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Plantas

Cómo salvar las plantas del calor extremo: las claves para regarlas sin dañarlas

Los expertos aconsejan evitar los encharcamientos, elegir las horas más frescas del día y vigilar las señales de deshidratación durante las olas de calor

Gran variedad de cactus y otras plantas resistentes

Gran variedad de cactus y otras plantas resistentes / J.A. Riera

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Ibiza

Las altas temperaturas del verano también ponen a prueba jardines, terrazas y balcones. El calor extremo incrementa las necesidades de agua de las plantas, debilita sus hojas y favorece la aparición de plagas, pero regar en exceso puede resultar tan perjudicial como quedarse corto.

Los especialistas de los viveros ibicencos Agua y Jardín y Jardín Mediterráneo recomiendan actuar con previsión y buscar un equilibrio entre la falta de humedad y el encharcamiento. Estas son las principales claves para proteger las plantas durante una ola de calor.

1. Regar más no significa inundar la maceta

El aumento de las temperaturas puede obligar a incrementar la frecuencia del riego, aunque no la cantidad de agua de forma indiscriminada. Cuando la tierra permanece constantemente empapada, las raíces pierden capacidad para respirar y pueden pudrirse.

El exceso de humedad también crea unas condiciones favorables para la proliferación de hongos. Por eso, antes de volver a regar conviene comprobar el estado del sustrato y asegurarse de que la maceta drena correctamente.

2. Evitar las horas de mayor calor

El momento más adecuado para regar es durante la noche, de madrugada o a primera hora de la mañana. En esas franjas, el agua se evapora con más lentitud y la planta puede aprovechar mejor la humedad.

El riego a mediodía resulta menos eficaz por las elevadas temperaturas. Además, el contraste térmico y la acumulación de agua caliente en determinados recipientes pueden perjudicar las raíces.

3. Es preferible una ligera falta de agua al encharcamiento

Aunque durante una ola de calor no conviene saltarse los riegos, los expertos advierten de que una planta suele tolerar mejor un breve periodo de sed que una humedad constante.

El equilibrio depende de cada especie, del tamaño de la maceta, de su exposición al sol y del tipo de tierra. Las plantas situadas en recipientes pequeños o en terrazas muy soleadas pierden humedad con mayor rapidez.

4. Lavandas, romeros y plantas de temporada requieren atención

Las plantas aromáticas mediterráneas pueden parecer especialmente preparadas para el verano, pero también sufren con la combinación de calor intenso y humedad elevada.

La lavanda y el romero necesitan agua durante los episodios extremos, aunque son sensibles al exceso de riego y a las enfermedades provocadas por hongos. Las plantas de temporada también pueden deteriorarse rápidamente cuando están expuestas durante muchas horas al sol.

5. Cactus y suculentas resisten mejor

Para jardines o terrazas sometidos a temperaturas elevadas, las especies rústicas constituyen una alternativa más sencilla. Los cactus, las plantas suculentas y algunas palmáceas soportan mejor los ambientes secos y requieren menos cuidados.

Los olivos también presentan una buena resistencia siempre que dispongan de una cantidad mínima de agua. En general, escoger especies adaptadas a climas áridos o mediterráneos reduce el riesgo de pérdidas durante el verano.

6. Las hojas avisan de la falta de agua

Una planta deshidratada suele presentar hojas caídas, blandas o con las puntas inclinadas hacia abajo. También puede perder intensidad de color y adoptar tonos amarillos o marrones cuando comienza a quemarse por la exposición al sol.

Estas señales exigen una respuesta rápida. Cuando la planta ya presenta un aspecto muy deteriorado, puede haber sufrido un choque térmico difícil de revertir. La prevención resulta más eficaz que intentar recuperarla cuando el daño ya es visible.

7. Las manchas pueden indicar la presencia de hongos

Las manchas blancas, amarillas o anaranjadas en las hojas, así como la sequedad localizada en ramas enteras, pueden revelar una infección por hongos.

Uno de los errores más habituales consiste en aumentar el riego cuando la planta adquiere un aspecto mustio. Si el problema es fúngico, añadir más agua puede acelerar su deterioro.

Cuando la infección se detecta a tiempo, puede ser necesario aplicar un tratamiento fitosanitario adecuado a la planta y al tipo de hongo. Ante la duda, los especialistas recomiendan consultar a un profesional antes de modificar el riego o utilizar productos específicos.

La principal recomendación para afrontar el calor en Ibiza es anticiparse: observar las plantas a diario, adaptar el agua a las necesidades de cada especie y evitar que el miedo a que se sequen termine provocando el efecto contrario.

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