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Migración

La migración de España a Argelia del siglo XX: Fleurette y Juan visitan Ibiza por última vez, pero el ciclo sigue

Una familia francesa, de origen español, organiza una emotiva fiesta sorpresa para despedir a sus mayores tras 67 años de visitas ininterrumpidas en la isla

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Samia Khenien

Samia Khenien

Santa Eulària

Hay una pareja que hace 67 años no falla a su cita con Ibiza. "Mis abuelos eran de Sant Carles y mis padres vienen sin falta cada verano", explica Fleurette Barranco Ferrer, hija de Fleurette Ferrer Marí y Juan Barranco. "La primera vez que vine a Ibiza fue con 10 años, tenía a mi abuelo e íbamos a su casa y por todo en general a visitar a la familia", recuerda Fleurette madre.

Su familia está atravesada por un fenómeno recurrente en la historia: la migración. Igual que a día de hoy nos llegan pateras de Argelia a las costas Pitiusas, antaño eran los ibicencos y formenterenses los que huían del hambre hacia el país que, por aquel entonces, era colonia francesa.

"Mi madre tiene 88 años y mi padre 89, ya son mayores. Como viven en Francia han decidido que no vendrán más a la isla, porque la edad les impide el viaje", lamenta Barranco. La hija pensó en hacer una fiesta sorpresa para la histórica pareja en el restaurante y hostal Can Mayol en Santa Eulària, donde se hospedan cada verano desde hace unos años. "Intenté invitar a toda la familia con la que pude contactar para que vinieran a este pequeño homenaje: primos, primas, tíos, tías... Unos 30 en total", detalla antes de la fiesta: "Mis padres no saben nada".

De la migración al amor

"Todo empezó cuando los padres de mi madre, María Torres Marí y Marcos Ferrer Colomar, tuvieron que irse desde Ibiza hasta Argelia en 1937. Mi madre nació en 1938 en Argel", cuenta Barranco.

María Torres Marí y Marcos Ferrer Colomar el día de su boda.

María Torres Marí y Marcos Ferrer Colomar el día de su boda. / Archivo personal

"Ella estaba en Argel y yo en Orán, que son dos ciudades en Argelia que están a unos 400 kilómetros de distancia", explica Juan Barranco: "Vino a mi ciudad para asistir a una competición de gimnasia. Ella vino junto a mi primo, que vivía por donde vivía él". "Me dijeron que se llamaba Fleurette, pequeña flor en francés, y cuando oí eso solo pensé 'uau'", asevera sobre el momento en el que la conoció.

"Ella se fue al día siguiente y le estuve escribiendo [cartas] durante cuatro años", asegura el marido: "Iba también cada tanto: me pasaba toda la noche en el tren para ir. Después de llegar, pasaba horas sin poder ir a su casa porque sus padres no querían dejarla fuera y me volvía para trabajar e intentarlo otra vez".

La primera vez de Barranco en Ibiza

Juan Barranco era de familia almeriense y jamás había pisado Ibiza hasta 1959, cuando vinieron de viaje de novios a visitar a la familia. "Cuando vine por primera vez no había nada, tampoco esto", señala el restaurante y los edificios que le rodean. "Dije 'nunca más vuelvo aquí'", bromea Barranco.

Cuando estalló la guerra civil en Argelia, en 1962, la pareja huyó del país y se fueron a Francia con la abuela Torres: "Mi abuelo murió en Argelia", añade Barranco. En aquel entonces se mudaron a un pueblo cercano a París y venían a visitar la isla de la que procedían los abuelos.

Fleurette Ferrer y Juan Barranco el día de su boda.

Fleurette Ferrer y Juan Barranco el día de su boda. / Archivo personal

"En Ibiza no teníamos coche, la carretera no estaba asfaltada. No había nevera, ni televisión", añade Ferrer. "Bebíamos vino que hacíamos nosotros y a mí me salía más bien vinagre", ríe Barranco. "Más tarde nos quedábamos en Cala Llenya donde estábamos los dos solos y repetimos cada año", recalca Ferrer sobre su estancia.

Después nacieron las hijas, Fleurette y Verónica, y Juan y Fleurette visitaban Ibiza con ellas. "Tras las hijas vinieron con los nietos. Ahora he podido venir aquí con mi nieta, su bisnieta", explica Fleurette Barranco.

