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Sant Antoni

"Brutalidad", "vergüenza", "burla la ciudadanía", "crimen ecológico": los lectores estallan contra el gasto de agua en la fiesta egipcia de Can Coix

Residentes de Ibiza critican el uso de un espacio municipal y miles de litros de agua para una fiesta privada mientras ellos sufren restricciones

Detalles egipcios junto al lago en la fiesta privada egipcia en sa Pedrera.

Detalles egipcios junto al lago en la fiesta privada egipcia en sa Pedrera. / Instagram

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

La utilización de al menos 170 toneladas de agua para crear un lago artificial en una fiesta privada celebrada en sa Pedrera de Can Coix ha encendido a los lectores de Diario de Ibiza. La pregunta planteada en Facebook sobre este evento ha provocado una avalancha de comentarios, en su mayoría críticos, centrados en la sequía, el uso de un espacio municipal y la sensación de agravio entre quienes viven en la isla.

La fiesta, ambientada en el Egipto faraónico (que contó con una escenografía “digna de Hollywood”, proyecciones, videomapping, sonido, bailarines, figurantes y decorados monumentales), se celebró el 13 de agosto en sa Pedrera de Sant Antoni, un terreno municipal cuyo uso autorizó el Ayuntamiento a cambio del pago de 199 euros en concepto de tasa de actividad. Según la información publicada por Diario de Ibiza, el evento privado tenía un aforo de 350 invitados y horario autorizado de 18 a 3 horas. La escenografía incluía una gran pirámide, un templo, una esfinge, obeliscos, paredes decoradas con motivos egipcios y un lago artificial de 850 metros cuadrados y 20 centímetros de profundidad, para el que se requirieron al menos 170 toneladas de agua.

Ese dato es el que más ha indignado a los lectores. En un contexto de prelerta de sequía, con avisos de ahorro de agua y campañas de concienciación, muchos usuarios ven la instalación del lago como una barbaridad. Maria José Andrés resume ese malestar con dureza: “Da asco... en las Baleares tenemos escasez de agua... y nos ponen restricciones a los que vivimos aquí, ni lavar los coches podemos... y llegan de fuera y les dan permiso para todo”. La lectora remata con dos refranes: “Poderoso caballero, es don dinero” y “de fuera vendrán, que de tu casa te echarán”.

Iolanda Bonet Marí: "Es agua que nos roban!"

La misma idea aparece en decenas de comentarios. Eulalia Torres se pregunta: “No diuen que hem d’estalviar aigua?”. Gema Roselló Roig lo califica como “una vergonya amb la falta d’aigua que patim”, mientras que Iolanda Bonet Marí vamás allá: “170 tones d’aigua per una festa privada? És aigua que ens roben!! És una vergonya i un atemptat ecològic”.

También Neus Torres Roig cuestiona el destino final del agua: “Amb l’escassedat d’aigua que patim, aquest malbaratament és una burla a la ciutadania, sense cap excusa. On ha anat ha parar tota aquesta aigua, després de la festa?”. La pregunta se repite en otros lectores, como Juanjo Tur, que plantea: “La pregunta es ¿dónde están las 170 toneladas de agua?”, o Maria José Albert Delgado, que pregunta simplemente: “¿La pueden reutilizar?”.

La duda sobre si el lago se llenó con agua dulce, salada o reutilizable aparece como una de las pocas condiciones que algunos lectores ponen para matizar su rechazo. Vicente Marí Torres comenta: “Si es agua del mar sin problema”. Jaime Marí Costa coincide: “Si es agua de mar no hay problema si es agua potable ya no lo veo bien”. Ricardo Ventura Escandell también espera que se trate de agua salada: “Espero que sea de mar, porque si estas toneladas de agua potable las tendrían que pagar como el oro”.

Vídeo: así fue la impresionante macrofiesta egipcia en sa Pedrera

Instagram Van Wick / Tinx / Teresa De la Pisa

Otros lectores, sin embargo, no compran el argumento de la cantidad de agua como principal problema. Ricard Mollà Pallejà apunta que “una piscina olímpica tiene 2.500 toneladas de agua”, por lo que, a su juicio, “con 170 toneladas el lago será más bien pequeñito”. Daniel Fanni considera que “170 toneladas parece mucho pero eso es una piscina media” y añade que, “mientras esa agua se aproveche luego tampoco hay que caer en la demagogia”. Carmen Conde resume esta postura en una frase: “Si se pagan ellos el agua, ningún problema”.

Pero estas opiniones son minoritarias frente a la corriente dominante de rechazo. Para muchos lectores, el problema no es solo el agua, sino el mensaje que transmite la autorización de una fiesta privada de estas características en un espacio municipal. Víctor Fernández ironiza: “Ahora sabemos que por 200€ nos dan permiso para tres semanas en ese lugar, para hacer fiestas privadas o lo que dé la gana”.

Coco Roig: “Pienso que el ‘Hay-Untamiento’ deberá dar explicaciones”

El uso del terreno público es otro de los puntos que más enciende a los lectores. Mercedes Ferrer Abárzuza reclama explicaciones: “Me parece fatal. Que lo explique el Ayuntamiento”. Coco Roig también apunta directamente a la institución: “Pienso que el ‘Hay-Untamiento’ deberá dar explicaciones. Andreu Coll Bufí utiliza la ironía para cargar contra los responsables municipales: “Això no és res comparat amb les tones d’aigua que ha usat l’Ajuntament de Sant Antoni rentant-se les mans davant aquesta brutalitat”.

La sensación de que la isla se doblega ante el dinero atraviesa buena parte de los comentarios. Anna Maria Ricco escribe: “Solo existe el dios dinero”. Fertxo Zoriontsu sostiene que “en Ibiza, desde hace mucho tiempo, el que tiene pasta hace lo que quiere” y añade que “hace tiempo que la isla la vienen prostituyendo”. Lourdes Roig Roig lo expresa desde la sensación de pérdida: “Qué vergüenza de gestores. Nos están echando de nuestra propia isla, IBIZA”.

Otros comentarios enlazan la fiesta con la presión turística, la sequía y la desigualdad cotidiana. Luna García Torres compara la situación con las restricciones que sufren los residentes: “No nos podemos quitar la arena de la playa pero para estas cosas sí que se puede usar toda el agua que haga falta”. Pedro Roig Torres insiste en esa idea: “Para l@s ibicencos restricciones y para turistas tooooodo lo que quieran”.

También hay lectores que apuntan al riesgo ambiental y al precedente que puede sentar un evento de este tipo. Loreto Mayol lo define como “un crimen ecológico permitido” y reclama “responsabilidades ya”. Fred Romano advierte: “El problema es que no se quedarían en uno solo”. Para Elionor Ferris Malonda, la situación refleja una deriva preocupante: “Muy mal. Está loca la gente que está viniendo a la isla y peor los que gobiernan. Terminaremos con sequía”.

La fiesta egipcia,, ha dejado así otro debate abierto más allá de la celebración en sí. Para algunos lectores, la cuestión es si el agua se pagó, se reutilizó o era de mar. Para la mayoría, sin embargo, el problema es más amplio: qué se permite en Ibiza, quién lo permite y qué precio real paga la isla cuando el espectáculo privado se impone sobre un recurso tan sensible como el agua.

Entre todas las respuestas, una frase resume el hartazgo de buena parte de los comentarios. La escribe María Ortiz García: “El agua es un tesoro muy necesario y no se tiene que desperdiciar de esta manera”.

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