Terremoto en Venezuela
“Perdí a mis dos hermanitos”: el dolor de Yenimar Verlezza, que vive en Ibiza, tras el terremoto en Venezuela
Josué y Gianfranco, de 11 y 8 años, habían vivido en la isla hace dos años, pero la dificultad para encontrar vivienda obligó a la familia a regresar a Venezuela

Yenimar Verlezza muestra la foto de sus hermanitos cuando vivían en Ibiza. / J.A. Riera

En el quinto día después del terremoto, los relatos de cada familia siguen golpeando como una réplica. Hay historias que llegan desde lejos, pero que se sienten cerca porque tienen rostro, nombre y una voz quebrada. Esta es la historia de Yenimar Verlezza, una venezolana que vive en Ibiza desde hace siete años y que desde la isla intenta entender una tragedia que todavía no cabe en palabras: la muerte de sus dos hermanitos, Josué y Gianfranco, de 11 y 8 años, atrapados entre los escombros de un edificio en Catia La Mar, en La Guaira, la ciudad que ya no existe.
“Uno nunca se imagina la magnitud de algo así hasta que lo vive tan de cerca”, dice Yenimar. Desde Ibiza, la noticia le llegó de madrugada. Primero fue una llamada, luego mensajes sin respuesta, después los estados de WhatsApp de conocidos que escribían “estoy bien”. Ella buscó a su padre. Le escribió. Esperó. Pensó que quizá no había señal. Quiso creer que todo estaba bien.

Yenimar y su familia en Ibiza. / Yenimar Varlezza
Pero la pesadilla apenas empezaba
Su familia vivía en una de las zonas más afectadas. El edificio donde estaban su padre y sus dos hermanos pequeños se desplomó. La planta baja, donde se encontraba el apartamento familiar, quedó sepultada bajo los pisos superiores. La esposa de su padre había salido a comprar en el momento del terremoto y se salvó. Dentro quedaron él y los niños.
A Yenimar todavía le cuesta ordenar los recuerdos de esas horas. Audios que llegaban al grupo familiar, primos intentando acercarse al lugar, la falta de señal, la angustia de no saber. Primero le dijeron que Gianfranco, el más pequeño, había muerto. Ella no podía creerlo. “Escuchaba el audio y no me entraba la información”, recuerda. Más tarde supo que a Josué le habían trasladado con vida al hospital. En medio del horror, esa noticia fue una mínima esperanza. Pensó que, aunque el dolor por el pequeño era inmenso, al menos quedaba el mayor. Que por él habría que sacar fuerzas. Pero finalmente Josué tampoco sobrevivió.

Edificio donde vivía la familia de Yenimar bajo los escombros. / Yenimar Varlezza
El niño, cuenta Yenimar a través de lo que la familia le ha podido relatar, había quedado gravemente herido. Sus piernas estaban destrozadas. Estaba consciente. Hablaba con su padre. Le decía que no quería seguir viviendo sin su hermanito, que no podía soportar el dolor ni la ausencia de Gianfranco. Eran inseparables. “No peleaban nunca. Tenían una hermandad muy bonita”, dice ella. Horas después, Josué murió en el hospital.
20 horas escuchando el llanto de sus hijos
El padre de Yenimar pasó unas 20 horas atrapado entre los escombros. Lo rescataron con una viga sobre un brazo y heridas graves. Le han operado varias veces y la familia espera que no pierda la mano. Pero las lesiones físicas son solo una parte de lo ocurrido. “Mi papá dice que no quiere vivir, que por qué Dios lo dejó vivo”, cuenta. Lo que más le duele, repite, es imaginarlo allí abajo, escuchando a sus hijos pedir ayuda, sin poder salvarlos.
Josué y Gianfranco conocían Ibiza. Hace dos años estuvieron viviendo en la isla. Yenimar había traído primero a su padre y luego él pudo traer a los niños y a su esposa desde Venezuela. Pero la dificultad para encontrar vivienda, los alquileres imposibles y la adaptación hicieron que la familia decidiera regresar a Venezuela un año después. “Yo les decía que no se fueran, que nos acomodábamos todos en un solo piso”, recuerda. Sabe que no es culpa de nadie. Sabe que nadie podía imaginar lo que vendría. Pero la pregunta vuelve una y otra vez: si se hubieran quedado aquí, quizá hoy estarían vivos. Esa idea subyace en ella.
La última imagen feliz que conserva es la de sus hermanos en Ibiza, en una despedida que entonces parecía una más. Nadie podía saber que sería la última. Josué, especialmente, estaba muy unido a ella. Yenimar vivió parte del embarazo de su madrastra y el nacimiento del niño como si fuera casi una segunda madre. Lo cuidó, lo mimó, lo vio crecer. “Estaba súper apegado a mí”, recuerda. Gianfranco acababa de cumplir ocho años. Ella pensaba enviar dinero para comprarle un regalo.

Yenimar muestra las heridas de su padre a través de su teléfono. / J.A. Riera
Desde Ibiza, Yenimar intenta ayudar como puede. No puede viajar. Tiene un hijo pequeño de dos años y medio que también la necesita. Por eso ha comenzado a recoger donaciones económicas entre amigos y conocidos. Su objetivo inmediato es ayudar a su padre y a su madrastra a encontrar un lugar donde vivir cuando él salga del hospital. Lo perdieron todo. "No quieren pisar el lugar donde quedaron enterrados sus hijos" añade. “Necesitan de todo”. Medicinas, cuidados, un techo, ayuda psicológica...
En medio del dolor, esta joven madre agradece la solidaridad que ha recibido en Ibiza. Sus compañeros de trabajo, en Texhotel, una empresa de uniformes en la que trabaja en el área administrativa, han hecho recolectas y la han acompañado. También amigos y desconocidos han aportado lo que han podido. “Hay gente de aquí que ni siquiera me conoce y se ha portado tan bien... Han tenido un corazón hermoso”, dice.
Aun así, le cuesta sostenerse. Hay días en los que no quiere salir de casa, en los que no puede mirar las noticias, o salir de paseo con su hijo. Solo quisiera estar allí para ayudar a sacar gente, abrazar a su padre, acompañar a su familia. Pero está aquí, en Ibiza, con el corazón roto.
"El unico recurso que tenemos es envíar dinero"
“Nos toca sacar fuerzas de donde no las tenemos”, dice. “Por nuestra familia, por ayudarles, porque es difícil no poder estar allá. El único recurso que tenemos desde aquí es reunir dinero, recolectar ayuda, compartir. Todo suma. Aunque sea poquito, todo cuenta”.
Yenimar no busca protagonismo. Hablar le duele. Pero entiende que contar su historia puede ayudar a su familia. Josué y Gianfranco estuvieron en Ibiza. Jugaron y estudiaron aquí. Y ahora, desde esta isla, su hermana los nombra para que no sean solo dos víctimas más de una tragedia inmensa. En medio de ese dolor que parece no tener medida, resuenan unos versos de Fernando Pessoa: “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”. Como si esos versos resumieran el dolor de Yenimar: rota por la pérdida, pero aún aferrada a ayudar y a mantener vivos los nombres de sus hermanos.
Yenimar ha iniciado una recolecta para poder enviar ayuda inmediata a su familia, que tras el terremoto “lo han perdido absolutamente todo”. Necesitan fondos para cubrir ropa, realojamiento, medicinas y cualquier gasto urgente que pueda surgir durante la recuperación. “Nunca pensé verme en una situación así. Cualquier ayuda marcará una gran diferencia”, explica la joven, que pide a quien la quiera ayudar que contacte con ella a través de su perfil de instagram (@yenimar_v).
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