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Drogas

La investigadora Marta Echaves, en Ibiza: «Sin fármacos o drogas no se sostendrían los ritmos actuales de productividad»

La autora madrileña publicó el pasado mes de abril un ensayo sobre la ketamina, ‘Químicas piedades’, que este viernes presenta en Ibiza

Marta Echaves (Madrid, 1990) estará este viernes en Ibiza para presentar en la librería Sa Cultural su ensayo ‘Químicas piedades’.

Marta Echaves (Madrid, 1990) estará este viernes en Ibiza para presentar en la librería Sa Cultural su ensayo ‘Químicas piedades’. / Marta Romero Coll

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Maite Alvite

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Ibiza

La ketamina nació como anestésico, más tarde se empezó a emplear también como droga recreativa y hoy se ha convertido, además, en un antidepresivo. Ese es el recorrido que reconstruye Marta Echaves (Madrid, 1990) en ‘Químicas piedades’, ensayo que presentará este viernes, a las 19.30 horas, en la librería Sa Cultural, en Vila, en un acto organizado por la editorial Cielo Santo y Consumo Cuidado (Harm Reaction Ibiza).

No es la primera vez que esta investigadora y programadora cultural habla del compuesto CI-581, sintetizado por primera vez en 1962 en Estados Unidos para ser utilizado con fines médicos e introducido en la práctica clínica en 1970. Ya habló de esta sustancia psicoactiva en la obra colectiva ‘Working Dead’, escrita junto a Antonio Gómez Villar y María Ruido y publicada en 2019.

Ese ensayo incluía un texto de la autora madrileña titulado ‘Confiad en la piedad química’, en el que hablaba «sobre la relación entre diferentes regímenes de trabajo y el consumo de ciertas sustancias entre la década de los 70 y la actualidad». «La hipótesis que manejaba es que en Occidente, al final, las sustancias legales o ilegales siempre han acompañado a un proceso de domesticación u optimización del cuerpo del trabajador», explica, subrayando la importancia que tienen «esta especie de prótesis para que podamos vivir en condiciones invivibles».

Una de las intenciones de Echaves con este escrito y con el actual ensayo es «cuestionar la brutalidad del capitalismo contemporáneo y entender que, probablemente, sin fármacos o sin drogas no se podrían sostener los ritmos actuales de productividad que requiere el sistema».

«Si uno no tuviese una medicación para el insomnio, un tranquilizante para los ataques de ansiedad o un antidrepresivo cuando aparece una depresión, probablemente habría muchísimas más bajas laborales», reflexiona. «Con este ritmo frenético que impone el capitalismo se desgastan nuestros cuerpos y se saca beneficio de ese desgaste por parte de ciertas industrias», añade. Sustancias como la ketamina, continúa, permiten hacer «una relectura del siglo XX y el XXI para entender las formas de control social que se desarrollan en este período».

La investigadora madrileña quiso retomar la investigación que había arrancado en ‘Working Dead’ en ‘Químicas piedades’ para centrarse más en el presente. Quería contar la historia de la ketamina y «cómo ha acabado convirtiéndose en una medicación, que ahora mismo se administra en hospitales públicos de España».

El renacimiento psicodélico

A Echaves le interesaba, dice, ahondar en «el renacimiento psicodélico». Este fenómeno lo describe como «una operación» orquestada por «la industria farmacéutica, ciertas empresas de Silicon Valley y algunas universidades de élite del norte global para investigar y potenciar el uso de sustancias hasta entonces ilegales, como el MDMA, la psilocibina, el LSD, el DMT o la ketamina, como tratamiento psicodélido para afecciones mentales como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático».

Marta Echaves.

Marta Echaves. / Marta Romero Coll

Para poder explicar esta realidad, decidió poner el foco en la ketamina, que es la única sustancia psicodélica que la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU) aprobó en 2019. En concreto, detalla, la agencia norteamericana dio el visto bueno a un derivado llamado esketamina. Se aprobó en forma de aerosol nasal con el nombre comercial de Spravato para tratar la depresión grave en adultos que no mejoran con otros medicamentos. Un frasco vale 500 euros, cuando la ketamina genérica cuesta 50 céntimos.

Pero antes de entrar más de lleno en este tema, Echaves repasa brevemente la historia de la ketamina, que empezó a utilizarse como «anestésico en los 70 en la guerra de Vietnam» y que se usa, desde hace décadas, en hospitales y en la práctica veterinaria. Se le consideró «anestésico disociativo porque empezó a observarse que a los pacientes a los que se les administraba tenían una serie de alucinaciones o sensaciones de disociación», explica.

«A partir de los 70 y sobre todo en los 90 es cuando esta sustancia de alguna forma se escapa del ámbito hospitalario y empieza a tener ciertos usos recreativos», señala. Con el estallido del covid, continúa, «el consumo como droga recreativa aumenta bastante y, justo un año antes, en 2019, es cuando se empieza a administrar como antidepresivo». La ketamina, por tanto, es un medicamento legal para uso médico y veterinario. Sin embargo su posesión, consumo recreativo o tráfico fuera del ámbito sanitario autorizado es completamente ilegal. La autora se pregunta si, a medida, que se incremente su uso médico, se perseguirá más su empleo como droga recreativa.

Los riesgos

La investigadora también alerta de los riesgos que tiene el consumo ya sea de ketamina genérica o del Spravato. Existe el peligro de «habituación», aunque, apunta, «el riesgo de adicción es mucho menor que el de otras sustancias como la cocaína o el alcohol o que analgésicos opioides como el Tramadol». «Como puede crear dependencia, el Spravato se administra solo en el hospital y el paciente no se lo puede autoadministrar en casa», detalla. También su consumo habitual puede provocar «problemas en la vejiga».

Asimismo, apunta al «riesgo de la desinformación». «Hay personal que administra esta medicación y que no tiene la formación para hacer una integración psicoterapeútica de la esketamina», asegura, achacando esta problemática a «la precariedad de la sanidad pública».

Precisamente, ‘Químicas piedades’ tiene una clara «voluntad pedagógica». Como comenta Echaves, «vivimos en un contexto donde, a veces, como pacientes consumimos fármacos sin tener toda la información». El libro de la investigadora madrileña puede servir de guía a quienes reciben tratamiento con esketamina: además de explicar la historia de la sustancia y cómo actúa como antidepresivo, pueden descubrir «qué entramado de intereses políticos y económicos hay detrás de la patente de Spravato».

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