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Drogas

En el mercado del 'gas de la risa' de Sant Antoni: "Todo el mundo lo ve menos quien tiene que verlo"

Los comerciantes y vecinos se quejan de la "impunidad" que tienen los vendedores de óxido nitroso en el casco y el paseo marítimo de Sant Antoni

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Sant Antoni

"Los vendedores se sientan en bancos y hacen señas a los clientes. Se lo decimos a la policía y dicen que no puede hacer nada, o que ya hay otra gente a cargo, pero no sirve de nada. Se tiran la pelota unos a otros": es lo que dice Mía Scapolano, gerente del restaurante Palapa, en el paseo marítimo de Sant Antoni, sobre el gran problema al que se enfrentan en la zona con el óxido nitroso, conocido comúnmente como el 'gas de la risa'.

Se escuchan muchas quejas de los comerciantes y vecinos de Sant Antoni, "hartos" de ver cómo la sustancia se vende por la calle sin ninguna discreción. "Sobre todo a altas horas de la noche, es un desmadre", comentan dos dependientas de un establecimiento que prefieren no decir sus nombres: "Es cada año lo mismo. Le ofrecen a todo el mundo. Hay gente tirada por el suelo con las botellas al lado de familias con niños. El año pasado vino una mujer asustada porque le habían estado ofreciendo cada 5 ó 10 metros, dijo que algo así no le había pasado en la vida". Añaden que "todo el mundo lo ve menos quien tiene que verlo".

Tiendas cercanas al paseo de Sant Antoni

Tiendas cercanas al paseo de Sant Antoni / Marcelo Sastre

Es un sentimiento común: la gente de la zona no nota ninguna medida para evitar la presencia y venta del gas. "No creo que hagan nada", comenta Chen, del Bazar Estrella, tras soltar una carcajada. Alejandra Romero, encargada de Supermarket Xanadú, opina lo mismo: "No he visto que tomen medidas. La policía pasa, lo ve y no hace nada", argumento que Indira Ferrer, de la tienda Pachá, repite: "a veces lo ven y no hacen nada". Parece ser algo común: "El otro día salí de noche, y parecía un festival de globos. Llamé a la policía. La gente los vio venir y se escondió un poco. La policía pasó y ni se paró a ver", cuenta una mujer que trabaja en un puesto en el paseo. Tania Marí, encargada del Bay Bar, señala: "No toman ninguna medida. Dicen pero no hacen. Sigue toda la droga por la calle, algo no funciona".

Irina Ferrer, dependienta de Pachá

Irina Ferrer, dependienta de Pachá / Marcelo Sastre

Incluso cuando se toman medidas, son insuficientes, según el dependiente de un comercio que no quiere decir su nombre: "Ponen muchas cámaras, pero ninguna en los sitios donde todo el mundo sabe que se juntan a vender y consumir. Hay callejones llenos de botellas de gas y no se hace nada al respecto". En la Oficina de Policía Local, aunque dicen no poder revelar mucho, afirman que toman medidas de seguridad. "Si pillamos la compraventa, lo tomamos como delito contra la salud pública. Luego el juez decide qué hacer con ellos".

Problemática para familias y el medio ambiente

La presencia del gas, cuyo consumo deja gran cantidad de restos visibles, es muy preocupante para los vecinos por el efecto que pueda tener en sus hijos. "Tengo niños pequeños. Hasta octubre no piso el paseo con ellos porque no quiero que lo vean y hagan preguntas al respecto", cuenta Raquel, de Souvenirs Nebot. Coincide con ella una vecina que quiere mantenerse en el anonimato: "Estamos hartos. Aquí hay niños". "Un niño pequeño ve un globo y dice que también quiere uno", afirma Tania Marí, preocupada por que el método de consumo, de apariencia inofensiva, pueda atraer a menores.

