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Campaña de bicicletas solidarias

Las 250 bicicletas solidarias de Ibiza por fin llegarán a los niños de Senegal

La campaña, impulsada por la activista Alba Pau, se paralizó durante diez meses por la complicada burocracia senegalesa

Alba Pau junto al contenedor con las 250 bicicletas donadas.

Alba Pau junto al contenedor con las 250 bicicletas donadas. / Vicent Marí

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Almudena García

Almudena García

Ibiza ha vuelto a demostrar ser solidaria, pero Alba Pau y la Fundación Conciencia, incansables. "Nos han hecho la vida imposible durante diez meses, pero merece la pena solo por la cara que pondrán los niños cuando vean esas bicis", explica este martes la impulsora de la campaña, mientras observa cómo las bicicletas son cargadas en el contenedor instalado en el espacio deportivo de Santa Gertrudis. Por fin, diez meses después, las 250 bicicletas de segunda mano llegarán a la escuela Mare Paule Lapique de Senegal.

"Como he repetido un millón de veces, Ibiza es totalmente solidaria. Los ibicencos han sido quienes han donado estas 250 bicis; lo que pasa es como siempre, la burrocracia, porque no tiene otro nombre, nos ha hecho esperar diez meses". Esta no es la primera vez que Pau organiza una campaña de donación de bicicletas a África, en ediciones anteriores aterrizaron en Marruecos y Tanzania.

El objetivo era claro: ofrecer un medio de transporte a los alumnos de la escuela 'Mare Paule Lapique', en la localidad senegalesa de Sanghé, para facilitar los largos desplazamientos diarios hasta el colegio y los comedores sociales.

La campaña comenzó el pasado mes de diciembre, cuando Pau volvió a hacer un llamamiento a los ibicencos para donar bicicletas que permanecían olvidadas en garajes, trasteros o "bajo un algarrobo". En apenas unas semanas, la respuesta desbordó todas las previsiones. Llegaron cerca de 300 bicicletas, muchas de ellas procedentes de particulares, aunque también de los ayuntamientos de Vila, Sant Antoni y Santa Eulària, que cedieron bicicletas abandonadas o no reclamadas tras ser recuperadas por la Policía Local.

El 14 de febrero todo parecía estar a punto para que el contenedor recogiese las bicis y las llevase rumbo a Senegal, el itinerario estaba claro. Explicaba Pau entonces: "Viajarán primero a Valencia, luego a Canarias y de allí a Dakar. Después un camión las transportará al colegio". Pero de un día para otro, la normativa del gobierno senegalés cambió.

La burocracia que paralizó todo

Con todos los permisos previamente aceptados, un cambio de Gobierno en Senegal prohibió la entrada de coches de segunda mano en el país, las bicicletas entraban dentro de ese bloque. "Los niños que tenían que recibir estas bicicletas las esperaban con ilusión, caminan más de una hora cada día para ir al colegio y en realidad lo hacen para poder comer caliente", cuenta la ibicenca. Ahora las bicicletas descansan detrás de ella, apiladas en un enorme contenedor rojo que en unas horas pondrá rumbo al puerto.

El contenedor que guarda las bicicletas de Alba Pau en Santa Gertrudis.

El contenedor que guarda las bicicletas de Alba Pau en Santa Gertrudis. / Vicent Marí

"Quería que esas bicis llegasen y llamé a todo el mundo", insiste Pau. La Fundación Abel Matutes desempeñó un papel importante para desbloquear la situación. "El propio Abel Matutes me puso en contacto con Baleària, y con ellos con el cuerpo diplomático de Senegal", admite la activista; pero se queja de la "poca flexibilidad" del organismo africano: "Pretendían que comprásemos 200 bicicletas en Senegal y se las regalásemos a los niños, pero les explicamos que éramos una fundación pobre y que vivíamos de lo que nos daban las asociaciones".

Desde la Casa Real al Ministerio de Defensa

Las llamadas fueron interminables. Contactaron incluso con la Casa Real. "Nos dijeron que no tienen permitido ayudar a ONG", recuerda Pau. Aunque muchos intentaron echar una mano, Senegal seguía sin autorizar la entrada de las bicicletas

El punto de inflexión llegó de la mano del Ejército. España mantiene un contingente militar en Senegal y esa vía permitió establecer contacto con las religiosas que gestionan la escuela 'Mare Paule Lapique', destinataria de las bicicletas. "Los militares vinieron a España, comprobaron que toda la documentación estaba en regla, que las bicicletas no eran robadas y poco después nos llamaron del Ministerio de Defensa para decirnos que en octubre podrían viajar en barco", explica.

La solución final llegó de la forma más inesperada. Una amiga de Pau, doctora en Madrid, comentó el problema a un conocido del Ministerio. "No sé ni cómo, pero hace una semana nos llamaron para decirnos que ya podíamos mandar las bicicletas". A partir de ese momento, la carrera fue contrarreloj. "Hemos tenido que enviar decenas de documentos en pocos días, el papeleo ha sido infinito, pero ya se ha conseguido", celebra.

Las bicicletas apliadas en el interior del contenedor.

Las bicicletas apliadas en el interior del contenedor. / Vicent Marí

A primera hora de la mañana, una decena de voluntarios trabajaban para encajar las 250 bicicletas en el enorme contenedor rojo. "Cuando vimos el contenedor creíamos que iba a quedar medio vacío, pero había muchas más bicicletas de las que recordábamos. Al final han cabido perfectamente", comenta Pau mientras observa cómo las últimas quedan sujetas para iniciar el viaje.

Si todo transcurre según lo previsto, las bicicletas llegarán a Senegal la próxima semana. "Entonces dormiré tranquila, porque lo prometido es deuda", concluye Pau. Y, entre risas, lanza una última petición después de diez meses de gestiones: "Ahora que no me hablen más de bicicletas. Todavía me sigue llamando gente para preguntarme si recojo más".

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