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Narcotráfico

"Les digo que voy a llamar a la policía y se ríen": un vecino de Sant Antoni se harta de los camellos que venden droga junto a su tienda

La Guardia Civil y la Policía Local aseguran no poder actuar contra los traficantes que operan en el centro de Sant Antoni, según el testimonio de un comerciante

Trapicheo junto al establecimiento de Enrique y Manuel

Trapicheo junto al establecimiento de Enrique y Manuel / D.I.

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Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

"Esta mañana ya nos hemos peleado con un camello. Le hemos dicho que no se pusiera a vender droga y nos ha dicho, riéndose, que llamemos a la policía. Es horrible". Así comienza el testimonio de Enrique Villena, dueño de Pinturas Santana, una tienda que abrió sus puertas hace nueve meses en pleno centro de Sant Antoni.

Durante el invierno todo fue bien y pudo regentar su negocio con tranquilidad, pero todo cambió hace unos tres meses, cuando un grupo de camellos estableció su punto de venta junto a su tienda, situada al inicio del Carrer del Mar, muy cerca ya del Club Náutico.

Explica a Diario de Ibiza que la pesadilla comenzó a raíz de la redada realizada por el Guardia Civil en el edificio Tanit, uno de los mayores focos de delincuencia de Ibiza. "El edificio es un gueto y lo sabe todo San Antoni", ratifica Enrique, añadiendo que los traficantes "automáticamente pusieron el punto de venta de droga en la esquina" de la calle que está pegada a su tienda.

Triste espectáculo infantil

"Han conseguido que dejen de vender en los pisos, pero ahora se bajan a la calle. Llegan todo tipo de clientes y se ponen a mirar las papelas delante de los niños. Nosotros llevamos abiertos desde septiembre y la verdad es que nos ha jodido bastante. Cualquier día puede venir uno con el mono a robarte o a sacarte la navaja", se lamenta.

Porque este céntrico punto del municipio se encuentra muy cerca del Colegio Santíssima Trinitat y, según denuncia este vecino obligado a contemplar escenas desagradables todos los días, "cada cinco minutos" se produce una escena de compraventa de sustancias estupefacientes a plena luz del día.

"Estoy dentro de la tienda y oigo a uno gritando: ‘¡Oye, que esto no es cocaína, que es ketamina!’. Así estamos todo el día. Y además del colegio, tenemos a dos minutos el ayuntamiento y a 30 segundos la Policía Local", recuerda.

Harto de la situación, ha acudido a la Policía Local, la Guardia Civil y hasta la Policía Nacional, donde le explicaron que ellos no tienen jurisdicción en Sant Antoni. Según relata, en el cuartel de la Benemérita le aseguraron que poner una denuncia no serviría de nada: "Nos dijeron que sabían quiénes eran, pero que por la ley no pueden hacer nada, porque cuando los paran dicen que es para consumo propio. Nos enseñaron hasta las cámaras del municipio. Al final, no pusimos la denuncia".

"Nunca he visto a nadie patrullando"

Un mensaje similar se encontró cuando acudió a denunciar lo que estaba ocurriendo a la Policía Local: "La Policía Local nos dice que no puede hacer nada. Que intentarán pasar más, pero que no pueden hacer nada. En estos tres meses no he visto ni una sola vez pasar a un policía andando. Y estoy aquí desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde. No he visto nunca a nadie patrullando. Pasa un coche una vez cada cuatro o cinco días. Estamos abandonados".

Una vez que ya ha "intentado tocar los puntos", Enrique exhibe su estupefacción ante la falta de respuestas por parte de las autoridades y reconoce que ya no sabe a dónde acudir para conseguir que el Carrer del Mar vuelva a ser una vía normal, sin camellos vendiendo drogas con total impunidad ni consumidores "haciendo cola" para comprarlas con la misma tranquilidad.

"¿Qué más hacemos? Porque estamos pagando 2.000 euros del local de alquiler. Pagamos cuota de autónomos, pagamos cuotas del ayuntamiento, pagamos todo. Y me están vendiendo drogas en la puerta desde hace meses. Y ya no solo eso, también estoy todo el día acojonado pensando que me van a reventar el negocio. Pues no sé qué hacer", se duele.

El comerciante también ha expresado su desesperación a través de las redes sociales. El mensaje lanzado ha tenido tanta repercusión que hasta el alcalde de Sant Antoni, Marcos Serra, le ha llamado para interesarse por su situación. Sin embargo, su denuncia pública también ha provocado que reciba amenazas de muerte.

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