Historia
"No había 'marketing' ni 'merchandising'; mandaba la música, no la imagen": Así recuerda el primer encargado de Amnesia sus inicios en una casa payesa de Ibiza
Javier Sandoval, responsable de la discoteca entre abril y septiembre de 1976, reconstruye los primeros meses del club: "Todo era boca a boca"
La primera boutique en el 1984 y los comienzos del 'Balearic Beat' relatada por Ulises Braun, promotor de la discoteca en ese entonces.

Javier Sandoval, primer encargado de Amnesia en una fiesta en el verano del año de su apertura, 1976 / Javier Sandoval

No existían las campañas de marketing ni los departamentos de comunicación. Tampoco había redes sociales, estrategias de marca, fotógrafos documentándolo todo o sesiones de contenido para promocionar un local. Según recuerda Javier Sandoval Álvarez, el encargado de los inicios de Amnesia, entonces había hippies, personas pasándolo bien y una palabra que resume aquella época: "Libertad". Así nació Amnesia hace 50 años.
Bastaban una casa payesa, música en directo, un par de camareras, cenas sencillas, copas y el "boca a boca", sostiene el hombre que dirigió el día a día de la discoteca durante sus primeros meses de vida y que, medio siglo después, reconstruye para Diario de Ibiza cómo era aquel proyecto que nadie imaginaba que acabaría convirtiéndose en uno de los clubes más famosos del mundo.
"Era una casa rural tradicional con sesiones de jam, dos camareras, cena, copas y entrada libre", resume Sandoval. "No existía la tiranía que hay ahora de la imagen. No tengo casi fotos de aquella época. La música era lo que mandaba". En su relato, aquella primera Amnesia "poco tenía que ver con la actual": no había grandes producciones, reservados VIP ni campañas publicitarias. El público, afirma, llegaba porque alguien le hablaba del sitio.

Javier Sandoval junto al empresario José María Menéndez, principal financiador de Amnesia, durante una reunión en Ibiza previa a la puesta en marcha del proyecto, en 1976 / Javier Sandoval
Sesiones de 'jam', entrada gratuita y "libertad"
Según publicó Diario de Ibiza en anteriores reportajes sobre Antonio Escohotado (fallecido en 2021), Amnesia nació en 1976 después del cierre del bar 'La Tierra', en el puerto de Vila, donde se reunía parte de aquella "tribu" de amigos. En ese contexto, Escohotado impulsó, junto a Manuel Sáenz de Heredia, el proyecto de una casa de campo donde escuchar música en directo. Aquel espacio, según esas mismas publicaciones, llegó a pensarse inicialmente con el nombre de 'El taller del olvido'.
Sandoval completa esa versión y cuenta que Escohotado, Manuel Sáenz de Heredia y Rafael Aracil intentaron poner en marcha el proyecto con 900.000 pesetas, pero el dinero se agotó pronto. Fue entonces cuando acudieron al rescate José María Menéndez, empresario asturiano que "puso el dinero para que fuera Amnesia", recuerda Sandoval, y añade que "en total, no llegó a los tres millones de pesetas".
Y así fue cómo Sandoval llegó a Ibiza precisamente por encargo de Menéndez. Venía de organizar una gira por España del teatro de 'Marionetas de Salzburgo' y un amigo en común habló de él al empresario. "José María me preguntó si me quedaría aquí a organizar aquello y le dije que sí". Lo que el encargado de aquel momento encontró fue una finca prácticamente vacía y un "proyecto todavía por construir", recuerda.
"Yo lo hacía todo y estaba bastante solo", remomora Sandoval, sin rodeos. Además, según relata, su trabajo iba mucho más allá del de un encargado: contrató al personal, compró el equipo de sonido, organizó la barra, equipó el restaurante, se ocupó del suministro de agua y bebidas, pagaba a los trabajadores, hacía los ingresos en el banco y resolvía los problemas que iban surgiendo cada día.
Hasta el aparcamiento pasó por sus manos. "El día de la inauguración, el martes 13 de julio de 1976, a las nueve de la noche estaba con un camión de grava y una pala preparando el parking porque el camino era de tierra. Una hora después, me fui corriendo a casa, me duché y volví para recibir a la gente", evoca.
Una casa payesa convertida en punto de encuentro
Según describe Sandoval, la Amnesia de ese entonces estaba muy lejos del concepto actual de discoteca. Había restaurante, se servían hamburguesas, perritos calientes y carne a la parrilla y algunas personas llegaban sobre las diez de la noche para cenar y conversar. Más tarde empezaba la música en directo. "Era completamente libre. Aquello no estaba formateado ni estructurado", detalla.
La música, corría a cargo de un grupo liderado por un músico argentino que organizaba improvisadas sesiones de jam. A veces, añade, se sumaban músicos británicos que pasaban por Ibiza, incluso integrantes de bandas internacionales. "No les pagábamos. Tocaban por las copas y porque les gustaba hacerlo", explica Sandoval.

