Litoral
Paolo Colombo, gerente de uno de los chiringuitos de Cala Llonga: "Hay muchas cosas que no cuadran"
El Ayuntamiento de Santa Eulària comunicó a principios del verano pasado la imposibilidad de abrir el chiringuito, gestionado desde 2020 por Colombo.

El antiguo Kiosko Pedro, ahora La Casa On The Beach. / Vicent Marí
El chiringuito de color verde situado a la izquierda de la playa, conocido como el Kiosko Pedro y renombrado La Casa On The Beach, lo gestionaba Paolo Colombo desde 2020. El local, propiedad de su suegro, tiene una larga historia familiar, pero este italiano se hizo con él porque ya contaba con experiencia en la hostelería. En 2024 les llegó el primer aviso de Costas y ese verano ya trabajaron con algunas restricciones, pero lo que no se esperaban era la llamada del Ayuntamiento de Santa Eulària a principios del verano del año pasado.
"El 15 de junio ya teníamos los kioscos listos para abrir, con todo el personal contratado, la estructura pintada y los baños -que sufren vandalismo todos los inviernos- arreglados. Nos llamó el Ayuntamiento y nos avisó de que este año no podríamos abrir. Tuve que despedir a los trabajadores en nómina y perder todo lo que había invertido", explica el gerente a este diario.
El empresario explica que ha estado investigando sobre cuál fue el motivo que les obligó a cerrar, remontándose a los años en que todavía no gestionaba el negocio. "Si se cumple la normativa, los afectados no solo serían los kioskos, la zona también incluye el parque infantil, las pasarelas de hormigón y las escaleras que bajan de los hoteles hacia la playa. Según Costas, todo esto tendría que desaparecer. Es un pack completo", asegura Colombo.
En 2007, el Ayuntamiento solicitó la renovación de los permisos de explotación de estos dos chiringuitos: "En 2022 llegó una respuesta negativa de Costas. Pasaron 15 años en los que nadie contestó", lamenta el propietario en relación al tiempo transcurrido desde la solicitud del Consistorio. El lío vino en 2015, cuando la ley cambió por completo y dejaron de admitirse este tipo de construcciones en las playas.
"Si nosotros hubiéramos recibido una contestación antes de 2015, cuando cambió la normativa, se hubieran renovado los permisos durante varios años. Algunos negocios de la isla tuvieron la suerte de renovar antes y nosotros, no", se queja.
Desde que recibieron la primera multa en 2024 han estado luchando por "hacer ruido" y demostrar a Costas que la nueva normativa debe aplicarse según las circunstancias: "Espero que las personas que toman las decisiones piensen de forma individual, caso por caso. No es lo mismo quitar la concesión a alguien que la ha puesto ilegal y se ha beneficiado, que a negocios que llevan toda la vida. Hemos insistido en que cuando se construyeron estos kioscos no había ningún negocio alrededor, por lo tanto entraban dentro de la normativa; los restaurantes y los apartamentos llegaron después".
Un gran apoyo vecinal
Durante la conversación, el empresario repite que agradece "infinitamente" el apoyo que le ha brindado la Asociación de Vecinos de Cala Llonga desde el primer minuto: "Es un pueblo pequeño, no es un gran núcleo turístico como sí lo son Platja d’en Bossa o Sant Antoni. Tener esta movilización por parte también de los visitantes es impresionante".
Colombo reconoce que le ha sorprendido el enfado de muchos turistas, sobre todo de ingleses y holandeses, en redes sociales. En total, asegura que han recopilado 30.000 interacciones y más de 1.000 comentarios en las publicaciones relacionadas con la demolición de los chiringuitos.
"Hay muchas cosas que no cuadran. Yo ya me he puesto en contacto con Costas pero aún espero una contestación. Por el momento no parece que podamos volver a abrir, pero tengo esperanza, porque la esperanza es lo último que se pierde", concluye.
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