Memoria histórica
La memoria desmonta la pista del polvorín en la posible fosa franquista de Sant Llorenç: a la búsqueda de los restos de Bartolomé Marí y Joan Ramon Roig
Los argumentos que situaban a dos víctimas de la represión franquista en el polvorín de Sant Llorenç de Balàfia pierden solidez documental
Un estudio del Govern balear revisa la vinculación de dos represaliados franquistas con el antiguo polvorín de Sant Llorenç de Balàfia

Bartolomé Marí Marí (a la dERECHA). / 'Els Morts', J. M. L. Romero

La posible fosa de Sant Llorenç de Balàfia, una de las incógnitas abiertas sobre la represión franquista en Ibiza, acaba de recibir una nueva lectura histórica. El estudio elaborado en el marco del IV Pla de Fosses del Govern balear revisa la información disponible sobre este enclave y plantea una conclusión relevante: los argumentos que hasta ahora vinculaban el asesinato y enterramiento de dos represaliados con el antiguo polvorín de Sant Llorenç no se sostienen documentalmente.
El Govern de les Illes Balears ha publicado los estudios del IV Pla de Fosses, una colección de veinte trabajos de investigación sobre la Guerra Civil, las fosas y la memoria democrática en el archipiélago. Entre ellos figura el informe dedicado a la posible fosa de Sant Llorenç de Balàfia, en Ibiza, y a varios enclaves de Formentera. Un volumen que firma Pablo Galera Pérez, coordinado por Jaume Claret Miranda y ejecutado por UTE Aranzadi Atics. El objetivo de estos estudios es revisar el contexto histórico, completar el censo de víctimas vinculadas a cada lugar y valorar la viabilidad de futuras intervenciones arqueológicas.

Volumen dedicado a Balàfia y Formentera. / Caib
En el caso de Sant Llorenç, las dos víctimas asociadas hasta ahora a la posible fosa son Bartolomé Marí Marí, conocido como Planet, vecino de Sant Vicent de sa Cala, y Joan Ramon Roig, de Can Vildo, vinculado a Sant Miquel y Sant Llorenç. Ambos fueron represaliados durante el otoño de 1936. La historiografía previa había planteado la hipótesis de que los dos pudieron ser retenidos o asesinados en el denominado polvorín de Sant Llorenç. El nuevo informe, sin embargo, desmonta esa posibilidad.
La primera referencia a la posible fosa fue planteada en 2006 por José Miguel L. Romero (redactor de Diario de Ibiza) en 'Els Morts. Les víctimes de la Guerra Civil a Eivissa i Formentera, 1936-1945'. En esa obra se recogía que, según testimonios familiares, el cadáver de Bartolomé Marí Marí habría sido enterrado en una cuneta de Sant Llorenç, aunque se desconocía el punto exacto. Su acta de defunción, inscrita el 10 de diciembre de 1939, señalaba que había muerto en noviembre de 1936 “a consecuencia de la guerra” y que su cadáver debía recibir sepultura en el cementerio de Sant Llorenç.
El informe señala que la literalidad del documento parece apuntar al cementerio parroquial de Sant Llorenç, aunque no permite cerrar definitivamente la ubicación. Además, recuerda que Bartolomé Marí Marí no era vecino de Sant Llorenç, sino de Sant Vicent. Por ello, los investigadores plantean que la inscripción pudo estar condicionada por la información de la que disponía la familia en aquel momento, tres años después de su muerte.
Las dos víctimas: Bartolomé Marí y Joan Ramon Roig
Bartolomé Marí Marí era agricultor, nacido en 1903, casado con Catalina Marí Marí y padre de dos hijos. Según la documentación analizada, formó parte del Comité del Frente Popular de Sant Vicent y del Comité Revolucionario de la misma parroquia, en ambos casos como secretario. Su nombre aparece después en informes represivos elaborados por la Guardia Civil y en la Causa 437/1937, donde se le atribuían distintas actuaciones durante el periodo republicano en la isla.