Amnesia, ya consolidada como discoteca, durante la closing party de 2001. / Amnesia
"No se cobraba entrada. Las copas eran algo más baratas y había muy buen ambiente. No había peleas, ni barullo". En aquellos primeros meses, asegura, los propios impulsores del proyecto apenas frecuentaban el local. "Tono [haciendo referencia a Antonio Escohotado] participó muy poco. Pensaban tocar allí, pero nunca se subieron al escenario. Tenían vergüenza escénica".
Ese punto introduce un matiz respecto al recuerdo que años después dejó Antonio Escohotado en Diario de Ibiza, donde presentaba Amnesia como un "espacio concebido para escuchar música en directo y reunirse con amigos". Ambos relatos coinciden en la filosofía inicial del proyecto, pero Sandoval pone el foco en el funcionamiento diario del local y en el trabajo necesario para que aquella casa de campo pudiera abrir cada noche.
La Ibiza donde todo era diferente
Hablar de Amnesia, para Sandoval, es hablar también de una Ibiza que, según lamenta, ya no existe. "Era un sitio hippie y, para mí, esa Ibiza desapareció precisamente aquel verano", sostiene.
Su mirada dialoga con la de Antonio Escohotado, que años después describió aquellos años como una época en la que "éramos libres". Sandoval también evoca una isla muy distinta a la actual, aunque introduce algunos matices. "No había el nivel de drogadicción que hay ahora. Se fumaba marihuana, ya había éxtasis pero no existían el cristal ni las metanfetaminas. Era todo mucho más pequeño y mucho más tranquilo".
Esa tranquilidad, asegura, también se vivía dentro de Amnesia. Según cuenta, la Guardia Civil se acercó un par de veces al local para preguntarle si "ocurría algo extraño". "Me preguntaban si pasaban cosas raras, pero la verdad es que no pasaba nada. No había bandas traficando ni descontrol", confirma.
Para Sandoval, la mayor diferencia con la actualidad no está solo en las drogas o en el turismo, sino en una forma de vivir marcada por la espontaneidad. "Era un territorio libre dentro de España. Mientras en otras playas todavía perseguían a los nudistas, en Ibiza podías estar desnudo sin que pasara absolutamente nada", destaca.
También habla de una sociedad más ingenua y confiada. "Había fiestas donde encontrabas un Rolex encima de una mesa y a nadie se le ocurría llevárselo", pone como ejemplo. Medio siglo después, Sandoval mira aquellos meses como parte de una isla irrepetible, anterior a la industria que acabaría creciendo alrededor de la noche ibicenca.

El patio de Amnesia en el año 1988 / Ulises Braun
"Prefiero quedarme con aquella casa payesa donde todo empezó"
Con el paso de los años, Amnesia terminó convirtiéndose en uno de los clubes más reconocidos del mundo. Sin embargo, Sandoval prefiere quedarse con el recuerdo de aquellos primeros meses, cuando la música era un estilo "pop rock muy californiano", "la isla muy pequeña" y el ecosistema que había lo "defendía el propio local". "Yo lo pasaba bien, aunque trabajaba muchísimo. Dormía poco, iba al banco por la mañana, esperaba los camiones con las bebidas, solucionaba averías, pagaba a los empleados... muchas cosas", recuerda.

La entrada de la discoteca en los '00, en la fiesta 'La Troya' / Amnesia
En esa imagen cotidiana vuelve a encontrarse con el relato que Antonio Escohotado dejó en los reportajes en Diario de Ibiza. El filósofo evocaba Amnesia como un lugar de encuentro donde la música, las conversaciones y el espiritú libre estaban por encima de cualquier otra cosa, mucho antes de que la discoteca alcanzara fama internacional. Por otro lado, concluye: "He vuelto muchas veces a Ibiza, pero nunca entré [en Amnesia] otra vez. Prefiero quedarme con aquella casa payesa donde todo empezó".
La primera 'boutique' de amnesia y el 'balearic beat'
Unos años después, en 1984, cuando Amnesia ya había dejado de ser aquella casa rural de los inicios y funcionaba como discoteca, abrió la primera tienda dentro del local. El impulsor fue el argentino de origen suizo Ulises Braun, pionero en este ámbito y primer responsable de vender productos de merchandising vinculados al club.

Ulises Braun, promotor de Amnesia en ese momento, en Radio Diario, entonces propiedad de Diario de Ibiza en los años 80 / Ulises Braun
Braun recuerda que entonces se dio cuenta de que Amnesia no tenía "ni camisetas ni nada". Con permiso para utilizar el nombre de la discoteca, empezó a vender artículos con el logo: camisetas, ropa, abanicos, tazas, postales e incluso un reloj suizo de edición limitada. Según afirma, se hicieron solo "cien unidades" en todo el mundo. Para Braun, aquella boutique marcó el momento en que la discoteca empezó a ser también una imagen que el público quería llevarse consigo.
Por último, Braun recuerda que "a comienzos de los 80, en Amnesia convivían la música disco, el funk, el rock, la new wave y el new romantic" y que esta era una mezcla "ecléctica" que con el tiempo acabaría asociándose al balearic beat, símbolo de la multiculturalidad de Ibiza, como lo define la página oficial de la discoteca.

Ulises Braun, quien puso la primer boutique en Amnesia, junto a 'Jack', un personaje de Ibiza en aquel entonces, en una fiesta de la discoteca / Ulises Braun
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