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Construir en rústico

"Ya está bien de saturar la isla": Toni Torres, sobre el incremento de vehículos al construir VPL en rústico en Ibiza

Vecinos de Ibiza expresan su hartazgo ante la posibilidad de miles de coches más, señalando la falta de agua y recursos

Atasco en la ciudad de Ibiza.

Atasco en la ciudad de Ibiza. / Vicent Marí

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Marta Torres Molina

Marta Torres Molina

Ibiza

La pregunta era sencilla: ¿Puede la isla soportar los miles de coches más que permitirán los nuevos suelos urbanos? Diario de Ibiza lanzó la cuestión en Facebook después de publicar que las nuevas recalificaciones de suelo rústico para crear vivienda residencial pueden traducirse en un aumento notable del parque móvil, con unos 3.000 turismos más solo en Vila y hasta 5.544 si se suman los desarrollos ya previstos en el PGOU.

La respuesta de los lectores ha sido casi un claxon colectivo: no. No por falta de ganas de vivienda, sino porque muchos ven la isla ya al límite de coches, agua, aparcamientos, carreteras, recursos y paciencia. El informe publicado por este periódico calculaba, a partir de los datos del Ibestat y de las densidades permitidas por las leyes del Govern, que cada hectárea de suelo rústico recalificado podría suponer entre 110 y 138 vehículos más. En el caso de Vila, el Ayuntamiento ya ha delimitado 23,67 hectáreas para nuevos desarrollos, con capacidad para unos 5.300 nuevos habitantes.

El PP ibicenco defiende que no tiene por qué producirse necesariamente un aumento del número de coches, ya que los residentes que accedan a esas nuevas viviendas ya podrían vivir en la isla y tener vehículo propio. Ese argumento aparece también entre los comentarios. José Luis Rodríguez García lo resume así: “Si hay más oferta de viviendas y la gente que vive en habitaciones pueden vivir en un piso tendremos los mismos residentes sin necesidad de vivir hacinados y los coches serán los mismos”. Juan V Cardona plantea la contradicción de fondo: “¿Pero queréis vivienda o no? Si queréis vivienda hay que construir vivienda. Y si queréis pocos coches, no se puede construir vivienda. Grande gorda y que pese poco.. no se puede”.

Pero frente a esa idea, la mayoría de lectores responde con una mezcla de hartazgo, ironía y alarma. Rafael Rivas Siendones contesta: “Rotundamente noo”. Brigitte Ysaye es igual de clara: “Claro que no !!!!”. Lo mismo responden Isabel Montoya Andrés, Ángel Guasch, Ana Ramírez Sánchez y Pepita Bonet Costa. El hilo se llena de negativas en mayúsculas, como si la propia sección de comentarios se hubiera convertido en un atasco verbal.

Mercedes Álvarez Blánquez: "Ni Ibiza puede ni los residentes tampoco"

La sensación de saturación aparece una y otra vez. Noelia Hallett White lo expresa en catalán: “Ni hi ha lloc per els que ja están, ni per aparcar ni per circular”. Mercedes Álvarez Blánquez eleva la queja a la vida diaria: “Ni ibiza puede ni los residentes tampoco, hemos llegado al extremo de dejar nuestros coches en casa para que circulen los de fuera, es insoportable”.

Magda Thuriet describe una isla que ya funciona como una gran ciudad sin haberlo querido del todo: “Ya no soporta más coches, el tráfico es como una gran cuidad y los parkings un mar de coches, también más contaminación acústica, un horror...”. Eli Rally aporta una imagen de calle: “Vengo de la calle y en un tramo pequeño súper saturado y gente por todas partes, mal aparcados, un asco total sumado al calor odioso...”.

Atasco en una carretera de la isla

Atasco en una carretera de la isla / Vicent Marí

La ironía, como suele pasar en Ibiza cuando se habla de límites, entra rápido en escena. Christian Roig Löffler concede un sí, pero con condiciones imposibles: “Sí, siempre que los aparquemos en el mar, en vertical o unos encima de otros”. Andrés Recio se suma al sarcasmo: “Sí, la isla todavía puede soportar un millón de personas más y el doble de vehículos”. Antoine Solcal lo lleva al terreno físico: “Ibiza tiene el peligro de hundirse por el peso que tiene que soportar ”.

El coche, sin embargo, no es la única preocupación. El agua aparece como el gran fantasma paralelo. Ernest Prats García advierte: “Ni més cotxes, ni hi ha aigua per tants pisos nous”. Martí Torres lo reduce a una prioridad: “Nos preocupa más el agua”. José M. Prats Ferrer amplía el diagnóstico: “De cap manera, tampoc l’aigua necessària i tampoc hi ha prou depuradores, que sa nova ja quasi està sobre saturada”. Coco Roig lo resume en una frase que mezcla tráfico, recursos y límites: “No caben más coches. Y falta agua. Las desaladoras acabarán con nuestro mar. Y no cabe más gente”.

Carlos Mayans: "¿No veis que esto ha de tener un límite?"

También hay lectores que vinculan directamente los nuevos desarrollos con un modelo de isla que consideran agotado. Toni Torres Torres afirma: “Ya está bien de saturar la isla. Estamos ya sin recursos que se suponen mínimos”. Carlos Mayans añade: “Ni los coches ni los suelos urbanos. No veis que que esto ha de tener un límite”. Cristina Rodrigo enumera los costes del crecimiento: “Ni coches, ni cemento, ni el gasto de agua, ni la cantidad de desechos, ni basuras, ni el consumo energético, además de que provoca una subida de temperaturas y menos capacidad para absorber el agua de lluvia...”.

En varias respuestas aparece una alternativa: menos coche y más transporte público. Herminia Acosta apuesta por “más trasporte publico que llegue a todos los rincones de la isla” y considera que así el problema estaría solucionado. Valter Enrici pide “menos coches de alquiler...más bus y continuidad”.

Otros comentarios mezclan el debate de los coches con el de la vivienda. Margarita Escandell responde: “Ni coches, ni viviendas”. María Ángeles Gámez Bustos introduce otro matiz y pide que las viviendas “se destinen a los que estamos ya aquí y no tenemos manera de emanciparse por los precios”. Maria Catalina Roig Ribas condensa el hartazgo en una frase larga y emocional: “Sobra gente, no faltan viviendas y sobran coches. De todo hay demasiado, no se necesita ya nada más, solo paz”.

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