Bartolomé Marí Marí (a la derecha). / 'Els Morts', J. M. L. Romero
La segunda víctima vinculada a esta posible fosa es Joan Ramon Roig, natural de Sant Miquel y residente en Can Joan d’en Vildo de Dalt. Su acta de defunción fue inscrita el 16 de abril de 1940, más de tres años después de los hechos. En ella no aparece el día exacto de la muerte, solo “el mes de noviembre de 1936”, y se indica que fue “fusilado”. Según el informe, se trata del único caso del registro de defunciones de Sant Joan en el que se especifica esa circunstancia.
Joan Ramon Roig era agricultor, nacido en 1888, casado con Catalina Escandell Sala y padre de ocho hijos. La documentación lo vincula con el Comité Revolucionario de Sant Miquel, donde habría ejercido como vocal. Pero la gran aportación del informe no procede solo de los archivos, sino también del testimonio de su hijo Antoni Ramon Escandell, nacido en 1934 y único hijo vivo de la víctima cuando se realizó la investigación. Antoni Ramon Escandell apenas tenía dos años cuando su padre fue detenido, pero de adulto recibió información de un vecino de Sant Joan que, según su relato, fue testigo del traslado de Joan Ramon Roig. Ese testimonio sitúa un posible giro en la investigación: su padre no habría sido asesinado en el polvorín de Sant Llorenç, sino trasladado al cementerio parroquial de Jesús, donde habría sido ejecutado y enterrado junto a otra persona llamada Mariano, familiar político de la víctima.

Retrato de Joan Ramon Roig i Catalina Escandell Sala. / caib
El informe considera que el testimonio de Antoni Ramon Escandell tiene un “considerable grado de verosimilitud”, especialmente porque algunas referencias cronológicas, toponímicas y familiares han podido contrastarse con documentación histórica. Según ese relato, Joan Ramon Roig fue detenido de noche en su casa, en lo que habría sido un segundo intento de arresto, ya que de uno anterior habría logrado escapar. El traslado se produjo, al menos, con otra persona, Mariano, y ambos habrían sido conducidos al cementerio de Jesús.
Este testimonio abre una vía completamente nueva: la posible vinculación del cementerio parroquial de Jesús con la represión franquista en Ibiza. Los investigadores consultaron el archivo parroquial, pero no encontraron documentación sobre el uso funerario del cementerio en aquellas fechas. Sí pudieron analizar el recinto y sus dinámicas históricas de enterramiento, caracterizadas por la reutilización periódica del espacio, el traslado de restos al osario y la ausencia de una sectorización clara por motivos sociales o de culto.
El estudio no propone una intervención arqueológica en Jesús
Aun así, el estudio no propone por ahora una intervención arqueológica en Jesús. Tampoco la propone en Sant Llorenç. La razón principal es la falta de datos suficientes para delimitar una zona concreta de excavación. En el caso de Bartolomé Marí Marí, la documentación permite pensar que pudo ser sepultado en algún lugar de la parroquia de Sant Llorenç, quizá incluso en su cementerio, pero no aporta una localización precisa. En el caso de Joan Ramon Roig, el testimonio familiar apunta hacia Jesús, pero tampoco permite ubicar una fosa con garantías.
La otra gran conclusión del informe afecta al polvorín de Sant Llorenç. Hasta ahora, algunos testimonios y publicaciones habían asociado ese lugar a los hechos. Sin embargo, la investigación ha localizado documentación sobre la expropiación de los terrenos donde se levantó el polvorín. Esos documentos, fechados en 1944, indican que las instalaciones se edificaron después de la Guerra Civil y, en todo caso, con posterioridad a noviembre de 1936. Por tanto, no pudieron ser el lugar donde se retuvo o asesinó a las víctimas en aquel momento.

Polvorín de Sant Llorenç. / Pablo Galera
El estudio es tajante en este punto: la versión que situaba a las víctimas en el polvorín debe descartarse. La investigación considera “inconsistentes” los argumentos que permitirían plantear una intervención arqueológica destinada a localizar una posible fosa en el término de Sant Llorenç de Balàfia. No descarta que Bartolomé Marí Marí fuera enterrado en algún punto de la parroquia ni que Joan Ramon Roig pueda estar en Jesús o incluso en el Cementeri Vell de Ibiza, pero advierte de que la información disponible no permite actuar sobre el terreno con una hipótesis sólida.
Por eso, una de las medidas adoptadas durante la investigación fue tomar una muestra genética a Antoni Ramon Escandell, hijo de Joan Ramon Roig, para incorporarla al banco de datos genéticos vinculado a las intervenciones ya realizadas en el cementerio viejo. Es una forma de mantener abierta la posibilidad de identificación si en el futuro apareciesen restos compatibles.
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