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Entrevista | Marta Pérez Ródenas Odontopediatra y ortodoncista infantil en clínica Dr. Rull

Marta Pérez Ródenas: «La caries es una enfermedad, no un problema del diente»

«Muchas enfermedades y alteraciones bucodentales no producen molestias en sus fases iniciales y pueden avanzar de forma silenciosa. Detectarlas a tiempo permite instaurar medidas preventivas»

Marta Pérez Ródenas. | Clínica Dr. Rull

Marta Pérez Ródenas. | Clínica Dr. Rull

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¿Cuándo debería hacerse la primera visita de un niño al dentista: con la aparición del primer diente, al cumplir un año o incluso antes?

Debería realizarse con la erupción del primer diente y, en cualquier caso, antes del primer año de vida. En esa consulta enseñamos a los padres cómo cepillar correctamente los dientes de su hijo y explicamos cómo utilizar el flúor de forma segura y eficaz, adaptando las recomendaciones a la edad y al riesgo de caries de cada niño. Además, dedicamos tiempo a hablar de los hábitos que influyen tanto en la salud bucodental como en el crecimiento de la cara. Aconsejamos evitar hábitos dietéticos cariogénicos, como el consumo frecuente de azúcares o el picoteo continuo entre horas, y orientamos a las familias sobre una alimentación saludable.

Muchos padres piensan que los dientes de leche no son tan importantes porque acabarán cayéndose. ¿Qué les diría para desmontar esta creencia?

Los dientes de leche son tan importantes como los definitivos. Permiten que el niño mastique correctamente, favorecen el desarrollo del habla, mantienen el espacio para los dientes permanentes y guían el crecimiento de los maxilares. Además, la caries es una enfermedad, no un problema del diente. Un niño que desarrolla caries desde pequeño tiene muchas más probabilidades de seguir padeciéndolas si no se modifican los hábitos que las han provocado. También sabemos que una caries en un diente temporal puede causar dolor, infecciones, afectar a la alimentación, al sueño y a la calidad de vida del niño, además de comprometer la correcta erupción de los dientes permanentes.

¿Qué problemas bucodentales detectan con más frecuencia en niños pequeños que podrían haberse evitado o tratado antes con revisiones tempranas?

Las caries de la primera infancia siguen siendo uno de los problemas más frecuentes y, en la mayoría de los casos, pueden prevenirse con revisiones periódicas y una buena higiene y alimentación. En las revisiones también detectamos alteraciones del crecimiento y de la mordida, hábitos orales nocivos, respiración oral y alteraciones funcionales, como la deglución atípica, que pueden influir en el desarrollo de los maxilares y requerir un tratamiento precoz. Además, prestamos especial atención a los defectos del desarrollo del esmalte. En la dentición temporal podemos encontrar hipomineralizaciones que aumentan el riesgo de sensibilidad, fracturas y caries. Más adelante, alrededor de los seis años, podemos diagnosticar la hipomineralización molar-incisiva (MIH), una alteración que requiere un seguimiento y un manejo específicos. Muchas de estas alteraciones son silenciosas: no producen dolor en sus fases iniciales y, por eso, pueden pasar desapercibidas. Sin embargo, detectarlas a tiempo permite instaurar medidas preventivas o tratamientos sencillos que mejoran el pronóstico y, en muchos casos, evitan problemas más complejos.

«La primera visita al dentista debería realizarse con la erupción del primer diente y, en cualquier caso, antes del primer año de vida»

Dra. Marta Pérez Dódenas

— Odontopediratra y ortodoncista infantil en Clínica Dr. Rull

¿Qué señales pueden observar las familias en casa para saber que deberían consultar al especialista?

Un niño que respira habitualmente por la boca, ronca con frecuencia durante el sueño, duerme con la boca abierta, babea de forma persistente, presenta una mordida que no encaja bien, tiene dificultades para masticar o mantiene hábitos como chuparse el dedo debería ser evaluado. La respiración oral y el ronquido habitual no deberían considerarse normales; pueden ser signos de una alteración funcional o de un problema de la vía aérea. Del mismo modo, un babeo persistente, cuando ya no corresponde a la edad del niño, puede indicar una alteración del tono muscular, del sellado labial o de la función orofacial.

