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Terremoto en Venezuela

Valentina Barroso, fotógrafa de Venezuela en Ibiza: “Me compadezco del dolor de cada madre venezolana”

Residente en la isla desde hace un año, relata la angustia de seguir desde España el seísmo que sacudió Venezuela

Pide unidad para ayudar a los afectados

Valentina Barroso, venezonala en Ibiza.

Valentina Barroso, venezonala en Ibiza. / Valentina Barroso

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Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

Valentina Barroso, fotográfa venezolana, lleva nueve años en España y desde marzo del año pasado vive de forma fija en Ibiza, aunque estos días se encontraba en Madrid por gestiones relacionadas con su hijo de dos años. Desde la distancia, como tantos venezolanos residentes en la isla, ha seguido con angustia las noticias del terremoto que sacudió Venezuela y que también sintió su familia en Maracay.

Su familia está a salvo. “Gracias a Dios, están perfectamente bien”, explica. Pero el susto, dice, queda marcado. “Se vive, aunque las paredes no se fracturen y aunque no haya ningún fallecido en el entorno familiar. Es una cicatriz que queda para toda la vida”, relata.

Aruba, también lo sintió

Valentina se enteró de lo ocurrido mientras hablaba por videollamada con su hermana, que vive en Aruba. En ese momento, su sobrina entró en la habitación, alarmada. “Le dijo: ‘Mamá, creo que me están asustando’”, recuerda. Poco después, ambas empezaron a gritar que estaba temblando. El seísmo también se llegó a sentir en Aruba, aunque con menor intensidad. A partir de ahí, Valentina contactó con su padre y su tío, que viven en Maracay, la única familia que le queda en Venezuela.

Su padre estaba saliendo de la ducha cuando empezó el temblor. “Como pudo se agarró de las paredes porque sentía que perdía el equilibrio”, cuenta. Fueron, según le relataron, unos 45 segundos, pero para ellos “se sintieron eternos”.

La vivienda familiar no sufrió daños importantes. Viven en una casa de campo en Maracay, lo que, según Valentina, les ayudó a no verse tan afectados como otras personas que residen en edificios. “Gracias a Dios no hubo fractura de nada”, señala. Aun así, el impacto emocional fue fuerte. Tras el seísmo, la luz se fue por momentos y la comunicación se volvió más difícil, aunque pudieron confirmar pronto que todos estaban bien.

Desde Ibiza, Valentina ha sentido también la impotencia de no estar en su país para ayudar. Por eso decidió tomar la iniciativa y promover una recogida de suministros entre venezolanos y madres latinas residentes en la isla. “Sé que hay venezolanos en Ibiza. Quizás no compartimos mucho porque aquí todo el mundo tiene que trabajar y trabajar, pero a lo mejor dando yo el primer paso se puede lograr algo”, explica.

Se necesita material y suministros "no dinero"

Su propuesta es reunir ayuda material, no dinero. Insiste en que lo más necesario son suministros de primeros auxilios, alimentos no perecederos, ropa para bebés y pañales, especialmente para los niños rescatados y las familias que se han quedado sin hogar. “No quiero recopilar dinero”, aclara: “Quiero que sean insumos y que vayamos todos los que queramos ir juntos”.

Valentina también busca apoyo para localizar alguna empresa logística que permita organizar un primer envío desde Ibiza hacia Venezuela, con facturas y reportes claros. “Que esté todo justificado, haciendo reporte de todo correctamente, como debe ser”, señala, consciente de la desconfianza que muchas veces generan las campañas de ayuda en situaciones de emergencia.

En las redes ya ha recibido algunas respuestas de personas dispuestas a colaborar. Algunas madres le han escrito para preguntar cómo acercarse o dónde donar. Ella espera regresar a Ibiza y empezar a moverse para coordinar la recogida.

Su mensaje final es para los venezolanos y para las familias afectadas por el terremoto. “Muchas fortalezas, que somos venezolanos, que juntos podemos, que dios existe”, dice. Pero su voz se quiebra especialmente al hablar de las madres. “Me compadezco del dolor de cada madre venezolana en este momento porque sé lo que es el dolor de una madre. Desde que lo soy, todos los niños me duelen como me duele el mío”.

Valentina acompaña en sentimiento “a cada madre, a cada papá que no encuentra a su niño, a cada niño que no encuentra a su papá”. Desde Ibiza, su forma de estar cerca es intentar organizar ayuda y recordar que, incluso lejos de Venezuela, el dolor también se vive en primera persona.

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