Además, los restos del consumo son graves desde el punto de vista medioambiental, porque los contenedores son muy difíciles de reciclar, y los globos que se emplean para inhalar el gas acaban tirados por la calle o sobre la arena de la playa. "Hay globos por todas partes, muchas veces acaban en el mar. Es un asco. Estamos limpiando todo el rato", dice una vecina de la zona: "Los turistas tienen que respetar el lugar al que vienen". "No sé ni qué hacer con las botellas que dejan tiradas al lado de la tienda", comenta una dependienta que no quiere decir su nombre. "Tengo una papelera aquí detrás. Cada noche veo que tiran 15 ó 20 botellas ahí", cuenta Antonio Campillo, encargado de Supermarket Campano.

Un globo usado y tirado en medio de la playa

Un globo usado y tirado en la playa / Marcelo Sastre

"Cuando pasa la policía los vendedores esconden el material entre los arbustos y en sitios oscuros. Habría que poner más luz para que sea más fácil verlos desde la distancia", opina Miguel Ángel, dependiente de un puesto que ofrece paseos en barco. Tania Marí, por su parte, defiende que hay que poner policía fija en ciertos puntos, a ser posible vestidos de civil. Sin embargo, varios de los comerciantes son conscientes de que es algo "muy difícil de controlar". "Los vendedores están todos muy pendientes. En cuanto pasa la policía se esconden. Luego, cuando ya se va, vuelven a estar", afirma una dependienta que no quiere decir su nombre.

"Es gente muy vulnerable. No tienen recursos ni papeles para poder trabajar de algo normal, así que tienen que recurrir a esto para ganarse la vida", señala Mía Scapolano. "Hay gente muy poderosa que les trae aquí y les explota".

Mía Scapolano, gerente de Palapa

Mía Scapolano, gerente de Palapa / Marcelo Sastre

Avances para que se considere estupefaciente

En el barrio de s'Era d'en Manyà, los vecinos están "hartos" de esta sustancia. Por eso, Conchi Romero Álvarez, en colaboración con asociaciones de vecinos, la Federación Hotelera y la Federación de Padres y Madres, ha hecho una solicitud a la Delegación del Gobierno en Illes Balears con el objetivo de que el 'gas de la risa' pase a ser considerado estupefaciente, lo que abriría las puertas a más control y mayores sanciones por la compraventa.

"Es un tema que me preocupaba desde hace ya años. Estuve investigando y descubrí que en Inglaterra, Países Bajos y algunos estados de Estados Unidos ya se reconoce como estupefaciente por las graves consecuencias que puede tener para la salud cuando se usa recreativamente", explica Romero.

"Es un poco difícil de legislar porque lo usan los cocineros y los dentistas. Sin embargo, los dentistas están colegiados, y se sabe que hacen un uso responsable. Por otra parte, en muchas profesiones, como los instaladores de aire acondicionado o los que manejan las bombonas de butano, necesitan estar registrados y tener una documentación, así que se podría hacer algo parecido con los cocineros. No tiene sentido que cualquiera pueda comprar este gas por internet teniendo en cuenta lo dañino que es para la salud y lo contaminante que resulta su uso".

Ocho botes de gas de la risa en una palmera de la playa

Ocho botes de gas de la risa en una palmera de la playa / Daniel de Lama

Sigue con el tema de la contaminación: "Es terrible lo que cuesta reciclar estas bombonas. Genera problemas adicionales a los hoteles, que ya de por sí tienen que lidiar con el daño a la imagen pública por el gas, pero que además tienen que llevar los recipientes a Deixalles y pagar". "Es penoso lo que se ve en s'Arenal. Los vecinos estamos muy preocupados. Hay que cuidar y respetar la tierra"

Pero por encima de todo, Romero quiere celebrar los avances conseguidos: "Tenemos ya dos proposiciones no de ley (PNL) aprobadas, una de salud pública y otra de medioambiente. Parece que el Govern está interesado en hacer algo al respecto. Estamos esperando una cita con la Delegación del Gobierno para que inste al Gobierno Central".

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