¿Cómo influyen hábitos como el uso prolongado del chupete, el biberón, chuparse el dedo o mantener la boca abierta en el desarrollo de los maxilares y de la mordida?

El crecimiento de los maxilares depende en gran medida del equilibrio entre las fuerzas que ejercen la lengua, los labios y la musculatura de la cara. Hábitos como los que menciona modifican la posición de la lengua y alteran las presiones que ejercen la lengua, los labios y las mejillas sobre los maxilares. Es frecuente que estos niños desarrollen un estrechamiento o compresión del maxilar superior, que puede acompañarse o no de una desviación funcional de la mandíbula, además de mordidas cruzadas o mordidas abiertas. Estas alteraciones afectan también a la masticación, la respiración y, en ocasiones, al habla. El riesgo depende de la intensidad, la frecuencia y la duración del hábito.

¿Cómo debe cuidarse la higiene de la boca antes de que aparezcan los dientes y cómo cambia el cepillado cuando empiezan a salir?

Mientras el bebé no tenga ningún diente, las recomendaciones dependen del tipo de alimentación. Si recibe lactancia materna exclusiva, no es necesario limpiar las encías después de las tomas. La leche materna aporta inmunoglobulinas y otros componentes con efecto protector que contribuyen al desarrollo del sistema inmunitario del bebé. En cambio, si el bebé se alimenta con lactancia artificial, sí puede ser recomendable limpiar suavemente las encías después de las tomas utilizando una gasa húmeda o un dedal de silicona. En el momento en que erupciona el primer diente, el dedal deja de estar indicado y debemos comenzar con un cepillo dental infantil. A medida que el niño crece, el cepillo debe adaptarse a su edad y al tamaño de su boca. Respecto a la pasta dentífrica, siempre debe contener al menos 1.000 ppm de flúor.

¿Por qué es importante controlar el crecimiento de los huesos de la cara y la posición de los dientes antes de que el niño tenga toda la dentición definitiva?

Mientras los huesos de la cara están creciendo, podemos detectar alteraciones de forma precoz y, en muchos casos, guiar el desarrollo del tercio inferior para conseguir una mejor relación entre el maxilar superior y la mandíbula. Muchas maloclusiones tienen una base esquelética. Es decir, alguno de los maxilares no ha crecido en la dirección adecuada o no ha alcanzado el desarrollo esperado. Durante el crecimiento todavía podemos influir en esa dirección y en ese patrón de desarrollo. Una vez finalizado el crecimiento, esa capacidad de modificación disminuye considerablemente.

¿Qué problemas pueden corregirse mediante ortopedia u ortodoncia temprana y en qué casos es preferible esperar y limitarse a hacer un seguimiento?

La ortopedia dentofacial permite corregir alteraciones del crecimiento de los maxilares, mordidas cruzadas, algunas mordidas abiertas, déficits de desarrollo del maxilar superior o determinadas discrepancias entre el maxilar y la mandíbula. Sin embargo, no todos los niños necesitan un tratamiento precoz. En algunos casos es preferible controlar periódicamente la evolución y comenzar la ortodoncia cuando la erupción dental y el crecimiento sean los adecuados. La clave está en individualizar cada caso.

¿Puede una mala mordida afectar a la masticación, el habla, la respiración, el descanso nocturno o la salud de las articulaciones?

Sí. La mordida forma parte de un sistema en el que intervienen los dientes, los huesos, la musculatura, la lengua y la vía aérea, por lo que cualquier alteración puede tener repercusiones más allá de la boca. Una maloclusión puede dificultar la masticación, favorecer alteraciones del habla, sobrecargar la musculatura y la articulación temporomandibular y, en determinados casos, influir en la respiración y en la calidad del sueño. Pero esta relación también funciona en sentido contrario. Una respiración incorrecta, especialmente la respiración oral, puede alterar el crecimiento de los maxilares y favorecer la aparición o el empeoramiento de una maloclusión. Otro aspecto importante es el bruxismo. Aunque en algunos niños puede formar parte del desarrollo, cuando es intenso, persistente o se acompaña de ronquidos, respiración oral o sueño inquieto, merece una valoración.

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