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Terremoto en Venezuela

Blas Díaz y Daniel Granados, relatos de venezolanos entre Ibiza y Caracas tras el terremoto: “Fue horrible, en shock”

Las redes sociales y los grupos de WhatsApp se convierten en el principal refugio informativo para quienes intentaban localizar a sus familiares desde España

El terremoto en Venezuela, en imágenes.

El terremoto en Venezuela, en imágenes. / Ronald Pena R. / EFE

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Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

Para muchos venezolanos en Ibiza, el terremoto en Venezuela no se sintió bajo los pies, sino en la pantalla del móvil. La mañana comenzó con noticias, mensajes y llamadas urgentes. Algunos pudieron confirmar pronto que sus familiares estaban bien. Otros siguieron durante horas pendientes de una respuesta.

La distancia convirtió la espera en una forma de angustia. Entre Ibiza, Madrid, Caracas y La Guaira, los relatos se repiten: grupos familiares activos desde primera hora, líneas que fallan, vídeos de edificios desalojados y carteles de personas desaparecidas compartidos sin descanso en redes sociales.

“Me desperté y empecé a ver todas las noticias”

Blas Díaz, venezolano residente en Ibiza, se enteró del terremoto al despertarse, entre las siete y las ocho de la mañana. “Empecé a ver todas las noticias”, cuenta. Su primera reacción fue escribir a su familia para saber si estaban bien.

En su caso, la respuesta llegó pronto. Su familia le dijo que no habían sentido nada y, por el grupo de WhatsApp familiar, sus allegados pudieron ir confirmando que estaban a salvo. “Gracias a Dios, no tengo familiares afectados directamente”, explica. Aun así, reconoce que la noticia le impactó.

“Fue horrible, en shock”, resume. “Da tristeza ver que pasan todas estas tragedias, como que no salimos de una”. Aunque su familia no se encontraba en las zonas más afectadas, Blas siguió durante la mañana las publicaciones de amigos y conocidos. En redes sociales, dice, empezó a ver carteles de personas desaparecidas y mensajes de búsqueda. “Es incontable, ni siquiera se sabe cuánta gente puede estar desaparecida”, afirma, todavía con cautela ante informaciones que continúan en desarrollo.

Otros vivieron la angustia desde la incomunicación. Una venezolana residente fuera del país explicaba que ni ella ni sus hermanos habían podido contactar con su madre y su hermana, Marianela y Sara, que viven en La Guaira. “Hay problemas para comunicarse”, relataba. Según los testimonios compartidos por familiares, en algunas zonas se quedaron sin electricidad ni señal, hubo fallos en Cantv y la conexión móvil era muy limitada. “Afuera no hay señal. La Guaira no tiene nada de conectividad”, repetían los mensajes que circulaban en chats y transmisiones en vivo.

“Pensé que las torres se iban a caer”

Daniel Granados, cuya hija vive en Ibiza, vivió el terremoto en Caracas. Estaba entrenando zancos en el Parque Central junto a su primo Moisés cuando comenzó el movimiento. “Yo casi no la cuento. Gracias a Dios estoy bien”, relató.

El susto fue enorme. “Los edificios casi se desploman. Pensé que las torres de Parque Central se iban a caer”. La plaza donde se encontraba tiene un sótano debajo, y esa sensación hizo que el miedo fuera todavía mayor. “Se sentía como si el piso se fuera a romper”, explicó.

En ese momento, Daniel seguía subido a los zancos. “No tardé en quitármelos. Fue horrible”, contó. Cuando el temblor se calmó, pudo bajarse y ponerse a salvo.

A su alrededor, la ciudad se volvió caótica. Según su testimonio, los edificios fueron desalojados y muchas personas bajaron a la plaza como pudieron. “La gente lloraba, impactada, en paños menores, de todo. Gente en shock”, describió.

En medio de la emergencia, los venezolanos comenzaron también a compartir listas de ayuda para los afectados. Entre los productos más solicitados figuran agua potable, insumos médicos, productos de higiene personal, cobijas y sábanas. Desde la distancia, muchos intentan colaborar difundiendo información, localizando familiares o moviendo redes de apoyo.

Las recomendaciones también se repiten en los grupos: no hacer llamadas largas, enviar mensajes de texto, reportar a los familiares que se está con vida, preparar un plan de salida y revisar las rutas de escape ante cualquier réplica.

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