Exilio doble

"La gente se va al exilio por la economía: los padres de mi madre se fueron de Ibiza porque había mucha pobreza", sostiene Barranco. "Se tuvieron que exiliar de la isla con dolor. Después se tuvieron que exiliar de Argelia por la guerra... Nuestro historial familiar es triste, pero con la familia de Ibiza todo fue muy alegre siempre", justifica sobre por qué les gustaba tanto venir a la isla: "No quería que la última vez que estuvieran en Ibiza fuera triste, por eso quería hacer una fiesta con todos los familiares que amaron toda la vida".

"Yo también vengo cada año con mis hijos y mi nieta porque quiero que conozcan la isla y a todos los de aquí", asevera: "A partir de ahora tendrá esta historia sin mis padres, pero conmigo". Sobre por qué es Ibiza tan especial para esta familia aclara: "Ibiza forma parte de nuestra historia familiar y para nosotros todo el Mediterráneo estamos ligados por un mismo mar".

Juan Barranco con su hija Verónica cuando era bebé.

Juan Barranco con su hija Verónica cuando era bebé. / Archivo personal

La perspectiva ibicenca

"La familia de Fleurette [Ferrer] es inmensa y no ha pasado un año en el que no visiten a todos, tanto los vivos, como los muertos en los cementerios", asegura Marisa Rodríguez Ferrer, la nieta de la prima de María Ferrer: "Nos tienen un cariño inmenso y ahora se despiden de la isla porque no pueden venir más y nos da muchísima pena".

"Ellos no se lo dijeron a la familia que sería la última vez que vendrían, pero nos hemos enterado y por eso les hemos querido rendir este homenaje", afirma Rodríguez.

"En su momento les homenajeó la alcaldesa de Santa Eulària, Carmen Ferrer, que por aquel entonces era concejala, y el presidente del Consell, Vicent Marí, que era alcalde del pueblo, en el Día del Turista", explica la familiar: "Ellos son visitantes muy importantes para nuestra isla porque llevan 67 años viniendo y dan a conocer una historia muy real, la de los que emigraban desde la isla y en concreto desde el pueblo de Sant Carles".

Fleurette y Juan entre Carmen Ferrer y Vicent Marí en el Ayuntamiento de Santa Eulària.

Fleurette y Juan entre Carmen Ferrer y Vicent Marí en el Ayuntamiento de Santa Eulària. / Archivo personal

Rodríguez añade que siempre que vienen, los ibicencos se avisan entre ellos: "Llega agosto y vas preguntando al resto de la familia si ya han visto a los franceses. Cuando alguien afirma 'sí, ya han venido a casa', ya sabes que tardarán poco en venir a la tuya. Nos hemos criado con esta ilusión de que nos venían a visitar y que nos contarían sus historias".

La fiesta con todos

"Ha sido una sorpresa enorme, enorme, enorme", afirma Juan Barranco, después de que su hija le explicara todo lo que habían planificado y los familiares que vendrían a cenar. Su esposa Fleurette no podía parar de reír: "Estoy muy emocionada".

"Hacía bastante tiempo que no veíamos a algunos de los aquí presentes, porque ya no puedo conducir", añade Barranco: "Antes podíamos ir nosotros con el coche, casa por casa, a visitar a todo el mundo". Cuando empieza a contar a los allegados que habían venido, entre veinte y treinta, señala: "Me falta Dios, básicamente".

Preguntado por el secreto para un matrimonio tan largo, Barranco asevera: "¿Secreto? No hay secreto. El secreto era ella y podríamos repetirlo".

La preparación de la celebración

"Santi del hostal Can Mayol me ayudó mucho a preparar esta fiesta", afirma Fleurette Barranco sobre la celebración: "Mis padres hace ocho años que vienen a este hostal porque mi madre no anda muy bien y está muy cerca de la playa, que encima es una playa adaptada a la gente con discapacidad o mayor".

"Yo preparé todo desde Francia, invité a la gente, pero no sabía cómo conseguir que hubiera comida, bebida y todo en general... Él me ayudó con eso y para mí es muy importante", finaliza la hija de este singular matrimonio.

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