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Salud

Le arrancaron cuatro dientes en una operación de hombro en Ibiza y lleva más de un año esperando una solución: "Me da vergüenza hablar y reír"

La víctima, que además trabaja en el Hospital Can Misses, reclama unos 8.000 euros para reparar los daños dentales sufridos por la intubación anestésica durante su intervención

Radiografía bucal de Pablo.

Radiografía bucal de Pablo. / D.I.

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Guillermo Sáez

Guillermo Sáez

Ibiza

Pablo trabaja como limpiador en el Hospital Can Misses de Ibiza desde hace ocho años. Un día tuvo que cambiar su uniforme por la bata de paciente para someterse a una operación de hombro. Salió del quirófano con cuatro dientes destrozados y la promesa de que pronto sería resarcido. Ya han pasado 15 meses de la intervención quirúrgica y sigue desempeñando su trabajo en el centro médico, pero no le han solucionado el problema bucal, que le está pasando una factura muy elevada.

"Me siento mal por el hecho mismo de no poder hablar bien y hasta tengo vergüenza de hablar delante de mis amigos, incluso de reírme. Hablo y a veces no se me entiende, así que prefiero callarme. También me fastidia bastante comer. Afecta incluso a mi relación de pareja", explica Pablo a Diario de Ibiza. A su lado, asiente su mujer, Fernanda, que también se gana la vida limpiando en el hospital.

El pasado lunes, acudieron juntos para presentar una denuncia en el juzgado de guardia del Tribunal de Instancia de Ibiza. Se habían hartado de esperar la respuesta del hospital, que llevan aguardando desde el 20 de marzo de 2025, día de la operación: "Cuando me desperté, el médico que me operó me dijo: ‘Pablo, hay una incidencia. Son tus dientes’. Ahí ya me dijo que el hospital iba a hacerse cargo, que no me preocupara".

Aquel día, este hombre de 60 años, los últimos 25 residiendo en Ibiza, se iba a someter a una operación programada para solucionar una lesión de hombro que le había impedido trabajar durante meses. En el exterior de la sala de operaciones esperaba Fernanda, que se alarmó al ver que las horas pasaban y nadie le daba noticias sobre su pareja: "Nadie salió a decirme nadie, si Pablo estaba bien, si había pasado algo. Ni él ni las enfermeras, nadie. Me asusté".

"Sin dientes, pero está vivo"

Algo ocurrió sobre aquella camilla. Algo que desde el Área de Salud de Ibiza y Formentera evitan analizar, igual que cualquier otro aspecto de este caso: "Nada que comentar". El informe redactado tampoco aclara todos los detalles de esos segundos cruciales en los que Pablo y Fernanda intuyen que la vida del primero corrió peligro. "He preguntado a doctores de Urgencias y me dijeron: 'Mejor da las gracias de que está vivo. Sin dientes, pero está vivo".

Entre las certezas que arroja el informe figura que el anestesista intubó a Pablo y topó con una vía aérea de extrema dificultad, catalogada como 'Cormack Grado III'. Ante esta situación, se vio obligado a realizar "maniobras enérgicas de rescate" para introducir el tubo de respiración asistida y asegurar el suministro de oxígeno. Para abrir paso hacia los pulmones, el especialista tuvo que ejercer una gran fuerza de palanca con el laringoscopio, lo que provocó un fuerte impacto en la boca del paciente y la rotura de varios dientes en el arco maxilar superior.

El informe lo describe de una manera un tanto eufemística: "Ocurre una incidencia que compromete el implante dentario del paciente". El texto también recoge que "se habla con el paciente, se explica lo sucedido, quien entiende la incidencia" (sic). Más de un año después de los hechos, Pablo aclara que él no recuerda nada de esa conversación, que ni siquiera sabe quién era el anestesista, más allá del nombre que aparece como firmante del informe.

Fachada principal del Hospital Can Misses.

Fachada principal del Hospital Can Misses. / VICENT MARÍ

Esperando la llamada del hospital

En otro informe, el de alta médica, redactado por el cirujano al día siguiente de la intervención, queda plasmado que la operación había ido bien, al menos en cuanto al hombro se refería , y añadía una anotación final: "El paciente será contactado por el hospital para cobertura de arreglo dental, secundario a incidencia al momento de la anestesia (anotada en la historia clínica)". En su posterior reclamación, Pablo expresó lo siguiente: "El doctor me trae el informe médico a las 17 horas y me manifiesta que no ha podido venir antes debido a que quería reunir todos los informes e informar a dirección". "Dijeron que nos llamarían. Hasta el día de hoy", lamenta Fernanda.

Mientras se recuperaba de la operación y se acostumbraba a su nuevo problema bucal, que además de dificultarle la comunicación le obliga a ingerir alimentos blandos, Pablo iba esperando a que el hospital se pusiera en contacto con él, pero ese momento nunca llegaba. En mayo de 2025 acudió por primera vez al Servicio de Atención al Usuario del Área de Salud. Pasó el tiempo. Sin noticias. El pasado mes de febrero pusieron una segunda reclamación porque en el hospital no tenían constancia de la primera, según aseguran. Agua otra vez. Finalmente, han acudido a la justicia ordinaria en busca de reparación.

"Mi marido no puede comer bien, no puede ni hablar. Psicológicamente también está mal", denuncia Fernanda, que cifra en 8.000 euros el presupuesto que les ha elaborado una clínica dental para solucionar el problema de Pablo. Aunque vaya a llegar tarde, es todo lo que quieren, ese dinero para que él recupere su antigua vida, la normalidad en el habla y en la alimentación. Y que acabe esta pesadilla que barruntó desde el momento que se puso la bata de paciente.

"Como trabajamos en el hospital, ya sabemos que hay tener un poquito más de cuidado. Cuando ingresé, me pusieron la pulsera identificativa de otra persona. Cuando una cosa empieza mal, ya se siente mal", resume Pablo con un hilo de voz.

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