Festividad del Carmen
Vicent Ribas, obispo de Ibiza y Formentera: «No puede ser que el Mediterráneo se convierta en una gran tumba»
El obispo de las Pitiusas, Vicent Ribas, dedica la celebración de la Virgen del Carmen a todas las personas que están falleciendo en el Mediterráneo, con especial recuerdo a los dos desaparecidos el pasado sábado al intentar llegar a Formentera.

Alejandra Larrazábal

La misa en honor a la Virgen del Carmen en la iglesia de Sant Elm es la que congrega a los fieles más puntuales. Como cada año, media hora antes de que dé comienzo la ceremonia, siempre a las ocho de la tarde, se confirma que ya se ha concentrado medio centenar de personas en su interior. El fervor por la patrona de la gente del mar es consustancial a la parroquia de San Salvador de la Marina y al barrio que le da nombre, pero hay una razón de calado, más estratégica, que justifica tanta anticipación: es el templo más caluroso y menos aireado de la isla. De ahí que buena parte de la feligresía acuda con premura para asegurarse un asiento junto a uno de los escasos ventiladores.
El Ayuntamiento de Ibiza colabora en la causa repartiendo varios abanicos en todos los bancos, que se acaban quedando cortos para los dos centenares de personas que llenan el templo a rebosar cuando comienza la misa.
Como es habitual, el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, saluda a todas las autoridades presentes, con un mensaje especial dirigido al comisario de la Policía Nacional, Manuel Hernández. Se jubila este viernes, 17 de julio, así que es su último acto oficial.
Tras el protocolo, Ribas dedica sus palabras a marineros y pescadores que buscan protección en la Virgen del Carmen. No se olvida de apelar a los valores cristianos para tener bien presente «a quienes cruzan el Mediterráneo buscando un futuro mejor, muchas veces poniendo sus vidas en manos de las olas».
En su homilía, el obispo reitera el mensaje del papa León XIV, que hace dos semanas viajó a Lampedusa para rezar frente a las tumbas de migrantes ahogados en su travesía, entre ellas la de un bebé. «No puede ser que el Mediterráneo se convierta en una gran tumba», clama, a la vez que llama a orar por las dos personas desaparecidas el pasado sábado cuando trataban de llegar a la costa de Formentera.
La procesión
El Cor Ciutat d’Ibiza despide la misa con la tradicional 'Salve Marinera'. Mientras, frente a la entrada principal de Sant Elm, en la calle Josep Verdera, ya esperan los miembros de la Agrupación Musical Yacente.
La imagen de la Virgen del Carmen sale del templo, a hombros de una representación de las diferentes cofradías de la ciudad. Los músicos la reciben con la 'Marcha Real', realzada por el repique de campanas.
La procesión empieza su recorrido, rodeada de una multitud de gente local a la que se suman numerosos turistas. Al enfilar el carrer de la Mare de Déu, un cofrade encabeza la comitiva con una pértiga y bien atento: tiene la responsabilidad de ir levantando todas las guirnaldas de adorno y el cableado eléctrico que obstaculizan el paso de la talla.
Tras pasar la Costa de sa Drassaneta, toca hacer una pequeña parada reverencial frente a la hornacina que guarda una pequeña imagen de la Virgen del Carmen. La hemeroteca de este diario detalla que esa talla fue instalada y bendecida el 8 de julio de 1944 para sustituir a otra escultura de Nuestra Señora del Rosario que fue destrozada ocho años antes por milicianos republicanos.
Al final de la calle se encuentra otro pequeño altar con otra imagen de la Virgen del Carmen, pero este solo se coloca especialmente para esa jornada. Se trata de una curiosa devoción popular que iniciaron las vecinas del barrio.
Luisa Marí, de la Pensión La Peña, era solo una niña cuando empezó esta tradición. «Debe hacer unos 70 años. Las mujeres pidieron a Amador, de Can Vinyes, que encargara la virgen en Palma, porque él tenía contactos allí».

Detalle del santuario que preparan las vecinas del carrer de la Mare de Déu. / Marcelo Sastre
Desde hace dos décadas, Marí es la custodia de esta talla, una responsabilidad que heredó de Margarita, de Can Puvil. Para adornar este santuario provisional le ha ayudado Vania, una milanesa que tiene una casa en la misma calle. «En el norte no existe esta devoción por la Madonna del Carmine; eso es en el sur, sobre todo en Nápoles», precisa Vania.
La comitiva baja del carrer de la Mare de Déu hacia la plaza de sa Riba, donde la imagen sube a bordo del pesquero ‘Cap Vermell’ para emprender el tramo marinero de la procesión, que culmina con la ofrenda floral en honor a la gente del mar fallecida en plena faena.
Tras regresar a tierra, la Banda Simfònica Ciutat d’Ibiza, dirigida por Damián Boluda, pone la guinda a la jornada, sustituyendo el escenario tradicional del Mercat Vell para estrenarse en la plaza de Sa Peixateria tras su remodelación.
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