Terremoto en Venezuela
Alejandro Fernández, venezolano en Ibiza sobre el terremoto: "No va a ser fácil recuperarse”
Alejandro Fernández, marido de Francisco Torres, concejal de Fiestas y Participación Ciudadana de Vila, relata la angustia de seguir desde la isla las noticias del terremoto que golpeó Venezuela

Alejandro Fernádez y Francisco Torres junto su familia en Venezuela. / Alejandro Fernández

Segundo día después del terremoto y el dolor sigue marcando la vida de miles de venezolanos dentro y fuera del país. En cada rincón del planeta donde hay un venezolano, también hay una familia pendiente de una llamada, de una señal de vida. Sigue el luto, siguen las búsquedas. Desde Ibiza, algunas historias han comenzado a golpear con fuerza a la comunidad venezolana: una persona que ha perdido a toda su familia y su casa, otra que desde Madrid aún no sabe nada de sus abuelos y muchos más relatos vistos por vídeos en directo, noches sin dormir, llamadas sin contestar y comunicaciones que se cortan antes de traer una respuesta.
Alejandro Fernández, venezolano residente en Ibiza desde hace siete años, natural de Maracaibo y marido de Francisco Torres, concejal de Fiestas y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Ibiza, se despertó el jueves con esa misma incertidumbre. Antes incluso de empezar su jornada laboral, lo primero que hizo fue revisar el móvil para intentar entender qué había ocurrido en Venezuela.
“La verdad es que me enteré esa mañana nada más despertar, a las ocho. Perdí mi media hora de desayuno antes de irme a trabajar por estar intentando enterarme de todo lo que había pasado”, relata.
Desde Maracaibo
Su familia directa está en Maracaibo, una zona que, según explica, no fue de las más afectadas por el seísmo. Aun así, el temblor llegó a sentirse de forma leve. “Mi familia está bien. Sí es cierto que sintieron un pequeño temblor, aunque mi madre particularmente no lo sintió”, cuenta.
Su hermana estaba de compras cuando algunas personas comenzaron a advertir que la tierra estaba temblando. “Ella veía que la gente decía 'está temblando', pero ni siquiera sentía nada”, recuerda. Esa primera confirmación de que los suyos estaban bien le dio algo de calma, aunque la tranquilidad duró poco. Como a tantos venezolanos en el exterior, el alivio por la familia propia empezó a mezclarse con la preocupación por amigos, conocidos y allegados.
Con el paso de las horas, Alejandro empezó a recordar a personas cercanas que tienen familia en las zonas más afectadas, especialmente en La Guaira. Fue entonces cuando comenzaron los mensajes, las preguntas y la espera. “Empecé a escribirles. El marido de mi primo tiene familia en La Guaira y me dijo que estuvo toda la noche sin dormir porque no sabía nada de su padre”, explica.
Durante horas, nadie tenía noticias. La falta de comunicación, los cortes y la imposibilidad de localizar a familiares añadieron más desasosiego a la emergencia. Finalmente, esa familia logró saber algo de él. “Se había quedado incomunicado y no tenía cómo llegar a casa, pero al final pudo llegar y se quedaron un poco más tranquilos”, señala.

Imágenes aéreas de La Guaira, la zona más devastada por los terremotos en Venezuela / DI
No todos los relatos, sin embargo, han terminado con una respuesta tranquilizadora. Alejandro cuenta que una compañera de su entorno, residente en Canarias y con familia también en La Guaira, seguía sin poder contactar con sus abuelos. “Dice que no ha podido dormir nada y que no sabe nada de ellos. Es lo único que me tiene un poco preocupado, es la única mala noticia como tal de la que no he tenido una respuesta concreta”, afirma.
Frustración de ver a Venezuela golpeada una vez más
“Nada más entrar en redes sociales era lo primero que me salía: vídeos de edificios destrozados. Es muy impactante. Se me eriza la piel, me da mucha pena y mucha lástima”, dice Alejandro.
El joven venezolano habla también de una sensación compartida por muchos de sus compatriotas: la frustración de ver a Venezuela golpeada una vez más. “Es una detrás de otra. Si no es una cosa, es otra. Y lo que más rabia me da es que no va a ser fácil recuperarse”, lamenta.
Para quienes viven lejos, la tragedia no solo se mide en daños materiales. También se mide en la imposibilidad de estar, de ayudar, de tomar un avión y llegar en pocas horas. “No es fácil tener absolutamente nada a tanta distancia”, resume Alejandro.
Aunque su familia directa está bien, la preocupación por otros venezolanos continúa. “Estoy tranquilo de que mi familia esté bastante bien, pero preocupado por los pocos allegados a los que sí les ha tocado pasarla un poco chungo”, concluye. En Ibiza, como en tantos otros lugares lejos de Venezuela, el segundo día después del terremoto sigue marcado por el dolor, la incertidumbre y la espera.
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