Arte
Dominique Sanson, de pianista de rock en discotecas de Ibiza a pintor autodidacta: "Los mejores cuadros muchas veces salen de errores"
El artista, que llegó a la isla en 1970, expone 21 cuadros sobre la historia de Ibiza en el Club Diario

Dominique Sanson posa en el Club Diario de Ibiza / Marcelo Sastre
Dominique Sanson (París, 1949) llegó a Ibiza en 1970 para pasar quince días de vacaciones y nunca se terminó de marchar. De pianista de rock en las discotecas de la isla pasó a pintor autodidacta, y desde entonces ha dedicado buena parte de su obra a retratar, desde su óptica, la historia de Ibiza. Este jueves 16 de julio inaugura en el Club Diario de Ibiza (19 horas) una muestra con los 21 cuadros de esa serie, además de otras diez piezas, que podrá visitarse hasta el 31 de julio.
Sanson nos recibe rodeado de sus propios cuadros, todavía apoyados contra la pared en el Club Diario de Ibiza a la espera de que mañana cuelguen definitivamente. Antes de sentarse a hablar, no puede evitar levantarse una y otra vez para señalar alguno que otro: "Mira, este me gusta mucho", repite, mientras cuenta lo que esconde cada escena. Dentro de la sala, entre lienzos de fenicios, catalanes y hippies, el tiempo parece detenerse un poco.
Vino a la isla hace más de 50 años, ¿qué le hizo acabar en Ibiza?
Llegué en el 1970 para pasar quince días con un amigo. Yo vivía en París, vengo de una familia muy estricta, y cuando llegué aquí me encontré con unos amigos franceses, músicos; aluciné con todo: las playas, las fincas, el campo, los pocos hoteles que había... A los quince días me dijeron: "¿Por qué no te quedas con nosotros y tocamos música?". Tocábamos en el Lola's, una de las pocas discotecas que había.
¿Cuándo dio el salto a la pintura?
Al principio trabajaba como pianista, pero poco después me puse a pintar y diseñar letreros para ganarme la vida. He pintado toda mi vida, y cuando empecé a vender cuadros me fue bastante bien. Al principio, en los setenta, nadie compraba pintura. Pero a partir de los noventa, y hasta hace diez años, me fue muy bien. Entonces existía la clase media: la gente pasaba por el estudio, entraba y decía "esto me gusta, ¿cuánto vale?". Ahora ya no hay clase media. Los pobres no compran, y los ricos solo compran lo que diga una galería de Londres.

Dominique Sanson durante la entrevista en el Club Diario de Ibiza. / Marcelo Sastre
¿Qué fue lo que le inspiró a pintar sobre Ibiza?
Es difícil de explicar, porque no es solo lo físico de la isla. Me gustaba mucho la gente ibicenca: los paisajes eran increíbles, pero había un calor en las relaciones, una hospitalidad, un humor muy especial. Con el paso del tiempo también empecé a mirar la historia. En aquellos tiempos veías una ruina y no sabías si era de una finca de hacía cincuenta años o una huella púnica. Todo olía a historia, a riqueza histórica. Y en cierto momento se me ocurrió pintar la historia de Ibiza, siempre a mi manera. No soy historiador ni pretendo serlo, sobre todo porque para mí la historia es un invento: los vencedores la escriben a su manera.
Estuvo dos años investigando para la exposición "La Historia de Ibiza"...
Sí, leí todo lo que pude. En aquella época no había Internet así que pasaba horas en la biblioteca de Can Ventosa, en Santa Eulària, incluso hablé con historiadores de aquí. Aun así, hoy en día es muy difícil saber exactamente qué pasó. Desde que hice esta serie se han hecho muchos descubrimientos. Durante todo el periodo bizantino y de los vándalos, cuatro siglos, aquí casi no había nada, a lo mejor mil o tres mil personas en toda la isla. Tampoco había documentación escrita ni piedras esculpidas. Por aquí pasó todo el mundo: fenicios, cartagineses, romanos, árabes, catalanes... y los turistas también.
En ese proceso de investigar e ir pintando, ¿hubo cosas que le sorprendió descubrir?
Un montón. Un noventa por ciento. Yo pensaba que sabía algo de historia, pero no sabía nada en realidad. Sabía lo que todos sabemos de la escuela y poco más.
¿Qué vamos a encontrar en esta muestra exactamente? ¿Algo de 'La Galaxia Humana', de 'La Historia de Ibiza', obras nuevas?
'La Galaxia Humana' es un tema completamente aparte, son cuadros de ocho metros por dos. Aquí he traído la serie de la historia de Ibiza, que no puedo separar, es todo un conjunto. Son 21 piezas de esta serie y diez cuadros más asociados a la idea de Ibiza.
¿Qué es lo que más le gusta de vivir en Ibiza? Porque ha cambiado mucho...
Cuando llegué esto parecía el siglo XVII. Ibas a una finca, cruzabas el campo, y la gente vivía como en el siglo XVII, con el carro, con la mula. Ahora parece que estamos en el siglo XXII. Ha cambiado un montón, y para mí, no a mejor, pero sigue siendo bonito. Ibiza tiene una cualidad: si sales de la ciudad, de repente vuelves a caer en un campo muy bonito. En la Península vives en una ciudad y tienes que hacer treinta kilómetros para ver campo. Aquí estás en el caos y, de repente, belleza.
¿Se sintió integrado cuando llegó a Ibiza? ¿Eso le hizo quedarse a vivir?
Hablaba castellano, eso facilitó las cosas. Y sí, me sentí integrado, no sabría explicarlo mejor. Desde que vine aquí siempre he vuelto. Me he mudado tres veces pensando que era para siempre -a Chile cinco años, a Costa Rica- y al poco tiempo estaba de vuelta.

