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Bienestar Social

Susana Ribas, de Ibiza IN: "Se han dado pequeños pasos para los niños con discapacidad en las escuelas de verano de Ibiza, pero queda mucho camino"

Distintas asociaciones reconocen avances en la inclusión durante los últimos años

Advierten de que la falta de plazas para mayores de 12 y 16 años, la escasez de monitores formados y las condiciones de algunos centros siguen dificultando la conciliación

Talleres artísticos para niños con discapacidad en Apneef.

Talleres artísticos para niños con discapacidad en Apneef. / D.I

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Alejandra Larrazábal

Alejandra Larrazábal

Ibiza

La llegada del verano vuelve a evidenciar una preocupación recurrente para muchas familias de niños y jóvenes con discapacidad de Ibiza: cómo conciliar el trabajo con el cuidado de los menores cuando termina el curso escolar. Las escuelas de verano se han convertido en un recurso imprescindible en una isla marcada por la estacionalidad laboral, pero las asociaciones que acompañan a estas familias advierten de que el apoyo actual, aunque ha mejorado de forma notable en los últimos años, todavía no es suficiente para cubrir todas las necesidades.

Susana Ribas, secretaria de la Asociación Ibiza IN reconoce que se han dado “pequeños pasos” muy importantes hacia una inclusión real. Según explica, hace apenas unos años apuntar a un niño con diversidad funcional a una escuela de verano, incluso pública, podía convertirse en una tarea “casi imposible”. Ahora, asegura, la situación ha cambiado.

Formación de monitores

“De no tener oferta, de que te mirasen raro, a poder ir prácticamente a cualquier escuela de verano municipal, hay mucha diferencia”, señala. Aun así, la entidad insiste en que todavía queda camino por recorrer, especialmente en la formación de los monitores y en la atención a determinados tramos de edad.

Jornada inclusiva para alumnos de Apneef en el Club Nàutic Sant Antoni

Jornada inclusiva para alumnos de Apneef en el Club Nàutic Sant Antoni / Club Nàutic Sant Antoni

En este punto, Ribas quiso matizar que la juventud de muchos monitores no es necesariamente un problema. Al contrario, destacó que son precisamente los monitores jóvenes quienes muestran más iniciativa, empatía y capacidad para adaptarse a las necesidades de los niños con diversidad funcional. Según explicó, suelen aportar “más ideas”, y muchas veces encuentran soluciones que otros perfiles quizá no verían con tanta rapidez.

El problema de cumplir 13 años

Uno de los principales problemas aparece cuando los menores cumplen 13 años. La oferta se reduce a partir de esa edad y, aunque existen casos en los que se cubre la franja de 12 a 16 años, no siempre ocurre. La situación se agrava todavía más a partir de los 16, cuando desaparecen todas las opciones.

Ribas recuerda el caso de un menor que este verano se ha quedado sin la escuela de verano a la que había asistido otros años porque acababa de cumplir 13 años. “Sus compañeros sí podían ir, pero él ya no, solo por haber cumplido la edad límite”, explica. La alternativa que se le ofrecía a la familia implicaba desplazarse a otro punto del municipio, una opción inviable por horarios y distancia. De San José a Salinas, por eso, se pide a las administraciones más flexibilidad.

A estas dificultades se suma el transporte, un recurso que, según Ribas, ni siquiera parece estar contemplado de forma general para las escuelas de verano. La secretaria explicó que no tiene constancia de que exista un servicio específico para estos casos y señaló que, si ya durante el curso escolar hay problemas con el transporte adaptado, en verano la situación es todavía más incierta.

Las familias no pueden dejar solos en casa a estos menores, incluso cuando ya han superado la edad habitual. Son las madres quienes acaban reduciendo su jornada o reorganizando su vida laboral para asumir los cuidados.

Carmen Boned, gerente de la entidad ComTu Apneef, coincide en que las necesidades no están del todo cubiertas. “Las plazas son las que hay y a veces hay más necesidades de las que se pueden cubrir”, señala. Aun así, destaca el esfuerzo que se realiza desde hace años junto a los ayuntamientos para favorecer la inclusión. Este verano, por ejemplo, ComTu Apneef volverá a estar presente con un equipo de profesionales en Can Coix, mientras que otras entidades colaboran en otros municipios.

Sin embargo, Boned advierte de que el peso de la atención recae en las escuelas públicas. A su juicio, también sería necesario que los centros privados cuenten con ayudas económicas para contratar monitores de apoyo. En este sentido, las asociaciones tanto Ibiza IN y ComTu coinciden en que la administración podría facilitar más recursos para que la inclusión no dependa solo de la oferta municipal.

Otro de los retos es la contratación de personal. Boned explica que el problema no siempre es la falta de presupuesto para pagar monitores, sino la dificultad para encontrarlos. La situación habitacional de Ibiza y la falta de profesionales disponibles también afectan a las escuelas de verano.

"Tienen calor, algunos niños sufren y no saben cómo expresarlo"

Además de los apoyos humanos, las entidades reclaman mejores condiciones en los espacios donde se desarrollan las actividades. La gerente Boned llama la atención sobre el calor en los colegios utilizados como escuelas de verano. Muchos centros no cuentan con aire acondicionado suficiente, zonas de sombra adecuadas o instalaciones preparadas para soportar las temperaturas cada vez más altas.

De izquierda a derecha, Carmen Roig, Susana Ribas e Irene Moreno de Ibiza IN.

De izquierda a derecha, Carmen Roig, Susana Ribas e Irene Moreno de Ibiza IN. / Vicent Marí

“Hay que preparar los espacios para el verano”, defiende. Según explica, el calor afecta a todos los niños, pero especialmente a aquellos que no siempre pueden expresar que están incómodos, que necesitan sombra o que no pueden más. En algunos casos, esa situación puede derivar en crisis, malestar o problemas de conducta porque los menores no saben comunicar lo que les ocurre.

La importancia de las rutinas

Las asociaciones también afirman que las rutinas son fundamentales para muchos niños y jóvenes con discapacidad. Cuando se quedan sin plaza o sin actividad adaptada, no solo se complica la conciliación familiar, sino que también se rompe una estructura diaria que les beneficia. Boned advierte de que pasar el verano en casa, frente a la televisión o el móvil, sin actividades y sin contacto con otros niños, no es bueno para su salud física ni mental.

Pese a todas estas dificultades, las entidades consultadas reconocen que la situación ha mejorado. Ribas pone como ejemplo el convenio que Ibiza IN mantiene con el Club Náutico de Sant Antoni, que permite que niños con diversidad funcional participen en actividades de vela, kayak o windsurf junto al resto. Para ella, este tipo de experiencias demuestran que la inclusión es posible cuando existe voluntad y se pierden los miedos iniciales. “No es un favor que se les hace a nadie, es un derecho que tienen igual que todos los demás”, resume Susana.

El mensaje de las entidades es claro: Ibiza ha avanzado, pero no puede conformarse. Las familias necesitan más plazas, más flexibilidad en los límites de edad, más formación para monitores, ayudas para que los centros privados también puedan incluir a menores con discapacidad y espacios mejor preparados para el verano. Porque para muchas familias, la escuela de verano no es solo una actividad de ocio: es una herramienta básica para poder trabajar, conciliar y garantizar que sus hijos tengan un verano seguro, activo e inclusivo.

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