueña de la carpa Arte y Descubrimiento en Santa Eulària, es una de las pocas artistas que se encuentra en el Paseo S'Alamera, puesto que la mayoría de 'hippies' suele preferir ir al Hippy Market de Punta Arabí los miércoles. Cuenta que el apagón del día anterior empezó "sobre las ocho cuarenta" y que las luces no volvieron hasta las 22.30. "Fue un apagón total en esta calle: al principio solo habían dejado de ir las luces del paseo, pero hubo un momento sobre las 22.15 que se apagaron las luces de los vecinos y hubo completa oscuridad", explica la joven.

"Yo suelo recoger sobre las 23 horas y me quedé aquí, porque hago ilustración digital y, por tanto, trabajo con aparatos electrónicos que emanan luz, podía seguir trabajando. Tenía todo bien cargado, porque siempre los dejo cargando", comenta Potapova. "Pensé que podría aguantar dos horas o lo que sea, pero es cierto que los aparatos iban perdiendo más y más batería. Al final tuve que rechazar a unos clientes porque me estaba quedando sin batería en el ordenador y no quería arriesgarme a dejar el trabajo sin hacer", recuerda. Aun así, pudo recoger como de costumbre cuando volvió la luz.

Propuestas de mejora

Marco di Carlo, responsable del restaurante Salvatore en la calle del Mar, en frente del puerto, se pregunta por qué ocurren estos apagones: "Me pregunto también si se puede saber antes de que ocurran, para ir más preparados", lamenta di Carlo. "Ayer quería cerrar, porque ya había terminado de trabajar, pero no pude porque tenía que esperar a que volviera la luz para apagar bien todo, puesto que no sabía si iba a estar encendido si volvía la luz: el aire acondicionado, la máquina de café, la caja...", afirma el responsable: "Estuve una hora esperando a que volviera".

Tiene varias sugerencias para poder "paliar algo mejor con esta situación": "Sobre todo para que no vuelva a ocurrir, porque no es la primera vez que nos pasa. Hay un problema grave con la electricidad. Ningún bar puede tener más de dos neveras. Yo solo tengo dos neveras pequeñas, pero seguro que hay restaurantes con sus cámaras de hielo, que chupan un montón de energía", considera di Carlo.

Además, para el responsable la "energía verde no es suficiente" para suplir la energía del carbono fósil: "La inversión en energías renovables es muy pequeña, para mí, en este momento, no solo en España, sino en toda Europa. Cuando falta el fósil, la energía verde no puede suplirla, por el momento".

Asimismo, lamenta que si en estas circunstancias se le rompiera algún aparato electrónico, el seguro no fuera a cubrirlo: "Si hay un cortocircuito el seguro no cubre nada. Entonces, nosotros sufrimos doblemente los daños: por un lado, que tenemos que cerrar, por el otro, que el cliente se va", mantiene di Carlo. Aunque la noche del martes no tuvo "muchísima clientela", sí que hubo algunos que se hartaron de la situación: "Me dijeron 'mientras haya electricidad, sácame la cuenta que me voy'", recuerda.

Marco di Carlo delante del restaurante Salvatore.

Marco di Carlo delante del restaurante Salvatore. / Toni Escobar

Admite también que "no es culpa de nadie" en concreto: "No se puede decir que sea la culpa del gobierno, de la alcaldesa o de ninguno, en general, pero lo tenemos que solucionar de alguna manera, todos juntos", considera. De esta manera, di Carlo propone: "Podemos hacer una reunión las personas que tenemos tiendas y en momentos así compartir la energía que haya. Llamar a algún experto y que dé un curso para que nos expliquen qué es lo mejor que se puede hacer en momentos así, para gestionar mejor la energía, etcétera", finaliza el responsable de Salvatore.

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