El pintor francés posando con uno de sus cuadros. / Marcelo Sastre
Cómo es su proceso creativo a la hora de ponerse a pinta, ¿le llega la inspiración o tiene una rutina?
Un poco de todo. Antes era muy vago, y sigo siéndolo, pero llega un momento en que te das cuenta de que hay que ponerle horas. Tenía un estudio y ahí le metía ocho horas. Eso también hace que salgan un montón de cosas mediocres, pero si le echas horas, siempre aparece algo interesante, algo que tenías en la cabeza, que es el resultado de una acumulación de errores. Los mejores cuadros muchas veces salen de un error: vas planeando un paisaje bien equilibrado, con el número de oro, cometes un error dramático, y de repente dices "esto era mucho mejor".
¿Y qué es lo próximo que le gustaría pintar? ¿Hay algo pendiente?
Me gustaría volver a pintar la época hippie, porque creo que es una época que se menosprecia un poco. Había de todo, como en cualquier época, pero me gustaría ilustrar ese momento armonioso entre ibicencos e hippies. Me acuerdo, por ejemplo, del Bar Costa en Santa Gertrudis, era un punto de encuentro de gente que volvía de la India, de todas partes, con unas personalidades alucinantes.
¿Qué es lo que siente que el público se lleva más de sus obras?
Hay un problema hoy en día con el arte moderno y el concepto de "arte". Antes la gente veía una obra y decía "me gusta, ¿cuánto vale?, me lo compro". Hoy tiene que ser únicamente lo que te digan que vale. La mayoría del arte moderno, salvo unas cuantas excepciones -hay abstractos muy buenos-, no me gusta. La gente ya no se interesa por eso, prefiere conceptos, ideas: lo del plátano, lo de la bombilla, lo de la cama...
¿Cómo describiría lo que pinta?
Como un placer. Es un modo de expresión que a uno le toca, o no le toca. Yo, por ejemplo, no soy elocuente, hablar no es lo que mejor se me da, pero cuando pinto puedo expresar muchas ideas juntas, en un mismo cuadro.
Suscríbete para seguir leyendo
- Crianza, concursos, serpientes y precios elevados: algunos de los retos a los que se enfrentan los criadores de pájaros en Ibiza
- Absuelven al exdueño de la discoteca de Ibiza Privilege, acusado de intentar engañar a Matutes
- Es una vergüenza para los que tenemos barco. Esto debe estar gobernado por palurdos y paletos': la surrealista y vergonzante queja de una turista en Ibiza
- Cómo salvar las plantas del calor extremo: las claves para regarlas sin dañarlas
- Una gran fiesta privada organizada por una famosa agencia internacional convoca a más de 300 invitados en sa Pedrera de Sant Antoni
- Compran todas las langostas de un restaurante de Ibiza para liberarlas en el mar: '2.600 euros la joda
- Rescatan a una senderista tras sufrir un golpe de calor en una de las zonas más peligrosas de Ibiza
- La memoria de Ibiza se activa con la vuelta de Manumission: 'No había tregua, todos los días eran una fiesta', recuerda Antonia Rb
